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Dispositivos mediáticos: los casos de las tapas de revistas en papel y en soporte digital n° 9
dic.2011
semestral
Editorial

Dispositivos mediáticos: los casos de las tapas de revistas en papel y en soporte digital


Oscar Traversa

aAimprimir

Los textos que aquí se presentan son el resultado de un trabajo colectivo: lo confirmará su lectura pues, aunque no disimulan la singularidad de los diferentes caminos recorridos, exhiben ciertas insistencias. Estos trabajos se encadenan con otros que pueden leerse en el número cinco de esta misma publicación, referidos a las tapas de semanarios producidas en papel; el actual, en cambio, va al encuentro de diferencias con un producto que ocupa un lugar parcialmente equivalente: las front page (páginas de inicio) de las revistas digitales presentes en la Web, que cuentan con versiones en papel.

Lo primero que nos surgió como problema a los que participamos de este estudio fue lo resumido con los términos "parcialmente equivalente", pues notamos que el inicio de ambos productos periodísticos, destinado a indicar su identidad, no era semejante a pesar de cumplir funciones cercanas. Notamos enseguida que fijar similitudes y diferencias no constituía una tarea simple, fruto de una descripción meramente componencial, reducida a una lista más o menos extensa de atributos; si bien esa tarea es operativamente indispensable; no podía considerarse suficiente, requería además, desentrañar los procedimientos que conlleva cada una de las variantes que, al menos desde un punto de vista meramente funcional, presenta diferencias, de las que pueden suponerse plurales consecuencias en la producción de sentido.

Al igual que en el caso de las tapas en papel, -ahora como hipótesis diferenciadora y no como conclusión, de atenerse al estudio anterior-, unas y otras gozan de cierta autonomía de procedimiento, en cuanto dan lugar a relaciones vinculares texto-lector diferentes y también a los modos en que ellas remiten al conjunto de la revista y, en ciertos casos, a componentes externos (otras publicaciones, links de diversa especie, etc.).

El metafóricamente llamado "interior", término que empleamos para distinguir el componente de separación e inicio del conjunto de las revistas, de aquello designado como "tapa" (metaforización no solo propia de nuestra lengua, cover, couverture, por caso, en lengua inglesa o francesa) no se encuentra clausurado en la "front page", opera también como puerta para acceder a otros ámbitos, cuyas propiedades exceden la homogeneidad componencial propia del papel (música, imágenes móviles).

Esta hipótesis acerca de las diferencias en las cualidades vinculares entre uno y otro componente de las publicaciones parte genéricamente de su consideración en tantodispositivos, distintos en tanto son responsables, como podrá leerse, de desplazamientos entre enunciado y enunciación. Esa situación se manifiesta de maneras muy diferentes en uno y otro caso; no solo por las propiedades que se derivan de su instalación en la Web (alcance, temporalidad, modos de enlace) sino también por la variabilidad de sustancia discursiva. De aceptarse esta distinción, se hace necesario apelar al doble examen: por una parte, dar cuenta de la sustancia de los componentes de lo enunciado y, por otra, de las condiciones que los modelan en el topos particular donde se instala, articulación que da lugar a las cualidades enunciativas y a sus plurales inflexiones, resultado de su particular alojamiento.

En cuanto a lo primero, la sustancia, como podrá leerse a lo largo de los trabajos las variantes son múltiples. Una de las claves para dar cuenta de los procedimientos de inflexión entre enunciado y enunciación entre las variantes papel-digital, consiste en la selección del universo de análisis. Con ese fin se eligieron publicaciones que se replican, al menos nominalmente, en uno y otro soporte, para el caso un conjunto de publicaciones argentinas: "Noticias", "Veintitrés", "Cosmopolitan", "Para Ti", "Nah!", "Barcelona", y otras) donde, como se verá, la sustancia manifiesta no es homogénea. En cuanto a lo segundo, el topos, sus límites no se restringen a la mera reproducción de los componentes gráficos presentes en el mundo del papel, sino que los juegos propios de las pantallas se diversifican de manera heterogénea, en distintas direcciones (casos de "Barcelona", Nah!", Rolling Stone"), sea por la multiplicación de series (sonoras o de imagen), sea por juegos discursivos alejados de los gráficos, o bien, transformados.

Pudo notarse en principio y se confirmó en los análisis particulares, que las variantes se sitúan desde el polo de la diferencia casi absoluta de los componentes textuales, hasta la mera transcripción pasiva o facsimilar. Las diferentes configuraciones permiten adelantar hipótesis en cuanto a la puesta en juego de estrategias diferentes en cuanto a las relaciones entre papel y digital e, incluso, supuestos acerca de las posibles pervivencias de algunas de esas variantes.

La inconstancia o inestabilidad de esas diferencias manifiestas en lo digital, sus cambios sin justificaciones evidentes o avisos (en muchos casos) por parte de la redacción, permiten pensar en un experimentalismo sin rumbo definido guiado por el propósito de conquista de un público no bien conocido (o francamente desconocido) en sus procederes de lectura.

