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Dispositivos mediáticos: los casos de las tapas de revistas en papel y en soporte digital n° 9
dic.2011
semestral
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Comentarios acerca de la aparición de "La Presse"




Oscar Traversa
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Abstract

Exordio

Comentaremos en estas páginas episodios y circunstancias del surgimiento de un diario de gran relevancia del siglo XIX, lo haremos orientados por nociones desde las que, desde más de cien años después hasta nuestros días, se ha procurado desentrañar los orígenes y consecuencias de estos fenómenos. Emprendemos el trabajo pensando en la lectura de estudiantes o en quienes, por curiosidad o por exigencias de sus tareas, se ven enfrentados a los interrogantes que presenta la comunicación contemporánea. Partimos del supuesto de que este recorrido puede ayudar en algo a aclararlos.

Palabras clavetop

historia de los diarios, mediatización, narrativa de prensa

Abstract en ingléstop

Exordius

We will comment on these pages episodes and circumstances about the emergence of a great importance in the 19th century newspaper. Targeted by notions that more than one hundred years later to the present day we have sought to unravel the origins and consequences of these phenomena. We undertake the job for the reading of the students or of those who, out of curiosity or requirements of their duties, are confronted with the questions posed by contemporary communication. We assume that this journey can help in something to clarify them.

Palabras clavetop

press history, mediatisation

Texto integraltop

Comentarios acerca de la aparición de "La Presse"[1]

 

Los diarios en un nuevo escenario competitivo

1 Los cambios que se han producido en las sociedades humanas son sin duda diversos, entre ellos los que corresponden a la comunicación revisten un interés particular dado que se constituyen, en diferente medida, en el origen o el acompañamiento indispensable de los otros. Esa actividad si bien se vale de las facultades del cuerpo que han pervivido en el proceso de hominización y que con modificaciones lo han precedido, se vale también para cumplirla de artefactos duraderos, los que han variado al paso del tiempo en materia, forma,  organización y en soportes -de los líticos a los electrónicos-.

2 La dualidad cuerpo-artefacto es disímil en sus términos: mientras que la primera, a partir de un cierto momento, permanece estable en cuanto a sus propiedades, la segunda ha experimentado modificaciones de creciente complejidad dando lugar a modos de relación entre los agentes, asimismo de variada complejidad. La expansión de esos artefactos se ha desenvuelto de tal modo que, en el presente, se ha tornado en el componente que caracteriza de manera prevalente los agrupamientos humanos: la llamada sociedad mediática. Esta no se ha gestado de manera abrupta sino a través de un largo proceso, que fue protagonizado en un tramo decisivo por la escritura. Este recurso suma, al igual que las prácticas orales, la posibilidad de autoreferirse, lo que constituye una actividad que ya hace algo más de dos milenios ha despertado debates y valoraciones acerca de su práctica que no han cesado hasta el presente. Platón[2] o Goody[3] son buenos ejemplos que denotan su trascendencia.

3 El transcurso de la escritura, en cuanto a lo artefactual y la sustancia, manifiesta dos grandes modos de expansión, por un lado lo que se vincula a su alcance público, cuyo episodio decisivo corresponde al advenimiento de la imprenta y, por otro, el acercamiento a dar cuenta de los sucesos del mundo que atañen al surgimiento de los periódicos, especialmente los diarios; estos dos procesos se articulan y complementan de manera diversa según tiempo y lugar. Es bien cierto que los periódicos prescindieron de la imprenta[4] en su nacimiento pero su alcance era limitado a sectores especialmente comerciales, son los desarrollos técnicos los que propician su alcance público, componente crucial para desenvolver su particular papel en la sociedad. Es necesario señalar también que ese papel no es un fruto de corta maduración, la configuración de los diarios cercanos a los de nuestros días requiere casi un siglo y medio, a partir del primer cotidiano (Daily Curant, 1702). Acercarse a algún aspecto de los procesos de selección y ajuste de la instauración de los diarios que culmina en una "estabilización" no parece ser ocioso en este momento, en el que inevitablemente deberán recomponer su configuración pues, la presencia de Internet y su diversidad que ingurgita buena parte de sus procedimientos discursivos y suma otros, no sitúa la competencia mediática en el mismo escenario que el desplegado en relación con la radio o la televisión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

 

Propósito: las razones de la elección del caso "La Presse"

4 El propósito de estos comentarios consiste en aportar un señalamiento de problemas - lo que debe entenderse como una lectura orientada por ciertas nociones no empleadas con frecuencia- en el tratamiento del asunto referido al surgimiento de la "prensa moderna". Esta última denominación ha sido adoptada para diferenciarla de otros modos de producción escrita periódica, los que no presentaban sus mismas características discursivas ni, asimismo, las propiedades de la gestión y los esquemas comerciales de las empresas que se hacían cargo de editarlos en momentos anteriores. Especialmente, en cuanto, a una consecuencia principal: la de sus alcances públicos y los cambios de relación tanto en lo concerniente a la actividad política como para la vida cotidiana y el desenvolvimiento artístico y vínculo con las prácticas artísticas.

5 Para el despliegue de estos comentarios hemos elegido un caso, el de "La Presse", un diario parisino fundado en 1836, en primer lugar en razón, de las adjudicaciones de que ha sido objeto por múltiples autores: el de precursor de la llamada prensa moderna. Si bien es difícil mostrar que efectivamente lo ha sido, creo que quienes así lo han situado tienen buenas razones para hacerlo, en tanto, como veremos reúne un conjunto de condiciones que justifican esa atribución, entre otras, la de haber sido un espacio de reflexión acerca de la necesidad de producir cambios en el universo periodístico. Lugar, por otra parte, del que   no es fácil afirmar que en cuanto a precedencia absoluta de procedimientos o resultados públicos pueda afirmarse lo mismo.

6 La segunda razón de la elección se debe a que ha sido cuidadosamente estudiado, en particular por Thérenty y Vaillant acompañados por un grupo de colaboradores de la Universidad de Montpellier ("1836 l´an I de l´ere mediatique", dieron lugar a un extenso estudio que subtitularon: "Análisis literario e histórico de "La Presse" de Girardin").

7 Acudiremos con frecuencia a este texto que constituye un trabajo por demás singular, toma como campo de observación el primer año de existencia del diario y lo examina de manera exhaustiva, lo que habilita la observación de una serie de propiedades que solo la diacronía revela. De hecho la bibliografía en torno a "La Presse" y su fundador, Emile de Girardin, es extensa, pero a la inversa de "1836 l´an I de l´ere mediatique", los trabajos han tomado la forma de la crónica histórica o de inflexión biográfica, a causa de la singularidad de su fundador, a ese respecto es necesario mencionar a Maurice Reclus, autor de un trabajo clásico de 1934 (Emile de Girardin, le createur de la presse moderne[5]) quien adoptó esa ruta, dando a conocer aspectos poco transitados, tanto del personaje como de su circunstancia.

