crítica de artes    
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Memoria del arte / memoria de los medios n° 1 / 2
dic.2003
semestral
Entrevistas
Una memoria paradójica, una ambigüedad trágica.
Entrevista a Daniel Santoro

minibio
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Figuraciones: Debe haber pocos casos como el de tu pintura, gustada por razones de memoria política por gente que se detesta entre sí, a partir de esa memoria política.

Daniel Santoro: Sí, es una paradoja, todos la reconocen como si para cada uno fuera su memoria.
Me asombra la paradoja. El peronismo es más extraño de lo que uno podría llegar a suponer. Pasó al revés cuando salió mi libro "Evita para principiantes": los editores enviaron a las librerías una figura de cartón, con una imagen realista de Evita, y las imágenes duraron menos de un día; los clientes amenazaron con no volver. Las imágenes de esa negrita teñida de rubio no eran aceptables como las del Che.

F.: Y con tu exposición pasó lo contrario: el antiperonista veía sátira donde el peronista veía nostalgia emocionada. ¿Por qué?

D. S.: Porque mis cuadros caminan un territorio de ambigüedad. Como si una elegía tuviera un lugar oscuro, sin un público determinado. Por ejemplo: cuando hago el cuadro de las manos, "derecha" e "izquierda", el peronismo es el vacío que está entre los dos. Habría que remontarse al Tao para encontrar una fórmula parecida; dice algo así como: "30 rayos convergen en el centro de la rueda; en el vacío reside la utilidad de la rueda; en el lleno, la posesión". Eso es lo que hace útil al peronismo, un vacío. Yo no me diría peronista hoy, porque no tiene sentido. Tal vez espere que vuelva una épica.

F.: Tus imágenes siguen girando como en el sueño. Ese onirismo recorre tu obra; con ese atrapamiento de los opuestos, esa insistencia de unas propiedades oníricas sin traducción.

D. S.: Sí. Al principio eran juegos de mi memoria, no pensaba que los iba a mostrar. Mis sueños son mis recuerdos de charlas de café. En el café se navega sin saber adónde, en viaje personal; uno se ensueña. Mis cuadros circulan por un lugar ambiguo, que no es el de la elegía. Hay elegía, pero detrás están las amenazas, las oscuras intenciones, el luto; lo inquietante. Ninguno está limpio, está la mácula, la pérdida

F.: ¿Y hay algo épico, en la amenaza?

D. S.: Si, cuando en mis cuadros los chicos del peronismo son felices, tienen un luto. A pesar del almidón de los delantales, nadie está limpio. Bosques, amenazas, y ellos: con su luto, y demasiado claros, demasiado confiados, criados en la República de los Niños Mis cuadros, con sus personajes, son el anti-Berni.

F.: En el café, con sus ensoñaciones, ¿cómo aparecen los medios?

D. S.: Es fundamental el recuerdo de algunas revistas, como Mundo Peronista y Mundo Atómico. En Mundo Peronista, que no era una revista del Estado, se vuelca todo lo ideológico del peronismo, pero también en sus gráficos y viñetas, que representan al ser humano desde una especie de stalinismo blando. Los gauchos son felices y de piel rosada. El constructivismo de la época soviética había sido, como el que después pudo verse todavía en las ilustraciones de la Alemania Nazi, un constructivismo duro. El del peronismo es blando. Esa blandura se ha olvidado junto con los fusilamientos; el mismo peronismo lo quiso olvidar. Yo no puedo pensar esa gráfica sin pensar el peronismo; pero el peronismo, no la política. Yo me siento ajeno al arte político.

F.: Aparte: se dijo que es "neo-kitsch", ¿no?

D. S.: Sí, si yo hubiera pintado una rubia norteamericana en vez de pintar a Evita, hubiera sido pop.

F.: En esa remisión al kitsch hay una negación, un olvido del estilo.

D. S.: Eso pasó también con la arquitectura. El estilo que surgió durante el peronismo no tiene homologación externa. Y entonces no se reconoce. Se cree que es el de la Facultad de Ingeniería, el de la Facultad de Derecho. Pero las obras arquitectónica pensadas durante el peronismo, no antes, son modernas o pintoresquistas: el Teatro San Martín de Mario Roberto Alvarez, los hoteles de Río Tercero. Grandes edificios modernos y casitas con tejas.
Mi pintura se salvó cuando tuvo homologación externa. En ese sentido, uno se sigue salvando cuando le pasa como a Gardel; en mi caso, cuando Modern Painters, la revista norteamericana (que ya tenía diez años) dirigida por Karen Wright y financiada por David Bowie, me dedica el primer dossier referido a un pintor argentino.

Entrevista realizada en Buenos Aires por Oscar Steimberg y Oscar Traversa

Daniel Santoro nació en Buenos Aires en 1954. Estudió en la Escuela de Bellas Artes P. Pueyrredón. Fue realizador escenógrafo en el Teatro Colón (1980 - 1991). Presentó numerosas muestras en el paí­s y el exterior. Entre otras en la Argentina, "Recuerdos de Billiken", Salas Nacionales de Exposición, 1990; "En estado de gráfica", MAMba, 1996; "Un mundo peronista", Centro Cultural Recoleta, 2001. Obtuvo el 1er. Premio del Concurso de Croquis sobre Ballet del Teatro Colón (1984), el 3er Premio Pintura en Anguilara (Roma, Italia) y el 1er Premio Salón Municipal M. Belgrano, dibujo (1986).

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