 

El curioso y justificable lugar de "La Presse"

8 Tal cual lo señalamos "La Presse" ocupa un lugar curioso en la historia de la prensa, en particular al advenimiento de la llamada "prensa moderna", ha experimentado en los escritos del siglo XX, un lugar prevalente como origen de los cambios en el periodismo: el lugar privilegiado sea de iniciador, o de fundador, de los procedimientos contemporáneos de ese medio. Las adjudicaciones que orientan esos juicios, al poco de examinarlas, se hace evidente que no son suficientes para justificar ese mérito, se nota enseguida que tales recursos ya habían sido adoptados de manera parcial por otros medios poco antes o a veces, de manera simultánea. Tampoco puede afirmarse que fue el periódico más exitoso como gestor de esos recursos, más allá de sus innegables conquistas a partir de su empleo.

9 Más aun, el examen cercano, en especial en el momento de su fundación (o en un buen tramo en sus inicios), no deja de mostrar ciertos rasgos acusados de carácter convencional de la prensa de época[6]. ¿Cómo justificar entonces esos juicios? A mi entender operaron dos grandes fenómenos a los que no puede asignársele un efecto semejante ni igualmente localizado, descontando que esos lauros fueron otorgados por autores de su mismo origen nacional. El primero corresponde a que tanto su fundador como su mujer se apartaban de poseer rasgos habituales, ambos presentaban aquellos posibles de tornarlos en personajes dignos de las páginas literarias de su época; tanto por su vida privada como por su actividad periodística, realizada en común. Carácter tempranamente reconocido por el mundo de las letras, Theóphile Gautier, dos años después de la muerte de Mme. De Girardin (Delphine Gay, vizcondesa Delaunay), escribió un texto[7] ("Mme. De Girardin"), donde exaltaba sus virtudes, especialmente las de periodista, de "La Presse" por supuesto, no ajenos a un transcurso excepcional y distinto. Delphine Gay solía señalar con visión no corriente en la época, "es el acento el que convence y no la palabra", cualidad no extraña al proyecto de su diario. En cuanto al segundo fenómeno, corresponde a la palabra de su marido, Emile de Girardin, quién a diferencia de los múltiples gestores de otros intentos más o menos similares, le cupo ser quién explicitó su carácter y de qué modo se articulaba con el mundo de su tiempo rociado no solo de precisión conceptual, sino también de ribetes trágicos. Dio muerte, en un duelo a un colega que se oponía tanto a su persona como a su proyecto.

10 No creo, entonces, equivocado el lugar adjudicado por tantos autores, finalmente se lo hace a partir de indicios no despreciables para reflexionar sobre el advenimiento de la "prensa moderna", los que corresponden al modo de decir, que no se hace solo presente en rasgos propios de la superficie textual sino también en el amplio laboreo de los tránsitos semióticos (imaginarios sociales constituidos y en constitución) y en los textos políticos que dieron origen –y precedieron- al periódico y sus prosecuciones en las propias páginas de "La Presse".

 

Algunas características del momento

11 Se hace necesario entonces remitirse a un momento, buena parte de los historiadores de los medios le asignan, atentos a fenómenos no siempre unívocos, la condición fundacional a algo que se despliega un el tiempo largo y no poco contradictorio, lo que nos autoriza a considerarlo un momento mítico, como tal, posible revelador de procesos. Se trata ese momento de la década que va del treinta al cuarenta del siglo XIX[8]. ¿Qué ocurrió en aquellos momentos, de los que nos separan más de un siglo y medio, que encuentra su continuidad o desarrollo en nuestros días? La respuesta debe articular procesos conectados aunque aun de manera poco clara, pero que de no tenerlos en cuenta se hace muy difícil comprender esas ocurrencias  y su supuesta continuidad (¿y expansión?) hasta nuestros días.

12 Es bien conocido que en ese lapso se producen cambios en el dominio mediático de diverso orden, cumplidos estos en niveles de organización muy diferente pero, de una u otra manera, concurrentes en sus efectos finales, que se establecen como relaciones entre sistemas disjuntos y autónomos, más que como simples eslabones de una cadena presuntamente causal. Veamos.

13 Por una parte, en esas décadas, se notan cambios en la estructura de las empresas periodísticas a través de la modificación del modo de obtención de sus beneficios. Ya no se trata de poner en circulación a los periódicos como una mercancía en cuanto a su valor "objetual", sea de la naturaleza que sea el supuesto servicio: simbólico, cognitivo, informativo, se plasma en un artefacto, símil libro o folleto, cuyo precio de venta incluye su costo más una ganancia para quién lo produce. Se pasa luego, con ciertas variaciones de sustancia, para dar lugar al grueso del rédito empresario, a hacerlo por medio de la locación de espacios para avisos comerciales. Se suma entonces una dimensión informativa, auto reconocida como interesada (la publicidad), por la que el anunciante paga el servicio de informar acerca de sus productos (una mercancía o servicio) al editor.

14 Por otra parte, los desarrollos tecnológicos[9] habilitan la posibilidad de multiplicar el número de ejemplares impresos por unidad de tiempo, con una sensible disminución de los costos de producción. Situación, esta última, que propicia un mayor alcance numérico y territorial de la prensa que se articulará, con los consiguientes beneficios, tanto para los editores de periódicos como para los anunciantes (más consumo de diarios más posibilidades de conocimiento –también de consumo- de productos y servicios).

15 Pero esa asociación, entre modelo empresario y tecnología de producción, no podría haber prosperado sin la existencia de una demanda que la propiciara. Nos referimos a un universo de actores sociales que se incluyeran como adquirentes en el circuito de esa nueva prensa, "la prensa de centavos"[10], la callejera, la de suscripción a precios más accesibles en algunos países, que desplazará definitivamente a la tradicional, aquella vendida de esta última manera, resultado de la operatoria del viejo modelo propio de la modesta empresa periodística.  

16 Es precisamente el desarrollo incipiente, en la década del treinta, cuarenta y cincuenta del siglo XIX, del complejo económico social, manifiesto sobre todo en las grandes capitales de Europa y no menos en Estados Unidos, lo que caracterizaría a la segunda Revolución Industrial y la consecuente planetarización del capitalismo. Sin querer forzar las coincidencias, pero tampoco olvidándolas, vale la pena señalar que la guerra del opio, en China, protagonizada por los ingleses, las guerras coloniales en el norte de África, por parte de  los franceses, el bloqueo del río de la Plata en Sudamérica, en que se asociaron ambos, ingleses y franceses, son indicios de esa expansión planetaria. Esta no es ajena al otro fenómeno de expansión, el de la prensa como pieza de articulación de un escenario económico, bélico y de poder, en muchos casos, sin precedentes, un tópico caro a Harold Innis, a principios de la década del 50 del siglo XX [11] quien acentúa esas relaciones en la larga duración histórica.

17 Este último fenómeno se asocia con los cambios que trae consigo esa gigantesca ocupación del mundo: expansión de la actividad industrial, relocalización poblacional por las necesidades de mano de obra en las ciudades, expansión del sector administrativo y de gestión, recomposición avara del salario obrero y de sectores medios de manera creciente; sumados estos términos dan como resultado una reconfiguración de las costumbres y, entre ellas, las de los consumos que exceden las alimentarias y de regulación térmica (comida, la administración del tiempo libre, el vestido y el incipiente ocio).

18 Esta nueva ecuación es la que hace necesarias otras formas de relación entre productores sea de bienes o de servicios y los usuarios, tal relación dada la polarización y creciente separación de esas instancias (unos que producen versus un universo de consumo numeroso y disperso) no puede ser menos que mediada, el comercio estabilizado en puntos de venta, junto a la emergencia de las grandes superficies destinadas también a ese fin, no son un síntoma menor. Ha llegado por ese mismo camino (o incrementado) en esas décadas del 30 y 40 y en delante de modo creciente, el momento de la publicidad; discursividad que hace posible regular las nuevas relaciones entre producción y consumo que afianza, en el mismo movimiento, la emergencia de una nueva modalidad empresaria de la prensa, que dará lugar a fundar su carácter industrial.

19 Hasta aquí nos hemos referido a las condiciones básicas de existencia de un modo de relación entre los actores sociales y los aconteceres del mundo, próximo o lejano, y de la emergencia decisiva de ciertas configuraciones discursivas sino nuevas pero que sí, dan un paso al frente, en la escena pública. Se trata de los discursos intermediarios, los que se hacen necesarios tanto para el consumo de jabones como para el de espectáculos y la política , su expansión no tiene límites, tapiza los muros de las ciudades con carteles, los frentes y laterales de los tranvías a caballo y, por supuesto, las páginas de los diarios que de manera tímida exhiben textos que son bien identificados por los actores sociales y atendidos por curiosos y distintos desde momentos tempranos, más allá del papel funcional que podría adjudicárseles.

 

"La Presse"

20 Con justicia, por reunir las condiciones más notorias de la prensa moderna, le asignan a Êmile de Girardin el lugar de precursor de esa actividad renovadora. En 1836 funda La Presse y pone en cintura a sus competidores por la rebaja del precio de venta, para el caso de la suscripción -de 80 a 40 francos- suma enorme en aquella época, alcanzable por unos pocos pero no es solo ese factor el que justifica la emergencia de la nueva fórmula.

21 Se suman diversos procedimientos: la reducción de editoriales, el abreviado de las crónicas, la no adhesión a facciones políticas definidas, de hacerlo se lo hace en forma recatada –en oposición a la costumbre periodística de época- la adscripción a principios morales ambiguos y también cambiantes al acaso de los sucesos. Uno de los componentes que también se incluye, para hacer posible la adhesión del público pero en especial la continuidad en el consumo, lo constituye la ficción narrativa (la entrega fragmentada de productos ficcionales, el folletín). No exclusivo ni creado por Girardin, este último recurso, pero manejado con eficacia (se ha dicho que sabía dónde "cortar", es decir como administrar la extensión de los fragmentos narrativos). Balzac, más tarde un colaborador de Girardin en materia de folletines, fue por impericia administrativa o por efecto de las reglas de la competencia, una de las "víctimas" de "La Presse". Su periódico "La ChroniquedeParis", sujeto a la vieja fórmula de las empresas periodística sucumbió, en el hábitat del nuevo periodismo, los requerimientos estilísticos y el precio actuaban como un factor selectivo letal en ese nuevo ámbito.

22 Se suma a estos componentes otro, en esa década surgen las agencias de noticias, empresas si se quiere mayoristas de información, que disponen de una red lo suficientemente amplia de corresponsales e informantes lo que les permite, de manera cotidiana y fuera del alcance de cualquier periódico, suministrar novedades tanto lejanas como próximas. En líneas generales un insumo básico de la prensa, la noticia, se torna común entre periódicos tanto para redacciones alejadas como próximas a las grandes capitales, caduca de esa manera –parcialmente al menos- la sustancia de lo dicho por medio del empleo del insumo común y se pone por delante el modo de decir. Ha llegado entonces el momento de los grandes estilos periodísticos (materia prima común y diferente tratamiento, uno de los motores de la luego llamada agenda).

23 Sin duda la trama empresaria y comercial que inaugura Girardin y La Presse, está sujeta a mil contingencias y el camino de su madurez llevó muchos años y actores diversos pero lo interesante para nuestros fines, consiste en acentuar la presencia de tres fenómenos que operan de manera articulada a partir de la nueva configuración de la organización mediática.

 

En torno a los cambios en la prensa

24 El primero de los cambios postulado como trascendente corresponde a los alcances de una fórmula que alguna vez expresó, no sin dureza Girardin, que se hará, con el paso del tiempo, de un interés crucial para la circulación discursiva: «La publicidad comercial pagará por el lector. Colmará la diferencia entre el precio de coste de un ejemplar y su precio de venta deficitario. Cuanto más bajo sea ese precio de venta y más elevado el número de ejemplares que se tiren, más cara se pagará la publicidad»[12]. Afirmaciones de este tipo y su puesta en obra han despertado siempre –las despertaron ya en su época- más de una sanción moral y política, cuyas múltiples justificaciones no ofrecen siempre el mismo grado de interés. Al margen de esas discusiones sería descaminado para el análisis no reconocer el cambio que implica la observación de Girardin de la que, por otra parte, no era el inventor, ya en 1711 "The Spectator", de Londres, ponía en obra una propuesta similar, aun que sin el carácter, si se quiere sistémico, que le asignaba Girardin.

25 Un recorrido a través de la colección de "La Presse"[13] no dejaría, sin embargo, de deparar ciertas sorpresas, en principio, lo magro de la presencia publicitaria, no más de un tercio o media página cuatro, la última de ellas. Por otra parte, su competidor de inmediata aparición, "Le Siecle" recorrido en las mismas fechas, se presenta con una planta gráfica y organización general que bien podría confundirse con la del otro diario, ambos adoptaron el mismo precio de suscripción y ambos –quizá con algún adelanto en "Le Siecle"- aumentan ligeramente el espacio publicitario, avanzando sobre productos inmobiliarios y disminuyendo de a ratos la superficie de publicidad farmacéutica o de colecciones de libros.

26 La verdadera economía industrial de la prensa aun no se encuentra bien instalada en aquel momento, tendrán que perfilarse diversas circunstancias, una de ellas, la creación de la agencia de noticias, Havas en Francia (entre otras propias de Gran Bretaña y en territorio Germánico en 1845), la que luego crea como un apéndice la "Societé générale des annonces". Se trata de una empresa privada que, en buena medida, gestiona la publicidad en vistas de un equilibrio que permita a los pequeños diarios de provincia subsistir, a pesar de su magro lectorado, el estado estimula esa creación para equilibrar el papel de los diarios nacionales. No es ajena a la creación de esa empresa el impulso que, en ese momento, se perfilaba a través del desarrollo ferroviario -que no solo aporta a los enlaces de personas y mercaderías- generando nuevos equilibrios territoriales, sino también propende al incremento industrial y sus apéndices financieros (y también a sus crisis) manifiestos en las conmociones de 1848 y su culminación, la correspondiente a la instauración del Segundo Imperio.[14]

27 El salto a una ampliación de gran magnitud de los alcances de los periódicos se produce en 1863, diecisiete años después de la creación de "La Presse", encarnado por quién se había hecho propietario, ya en un periodo de decadencia de ese medio, Moïse Millaud, como veremos la contrafigura (o su paradojal extensión) de Girardin.

28 Las novedades que introduce son múltiples: a. el precio: rompe con el esquema de las suscripciones y desarrolla la venta unitaria al precio de cinco centavos, la moneda más pequeña que se acuñaba en la época; b. lo que conduce al desarrollo de la venta callejera, solo practicada en la época por los pequeños periódicos de grupos políticos (con importantes ganancias para los vendedores); c. para poder enfrentar los costos disminuye el tamaño a la mitad y es de venta vespertina, lo que evita los costos del trabajo nocturno; d. elude las cargas impositivas que corresponden a los periódicos políticos evitando esos temas. Este conjunto de decisiones le permite reconfigurar su gestión económica, la que no deja de lado por supuesto a la publicidad. Pero no son menores los cambios en cuanto a la sustancia que se suman a la marginación de la referencia a la política, transitoria por otra parte.

29 En cuanto a esto último el número uno de le "Le Petit Journal" es una suerte de manifiesto de respuesta a Girardin desplazada en el tiempo (o una afirmación en negativo), cada sección de periódico es una puntualización adversativa de las propuestas del precursor, persiguiendo los mismos objetivos, al menos en lo que corresponde a su extensión en cuanto al universo de lectura y sus consecuentes ecos en la "industrialización de la prensa".

30 El número uno, correspondiente al 31 de enero de 1863, de salida bajo el nombre del periódico, proclama: "Quotidiano, non politique"[15]. A la inversa de "La Presse" que por pluma y voz de su fundador, sostenía la acción política como componente central de sus propósitos, frente al fracaso de la violencia revolucionaria se requería no una acción espasmódica sino una "revolución permanente" –hallazgo retórico de un colaborador anónimo de ese diario, frase que prospero en el siglo XX- en la que el periodismo jugaría un papel central. El "Le Petit Journal" apela a la no sugerencia o consejos a los políticos o poderes públicos en ese campo y, mucho menos, la propuesta de cambios en el "orden social". Se limitará a las informaciones oficiales, tanto locales como extranjeras, a referirse a la industria y la agricultura, el teatro, los libros, también la actividad de la justicia, todo esto es suficiente para llenar las páginas de un periódico de escaso tamaño, sostenía. La atención por la actualidad y la opción por un tono modesto, puesto al servicio de quienes menos tienen, tanto en recursos pecuniarios como de integración a la cultura se presentan como una fórmula exitosa, en diciembre de 1863, pocos meses después de su creación llega a publicar 99.430 ejemplares, según el baremo que día a día publica en la cabeza de la primera página. El tono anti intelectual y la reivindicación del "buen sentido", lo sitúan en las antípodas de Girardin.

31 En cuanto a la presencia publicitaria en el "Le Petit Journal" (lograda algunos años después de su fundación) no se diferenció de la presente años antes en "La Presse" y "Le Siecle", se hace difícil pensar que fuera en ese período el recurso básico, ni para unos u otro, del sostén financiero, dado la cualidad de los productos y servicios que promocionaban, el rédito de la venta sería seguramente el ingreso mayor, tal cual ocurre en nuestros días con la llamada prensa popular. Una visión rápida de las colecciones del "Le Petit Journal", "Le Siecle" y "Le Figaro", por décadas, hasta las primeras del siglo XX, permiten no dejar de lado esta hipótesis, para ese periodo al menos[16].

32 En cuanto a los cambios en la técnica en ese periodo, los que se extienden hasta poco más allá de 1880 –momento del tímido ingreso de la fotografía- están centrados en la disminución de los costos de producción, a los efectos de lograr una menor incidencia en el precio de tapa, al mismo tiempo que una mayor velocidad de respuesta para la oferta pública. Basta revisar las colecciones de época para notar, por caso, la homogeneidad compositiva, aun la que corresponde a momentos anteriores (véase el primer período de "Le figaro", en la década del veinte, antes de la fundación de "La Presse").

33 El conjunto de los hallazgos técnicos se orientan en esa dirección: mecánica de las máquinas de impresión y el empleo del vapor como fuentes de energía, los métodos de producción de papel y, por otra parte, la organización del trabajo y los sistemas de distribución tanto comerciales como los de aprovechamiento del más veloz sistema de transporte, gracias al ferrocarril. Los cambios en la organización de la visualidad de los periódicos advendrán más adelante, especialmente a partir de la instalación de la fotografía que modifica la planta gráfica de los diarios[17].

 

La ficción: una modificación que desborda (o modifica) a la literatura

34 Una modificación que merece una referencia especial corresponde a la ficción narrativa, pues ocupa un lugar protagónico, especialmente en "La Presse" que, en esta dirección le cabe un papel protagónico, tanto por el lugar que ocupa en ese mediocomo en lo atinente a los procedimientos y el carácter estratégico atribuido por su fundador. Tal carácter no es otro que lo denominado en nuestros días como logro de la "fidelidad de marca", es decir que quienes consuman un producto repitan esa acción de manera permanente. Pero ese objetivo en el caso de "La Presse" se ligaba con un proyecto político, su autor lo asociaba con el papel de la "gente de letras" que debía cuidarse y sostener con la continuidad del empleo. Este sector finalmente era el formador de la opinión pública ("productores de pensamiento" los llamaba Girardin), actividad que comparaba con el naciente ferrocarril, ambos eran factores dinámicos, vectores de progreso, frente a la aletargada monarquía de la época, junto a su séquito político. La propiedad intelectual debía parangonarse a la industrial, Girardin libra arduos combates, entre muchos otros, el de la propiedad intelectual hereditaria.

35 El estatuto de la ficción en "La Presse" es plural[18], tal diversidad apunta en una dirección, la principal, en el proyecto de su fundador: lograr un lectorado fiel al medio y que a su vez excediera los límites del público lector de la época. Lo que ha hecho buena parte de la notoriedad, incluso contemporánea, fue el folletín, si bien el recurso a la publicación fragmentada de una obra literaria era practicada desde tiempo atrás la instalación sistemática y continuada en un diario, singulariza su estilo periodístico. A lo que se suma la relevancia de los escritores, en cuanto a sus cualidades y también, en varios casos, para los menos distinguidos, por la participación y fama, transitoria o no en la vida de los salones de enjundia social, junto a Balzac, Dumas, Hugo o Defoe, se cuelan otros no de gran trascendencia. Unos y otros, ahora profesionales, suelen ocultar sus firmas en aras de objetivos de gran alcance, rasgo que perdurará en los periódicos, donde las voces múltiples dan lugar a una unidad.

36 Si la modalidad folletín de ficción insiste son otros modos de presencia que perdurarán más allá del relato literario fragmentado. La ficción irrumpirá en el cuerpo del diario en el lugar que justifica su existencia por el ritmo público de lectura, el carácter segmentario que sigue el acontecer periódico de la cotidianeidad. Se fusiona entonces el tiempo de los sucesos del mundo con el tiempo en que se los proclama como existentes: la radio, la TV, la Web, acortarán las distancias de diferentes y vertiginosas maneras. A diferencia de otro nacido en la época que emplea un procedimiento similar, el diario íntimo, la prensa lo ejercerá en el dominio público invadiendo el curso de los acontecimientos, sean grandes o pequeños (el "fait diver" tendrá allí su nacimiento).

37 La ficción, a partir de "La Presse" no se presenta como un recurso para "desinformar" (reproche de la época o bien "tergiversar" era otro), sino para mejor informar sostenían sus redactores, introduciendo una pluralidad de recursos poéticos, tal cual la anécdota o el relato, muchas veces el histórico, de moda en la literatura de la época (Watler Scott, Victor Hugo, Alejandro Dumas). Pero el componente crucial es la llamada "ficción de actualidad", los hechos políticos, los escándalos financieros, las contingencias naturales, se organizan de modo que den lugar a piezas discretas que se suceden en el tiempo, según una ruptura del orden, mediado por episodios que lo recomponen o dan lugar a nuevas carencias que inauguran otro ciclo, componentes susceptibles de fragmentarse y adquirir unidad en el decurso diario de la producción del medio. La literatura, ahora insertada en ese torbellino, tendrá que ajustarse a sus reglas (la faena no será obra de plumas menores, Balzac o Dumas, por casos), el suspenso será la pieza clave necesaria para lograr la continuidad de la lectura y la consiguiente fidelidad.

38 El proceso de mediatización de la sociedad, si presenta momentos catastróficos, también es objeto de mutaciones al encuentro de situaciones adaptativas, propias de los múltiples nichos ecológicos de la sociedad, como en el mundo natural, ningún carácter está eximido de variaciones. "Le Petit Journal", en su primer número de 1863, al igual que para otros rasgos que tuvieron su origen en "La Presse", propone un cambio que afirma la propuesta original, pero alterada. Reprochará al folletín de tratar tópicos cuyo interés se limita a cierto público alejado de las contingencias vertiginosas del común, porqué distraerse, a veces años, en leer un texto que en forma de libro podría agotarse en un tiempo breve. Optará por otra fórmula, sin duda menos prestigiosa, la brevedad (unos pocos números) asociado a un tema, que para algunos podrán ser frívolos, pero cumplirán un mejor servicio para el común de los lectores.

 

De regreso a las propuestas iniciales

 

I. Acerca de ciertas regularidades

39 De regresarse a las primeras páginas la promesa realizada allí para avanzar en la lectura era la de "aclarar en algo los interrogantes del presente" a través de un "señalamiento de problemas", ambos asuntos son pertinaces en el ámbito de la comunicación. Los interrogantes y problemas que allí se formulan suman a su complejidad las sorpresas que suelen deparar la emergencia de cuestiones singularmente novedosas. Es posible que una mirada hacia atrás nos permita ponderar el alcance de esas novedades o bien adjudicarles alguna regularidad que, con variantes, ya se ha manifestado en otro tiempo.

40 Si nos detenemos, por ejemplo, en el entorno que va desde la creación de "La Presse" al de "Le Petit Journal" notaríamos que las diferencias en el modo de tomar la palabra, es decir sus procesos enunciativos, no se alejan de lo ocurrido en otros momentos en cuanto a la configuración de la llamada "prensa popular" en oposición a la "seria", procedimientos, por otra parte, que desbordarán a los diarios. Sin embargo, ambos apelarán a los recursos de la narrativización y a la ficción, e incluso a la narrativa literaria fragmentada[19]. Estas hibridaciones y mezclas no son ajenas a la prensa del presente, el caso del "Corriere della sera" de Milán, un diario con atribuciones de serio pero superabundante en narrativisaciones y procedimientos de fragmentación propios de aquellos que no gozan de ese prestigio, no difiriendo en sustancia temática.

41 En otros dominios, el de la materialidad, nos referimos a las cualidades que nos permiten acceder a los "paquetes de materia significante"[20] que nos habilitan a la producción de sentido, esta no trasunta, o solo lo hace parcialmente, las técnicas y el consecuente trabajo que da origen a esos paquetes y posibilita que lleguen a nuestras manos. Tales procedimientos, gozan de universalidad y no son obviables incluso en sus propósitos (sostener o ampliar la demanda), del modo que sea un esquema de comercialización, pero también una indispensable atención sobre los cambios y las novedades técnicas, ligadas al artesanado y más tarde a la ciencia. La electricidad, en el telégrafo, gran mediador de la prensa; el vapor como fuente de energía, aplicado de manera simultánea en la imprenta a gran escala y el transporte ferroviario; la producción industrial de papel, que aprovecha los hallazgos de la química; la mecánica de precisión, que solicita los avances de la metrología, para el desarrollo de las nuevas máquinas. La producción mediática –a partir del libro impreso- no dejó de ser solidaria, y de manera creciente, con los avances técnicos que, en el siglo XX será exacerbada, piénsese en la digitalización y la informática.

42 La mediatización remontándonos solo a "La Presse" y de manera más acusada con el paso del tiempo, se constituye como un fenómeno bifronte. La cara que se nos da a ver para la lectura posee un reverso que según sus diferentes variaciones dan lugar a la producción de dispositivos que, momento a momento, altera su cara visible. Esas modificaciones, a veces abruptas, modifican sus posibilidades de producción de sentido (alteran los "paquetes de materia significante"), una fotografía o una ilustración en un diario no serán lo mismo que las piezas aisladas, le ocurrirá lo mismo a la letra escrita cuando se articula con ellas[21]. De esos cambios resultan desplazamientos de la relación entre enunciado y enunciación, los que dan lugar a variadas inflexiones del sentido.

 

II. Una observación necesaria

43 Los comentarios y anotaciones referidas a la trayectoria de un periódico se abren sobre preguntas que hacen trastabillar esa tarea, al límite de situarla entre las actividades ociosas propias de un mero inventario de curiosidades. La pregunta no es banal púes, de distintas maneras ha recaído en general sobre la historia, se refiere a la posibilidad de, a partir de un fenómeno singular y lejano, que se vale de recursos narrativos siempre incompletos y parciales pueda dar lugar a hipótesis que permitan establecer algún tipo de regularidad que habilite acercarse y dar lugar a hipótesis acerca de fenómenos del presente. En otros terrenos, aparentemente alejados, la respuesta ha sido positiva y además, como señal de su importancia, ha despertado no pocos debates acerca de la formulación de los mecanismos a que pueden adjudicarse los cambios del pasado y su vigencia (o permanencia) en las condiciones actuales; la llamada evolución de los seres vivos constituye el locus classicus[22], aunque no el único, en prestarles atención. Aceptar el reto de pensar que la tarea puede no ser ociosa implica abandonar el convencimiento del carácter excepcional de lo humano e instalar sus desenvolvimientos en el espacio de los sucederes del mundo, al igual que otras especies, sin atribución de una especial jerarquía[23]. La incompletud documental, la diversidad fenoménica o el peso que pueden adquirir las decisiones de apariencia individual, son al fin ocurrencias tan variadas y azarosas como las adjudicables a cualquier otro campo de fenómenos.

44 En el ámbito de la comunicación, aunque no formulada de manera directa, suele adquirir esa excepción el carácter de escepticismo o de "frialdad" respecto a los resultados esperables de una "vuelta atrás", situación que se instala a partir de dos variantes: por un lado el exceso de expectativas en cuanto a los resultados, acompañado de la ambigüedad -o extensión y pertinencia- de las preguntas que se apetece responder a partir de la crónica histórica sin la mediación de un instrumental específico. Se trata de examinar fenómenos discursivos de configuración heterogénea y debe tratárselos como tales, junto a las condiciones de producción, entendiéndolas en toda su extensión (formales, técnicas, económicas, etc.). Asociándolas con hipótesis acerca de cambios cognitivos y sus ecos sociales. Opuesto, por otro lado, a la restricción fenoménica en el campo de la producción social de sentido[24], restringirse, por ejemplo, a una sola práctica comunicacional de existencia relativamente corta, el libro, por ejemplo. En ambos, por exceso o por defecto, se lateralizan o desdeñan, los rasgos que pueden atribuirse al conjunto de los cambios, muchas veces fruto de los hallazgos (o al menos de su mención) de quienes sostienen esas posiciones distantes. Menudean en esas posiciones el suponer una historia corta de los fenómenos comunicacionales, no considerarlos como una dimensión que acompaña a la especie desde siempre y aun sobrepasa largamente los límites de su existencia. Descontando la dificultad del asunto es posible acordar al menos que valdría la pena intentar cuando se realizan observaciones parciales, consignar el grado de generalidad que puede atribuírseles respecto a otros intervalos precedentes o posteriores. Retomaremos esta cuestión enseguida.

 

III. Dos ejemplos que solicitan apelar a nociones específicas  

45 Si nos detuviéramos en el curso que va de "La Presse" al "Le Petit Journal" nos encontramos con una propiedad común, salvando pocas diferencias, en cuanto a la materialidad (los "paquetes de materia significante" que le son propios) se presentan de una manera homogénea pero, por otro lado, se produce en ambos casos un fuerte despegue del universo de lectores. Lo que explica el cambio –manifiesto, con sus jergas particulares, en la propia letra de esos periódicos- es la modalidad enunciativa, la que va al encuentro de la posible sintonía con segmentos diferentes de público. La solución técnica adoptada por la creciente demanda fue la de apelar a dispositivos técnicos comerciales y de impresión según el caso, que posibilitaran su sostenimiento; la modificación de los sistemas de impresión y pliegue que conferían una mayor velocidad de producción junto a una disminución de su costo, caracterizaron a ese momento y se sostuvieron en el tiempo.

46 La homogeneidad perceptual de las piezas gráficas si admitía en la sustancia cambios retóricos y argumentativos admitía otros cambios, correspondientes a otros registros, la ficcionalización literaria o no, etc. La instalación de trayectos discursivos (nuevas tematizaciones) presentes aunque no inmediatamente ostensibles pero de encadenamiento indispensable, operando a su vez como externalidades: los que corresponden a la técnica, la microeconomía, los imaginarios culturales y las relaciones institucionales que posibilitaban el alcance, según la marcha del tiempo, a más amplios sectores sociales. Entre estos últimos un variado espectro de cuestiones juegan un papel no desdeñable: impositivas, de legislaciones restrictivas en lo político y, muy especialmente, los efectos del acceso a la lectura por vías de la educación en los sectores menos beneficiados[25].

47 Este suceso, si se quiere prevalentemente cuantitativo, se distingue de otro que coincide en fecha con un nuevo impulso del alcance y papel de la prensa (la tímida presencia de la fotografía y la multiplicación de las imágenes) se trata de la difusión del teléfono. Cinco años después de la invención, en 1884, se emplea para la transmisión de óperas en simultánea con los teatros, el sistema crece hacia finales del siglo y se incrementa en los primeros años del siguiente, ampliándose a los servicios de noticias, informaciones económicas e, incluso, a la transmisión de celebraciones religiosas. Este sistema encuentra su limitante en los costos, la expansión de las redes era pequeña y reservada, a sectores limitados de público[26]. Los más robustos en organización llegaron a alcanzar el advenimiento de la radiofonía, es el caso de la empresa Hirmondo de Budapest. Este caso que conlleva una modificación de materialidad radical respecto de la prensa no resiste a la imposibilidad de modificar su audiencia, no se trata de una carencia de aceptación por parte del público de ese recurso sino de su accesibilidad, lo que se prueba por el éxito masivo de la radiotelefonía, pocos años después, gracias a las facilidades de su acceso.

48 Estas relaciones entre cualidad y cantidad, referidas a los cambios han sido atendidas por Eliseo Verón dando lugar al desarrollo de dos nociones: cambio de escala ruptura de escala[27]. El fundamento que las justifica, como veremos, es consistente con la propiedad constitutiva de toda comunicación, el desfase (asimetría entre las instancias participantes), tal fenómeno ha variado en el tiempo y atraviesa diferentes estados. Las comunicaciones llamadas "de masas", incrementan la asimetría y, en consecuencia, la complejidad de las relaciones entre producción y reconocimiento. Las implementaciones técnicas que conllevan esas nuevas modalidades (desde los desarrollos mecánicos de la imprenta hasta los electrónicos actuales, entre tantos otros) dan lugar a procesos industriales que sitúan de más en más a los productos de los medios (configuraciones discursivas finalmente) en el ámbito del mercado, con las consecuentes relaciones –no exentas de conflictos y posibilidades de solución- entre oferta y demanda. 

49 Entre juegos que se hacen patentes al examinar los factores que dan impulso a "La Presse", al igual que a "Le Petit Journal" tanto antes de su creación como con mayor intensidad en los momentos subsecuentes que, tal cual hemos reseñado, se hace patente el incremento de complejidad, tanto en aspectos relacionados con las técnicas de factura como en las configuraciones discursivas, signadas por su carácter competitivo en el seno del mercado.

 

IV. Acerca de las diferencias entre cambios de escala y ruptura de escala

50 El empleo de recursos materiales, distintos de los instrumentos corporales (voz, gestualidad, manejo del espacio) resultado de distintos tipos de industria (lítica, cerámica o electrónica) aportan a la circulación de discursos en el espacio y en el tiempo: un cántaro, un libro o un film escapan al mundo circundante y permanecen más que aquellos que le dieron origen. Estas posibilidades dan lugar a descontextualizaciones del sentido de características indeterminadas; los resultados de los ejercicios del cuerpo, la conversación por ejemplo, no están exceptuados, aunque en grado y forma diferente.

51 Es así que las variaciones, en cuanto a la descontextualización, son los resultados de los procesos a que dan lugar los soportes materiales autónomos que se distinguen, según su prevalencia en su organización sígnica, de operaciones propias de la primeridad, la segundidad o la terceridad, de acuerdo al léxico de Peirce[28]. En cuanto a esto Verón ha señalado, refiriéndose a los cambios indicados por Goody, referidos a la escritura, que "Ella introduce una serie de fenómenos que podemos llamar cambios de escala. La mediatización de las operaciones primeras y segundas, es decir, de las representaciones icónicas y del contacto indicial, producen en cambio lo que llamaremos rupturas de escala"[29].

52 La escritura en su larga historia de milenios fue objeto de múltiples formas de instalación en la sociedad, derivadas de resultados tanto de sus modos de ejecutarse como en las características de los soportes en que se asentó (tabletas de arcilla, inscripciones epigráficas, papiro, pergamino, papel), los que dieron lugar a modos de circulación diferentes con las consiguientes descontextualizaciones y sus consecuencias en la producción de sentido. Tales fenómenos se inscriben entre los cambios de escala cuya culminación se sitúa para occidente en el siglo XV, a partir del advenimiento de la imprenta, cuyas consecuencias y efectos se manifiestan hasta nuestros días.

53 A estas modificaciones en la comunicación se suman otras, las que Verón denominó rupturas de escala que, embrionalmente presentes en sustancia pero que se encontraban limitadas en sus alcances (por caso: la fotografía o la fonografía, la misma cinematografía) que, al articularse con otras técnicas dan lugar a dispositivos de alcance público extenso (diarios, radio, TV, WEB).

54 Las nociones que venimos comentando se presentan como de un empleo extenso para examinar los cambios en la comunicación, podría incluso adjudicársele una pertinencia extendida a condición, a mi entender, de tener en cuenta ciertos recaudos que no afectan su consistencia pero especifican las relaciones entre ambas, permitiendo operativisarlas en situaciones particulares. Por caso, de examinarse la situación del teléfono que evocamos, en cuanto a la dimensión ruptura de escala no difiere de la radiofonía; incluso podría afirmarse que fue su variedad de oferta más amplia que la inicial radiofónica, el obstáculo para el enlace social fue superado por la técnica que habilitó la posibilidad multiplicadora. Enlaces de este tipo se pueden encontrar también en los trayectos de la escritura o de la instalación a gran escala de diferentes tipos de técnicas asociadas con la imagen.

55 Referido a esto último, nacimiento y caída y eventuales renacimientos de "La Presse" y sus coetáneos, sus diversos avatares competitivos en síntesis, se asocian con cambios de escala, noción que podría ser tratada de manera vectorial, al igual que la de rupturas de escala, atendiendo a la diversidad (hibridaciones), tanto de los medios contemporáneos como los del pasado, la vieja prensa del siglo XIX como los medios actuales nos inducen a pensar que no sería ocioso intentar el esfuerzo. Tales vectores se desplazan en magnitud y en términos absolutos, de la voz a la escritura, o en cualidad y dimensión variable en la iconicidad (como se puede evidenciar en el universo de los periódicos) y, no menos, para la epigrafía y los soportes cerámicos.

 

V. De Gerardin a Steve Jobs

56 En el principio cuando invitamos a seguir estos comentarios se señaló como necesario recurrir a un conjunto de nociones que emplearíamos para realizarlos (materialidad, asimetría, enunciación, dispositivo), tratamos de ponerlas en obra, pero para poder asignarles un lugar en el momento de echar "una mirada hacia atrás", fue necesario recurrir a otro par para dar cuenta de los alcances y los modos que se articulaban en los cambios de escala y ruptura de escala. Si algo se hace evidente en el corto tránsito de la "La Presse" de Girardin y de los accidentes que le sucedieron es que esos cambios constituyen un intrincado entrejuego que nos habla de cuerpos y máquinas que ejecutan y perciben lo ejecutado asociándose o asociados por la técnica, modelando una materia que dispara la producción de sentido que, al mismo tiempo, desborda y da cuenta de su actualidad. Las pocas páginas de "La Presse" o más la TV o la WEB de nuestros días se presentan como una condensación de recursos que se pierden en la historia pero que no dejan de actualizarse a cada instante en nuestros ojos y oídos, tan viejos y tan nuevos a la vez.

57 Ciertas noticias de actualidad no parecen desdecir estos comentarios, en el momento de escribir estas últimas líneas una noticia referida a la aplicación del IPad y tabletas de escritura similares, en ciertas escuelas de los EEUU. Se consignan en esa noticia ciertas razones que justifican su empleo, unos didácticos y otros de empleo físico, se insiste en que las ya tradicionales computadoras portátiles resultan difíciles de manipular en los trabajos en grupo o bien, que ellas o los libros no son aconsejables, por razones ergonómicas, en especial para el traslado. Se me ocurrió que la tactilidad arrastrada y no impulsiva, propia de las tabletas, algo tenía que ver en cuanto a la preferencia, no menos los buenos oficios de Steve Jobs, no solo como diseñador sino también como estratega; a su manera –la que el tiempo le ofrece- se ocupa de las relaciones entre ruptura de escala y cambios de escala. Al fin, otra vez, el cuerpo y la técnica se enlazaban dando lugar a nuevos lugares y a nuevos espacios de complejidad en la producción de sentido.

 

Notas al pietop

 


[1]  Los comentarios que presento se realizan a partir de lo expuesto en mis participaciones en dos reuniones del seminario "Medios y cultura mediática", correspondiente a la Maestría en periodismo de la Universidad de San Andrés, dirigida por Eliseo Verón. Ciertos aspectos que formaron parte de la exposición original en ésta se separan como notas o se agregan, para mayor claridad, aquello que tuvo un carácter digresivo, seguramente poco preciso y sin mención de fuentes, se amplían en este texto.
[2] Un comentario de gran interés respecto a la posición de Platón con relación a la escritura puede leerse en Eric Havelock La musa aprende a escribir, Buenos Aires, Paidos, 2008.
[3] Goody, J. La domesticación del pensamiento salvaje, AKAL/universitaria, Madrid, 1985, (pag. 47 y siguientes), referidas a las consecuencias cognitivas de la escritura.
[4] Ángel Arrese realiza una reseña el advenimiento de las primeras páginas escitas y su papel en el campo de la economía y el comercio Prensa económica. De la Lloyd´s list al wsj.com, EUNSA, Pamplona, 2002, (p.25-27)
[5] Existe un ejemplar en la Biblioteca Nacional, ingresado en el mismo año de edición, me tocó "cortar" sus páginas poco antes de comenzar a escribir este trabajo.
[6] Puede leerse este balance en las páginas del "Posface", firmado Marie-Eve Thérenty en el mencionado 1836 L´an I de l´ere mediatrique, p.289 en adelante.
[7] Madame de Girardin y Balzac, Buenos Aires , Editorial Glen, 1943
[8] En buena medida se debe a Reclus (op.cit, pag. 3) y a Georges Weill, en menor medida, publicado el mismo año que el anterior, 1934 (El diario Fondo de Cultura Económica, México, 1941 )
[9] En esas décadas coinciden en instalación creciente un conjunto de recursos técnicos que de manera efectiva inauguran un crecimiento posible de advertir en sus consecuencias en la actualidad: el empleo de la energía mecánica (a vapor), para el transporte terrestre y marino, con aplicación también a las artes gráficas; el telégrafo no menos aplicado en el universo de la prensa por las agencias de noticias; la fotografía, que solo se verá en la prensa cuarenta años después.
[10] Esa denominación fue acuñada en EEUU antes que en Francia se impusiera esa misma modalidad.
[11] The bias of communications, University of Toronto Press, Toronto, 1951
[12]  Girardin además de concebir a la publicidad como parte de la gestión económica prestaba también atención a sus características discursivas. Insistía en la necesidad de aplicación de fórmulas concisas acerca de los beneficios de un producto junto a la evitación o multiplicación de los elogios.
[13]  En Galica.fr, archivo numérico de la Biblioteca Nacional de Francia se encuentra la colección de "La Presse", entre 1836 y 1925. Se puede encontrar también la "Le Siecle" y la del "Le Petit Journal", aquí realizaremos algunos observaciones en base a esas colecciones.
[14]  Un tratamiento particularizado de este fenómeno es realizado por Gérard Legneau en "La societé générale des anonces", Le mouvement social, Nª145. Paris. 1989
[15] Acerca de los recursos puestos en obra por "Le Petit Journal" pueden leerse en Marc Martin Médias et journalisme de la republique. Paris. Editions Odile Jacob. 1992
[16] Thérenty y Vaillant (op. Cit) dedican un capitulo al tratamiento de esta cuestión (pag.201 en adelante), donde se detienen sobre los modos de la publicidad (los anuncios en el léxico de la época), en una dirección similar a lo que hacemos aquí. Restan, sin embargo, ciertos aspectos a aclarar, que los autores consignan, se trata de la publicidad enmascarada en el conjunto del cuerpo de periódico, desde la moda vestimentaria a las obras literarias o teatrales. Por otra parte, en el mismo capítulo, se hacen referencias tanto a la retórica publicitaria como a la embrional emergencia de las ilustraciones y viñetas. Una discusión acerca de esta cuestión puede leerse en Georges Weill (pag. 145-148, nota 8).
[17] Los diversos procedimientos de producción de imágenes se difundían a través de las revistas, de aparición semanal o más extendida, dado el tiempo que demandaban los procedimientos del grabado, en sus diversas operatorias técnicas. "A comienzos del siglo XIX, el grabado de un bloque en madera ocupaba entre un día y un mes, según su tamaño; cien años después, un fotograbado de medio tono (un directo) se podía preparar en unas horas…" William Olden Diseño de revistas. Barcelona. Gustavo Gilli.1991. Las grandes publicaciones que aplicaban los procedimientos tradicionales se instalan en las décadas del 40 y el 50, el prototipo "Illustrated London News" es de 1842.
[18] Es inevitable remitirse al ya aludido "1836 l´an I de l´ére médiatique" del que aquí solo recogeremos unas briznas, aquellas que nos parece necesario enumerar pero que, para nada, eximen de la lectura de ese texto si se desea conocer el variado estatuto de la ficción en "La Presse".
[19] Recurso repetido hasta el presente. De maneta aun tímida ha sido adoptado por importantes diarios en sus versiones digitales, adecuados en forma (ciertas derivaciones de la telenovela), ajustados en extensión temporal y costos de producción a su particular alojamiento.
[20] Fórmula empleada por Eliseo Verón para indicar la ineludible condición de la instalación y circulación social de sentido.
[21] La noción de dispositivo se emplea para circunscribir esos cambios. Ver: Oscar Traversa "Aproximaciones a la noción de dispositivo", Signo y seña Nª12, F. de F. y L. (UBA), Buenos Aires, 2001 
[22] Es ilustrativa en este aspecto la lectura de los dos primeros capítulos de La estructura de la teoría de la evolución de Stephen Jay Gould que llevan por títulos "Definición y revisión de la estructura de la teoría de la evolución" y "La historia de la lógica y el debate darwinista". (Tusquets Metatemas. Barcelona. 2004)
[23] Respecto a las convicciones acerca de la creencia de que el hombre trasciende a la vez la realidad de las otras formas de vida y su propia naturalidad, ha sido discutido en La fin de l´exception humaine, Jean-Marie Schaeffer, Gallimard, Paris, 2007
[24] Para la primera situación un ejemplo puede leerse en Barbier y Bertho Lavenir (p.410) y el segundo en Chartier, en especial en la formulación sintética expresada en un reportaje en ADN (revista cultural del diario "La Nación" de Buenos Aires el 21 de enero del 2011). Este señalamiento en nada pone en cuestión los aportes particulares de esos autores.
[25] La ley Guizot establece, en 1832, consistente en la creación de escuelas normales en todo el extendido del territorio. La enseñanza obligatoria y gratuita deberá esperar casi cincuenta años, la ley Ferry, contemporánea de la 1420 de la Argentina. 
[26] En este aspecto insiste Ithiel de Sola Pool: "Discursos y sonidos de largo alcance" en Historia de la comunicación Raymond Williams ed. Bosch Casa Editorial. Barcelona. 1992
[27] Espacios mentales. Gedisa Ed. El mamífero parlante, Barcelona. 2001
[28] Icono, índice y símbolo corresponden a la diferencia que Peirce establece entre primaridad, secundariedad y terceridad. El símbolo se refiere a algo por la fuerza de una ley, el caso de las palabras de una lengua; el índice es un signo que se encuentra en contigüidad con el objeto que indica, el síntoma de una enfermedad por ejemplo o la veleta que indica la dirección del viento; el icono exhibe la misma cualidad o la misma configuración, los diagramas que muestran la relación entre propiedades, por ejemplo. La pobreza de estas descripciones es solo orientativa para permitir la lectura de aquellos ajenos a estas nociones.
[29] Verón, E. op.cit. 25, pag.132

Bibliografíatop

Autor/estop

Oscar Traversa es Profesor Consulto de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y Director del Área de Crítica de Arte del Instituto Universitario Nacional del Arte. Integra, en organismos universitarios y de investigación, funciones de consultor y evaluador de proyectos (CONEAU, CONICET). Dirige y ha dirigido, a partir de 1984, grupos de investigación en las universidades de La Plata y Buenos Aires, financiados por esas instituciones el CONICET y el FONCYT (dirige en estos momentos dos proyectos: en el IUNA y ANPCyT). Ha sido miembro fundador y director de las revistas Lenguajes, Cuadernos del CEAGRO y Figuraciones, de esta última es actualmente editor. Se formó en Francia, en la EHHSS bajo la dirección de Christian Metz y obtuvo su doctorado en la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección de Nicolás Rosa. Ha escrito los siguientes libros: Cine. El significante negado (Hachette, 1984), Arte y comunicación masiva (1996, junto a O. Steimberg), Cuerpos de papel I (Gedisa, 1997), Cuerpos de papel II (Santiago Arcos, 2007) y compilador junto a O. Steimberg y Marita Soto en El volver de las imágenes (La crujía, 2009). Se encuentra en prensa inflecciones del sentido (aparición diciembre, 2010).


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Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
Yatay 843 (C1184ADO) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 54 011 4861.0324

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