Asentadas estas variaciones en un sustrato tecnológico de extrema plasticidad, las variantes que ofrece la digitalización admiten cambios de un costo tanto temporal como de recursos no fácilmente alcanzable por otros soportes. Esto confiere a las publicaciones que se valen de ese recursouna cualidad emergencial ausente en el universo del papel, del que puede suponerse un arraigo de las costumbres de lectura de una magnitud y características disímiles.

Esta última propiedad introduce una dimensión inusual en la investigación discursiva de este dominio, contingencia que puede pensarse como una dificultad ausente en los corpus en cierto modo cerrados (publicaciones periódicas o medios con atributos de "tradicionales"), lo que habilita un campo de hipótesis interesante. Esto último permitiría adjudicar a cada variante estable carácter de sintonías sociales fuertes con un recurso que puede manifestarse a través de ciertas soluciones gráficas o de procedimiento (fotografía, ilustración, ortogonalismo) pero también otras de gran extensión, propias de un nivel distinto, como el empleo de componentes narrativos.

Esta última cuestión no es menor pues da lugar a asuntos que podríamos llamar "clásicos": el estatuto de la narración sería uno de ellos, pues se presentan en las ocurrencias de la Web procesos que integran juegos entre carencias y restituciones. Juegos de preguntas y respuestas, invitaciones a la acción o al encuentro, proclamas políticas de modalización asertiva (dogmáticas o casi religiosas), invitan a explorar en qué medida los procedimientos narrativos se alojan en la esfera de los nuevos recursos tecnológicos. Acaso, esos procedimientos, propios de un largo asentamiento en la discursividad social, han sido abandonados o bien se han transformado y permanecen, en modo latente, en las configuraciones más actuales.

Una característica de la prensa del siglo XIX fue la de incorporar como componente del cuerpo editorial la narración según la especie novelística (el llamado folletín) pero, a su vez, introdujo también los procedimientos narrativos en el conjunto de los géneros de la información, constituyendo un enclave principal de la prensa hasta nuestros días. ¿Acaso la digitalización mediática trabaja ese mismo recurso de un modo particular? Asunto que queda en pie, de manera implícita, en los exámenes que presentamos, pues de diferentes maneras abre, desarrolla y restablece conflictos de un modo inédito, según una lógica de larga duración en la sociedad.

La incorporación de sucesos del día, o tópicos más o menos erráticos en cuanto a sus referencias, que hilvanan la temporalidad de una manera imposible en los semanarios en papel y acercan las versiones digitales a los medios "clásicos" (radio, TV, también a los diarios), ¿no ingurgita, acaso, el vértigo de los acontecimientos según una posibilidad abierta por la nueva potencialidad técnica, ofreciendo otro modelamiento de la temporalidad?

Un asunto estrechamente vinculado con lo anterior compete a la noción de transposiciones, empleada en los estudios mediáticos y estéticos para indicar ciertas pervivencias y transformaciones textuales debidas a los cambios de soporte (por ejemplo, pasajes de la literatura al cine), y que es un fenómeno asociado especialmente a la permanencia de componentes narrativos. La operatoria transpositiva da lugar, para señalarlo de manera breve, a decir algo de un modo distinto, lo que conlleva modificaciones o acentuaciones en el texto destino, de lo potencialmente instalado en el texto fuente que, al fin, como fruto de ese pasaje, no dicen estrictamente lo mismo ("Don Quijote" o "Fausto" de la literatura no son los mismos que nos ofrece el cine).

La presencia de una fuente, el papel, y un destino, lo digital, dio lugar a su tratamiento en términos de la noción de transposición. El efecto de este intento reviste interés porquela semejanza permitió advertir los límites de esta noción para ponerla en obra en estos casos y porque a su vez, esos límites patentizaron la singularidad del problema a tratar (destino propio de toda noción heurística); hasta el punto de que da lugar a pensar que lo eventualmente transpuesto es solo un nombre, que indica cosas distintas.

Se hace evidente, a partir de las discusiones que se suceden en este número de figuraciones, la necesidad de articular de una manera singular los estudios en producción y los correspondientes al reconocimiento. Lo que se puede observar, en su corto período de existencia de las novedades técnicas, es que las conductas de lectura que propician la digitalización y sus tránsitos en la WEB, no parecen menores en la configuración defenómenos sociales atingentes a la comunicación. Tales fenómenos parecen conmover las relaciones tanto con la lectura como con la escritura, dado que los nuevos procedimientos dan lugar a relaciones vinculares estrechamente ligadas a la articulación entre ambas instancias, pero descentradas respecto de situaciones anteriores.

Este nuevo hacer vinculado a la operatoria propia de las pantallas ("pantallas activas", se las ha denominado) comporta la movilización de operaciones cognitivas exteriorizables de modos particulares, que dan lugar a tránsitos de un orden diferente al de los tradicionales (constitución de redes, sistemas de interrogación y respuesta sin destino prefijado, etc.). Al menos, en principio, esto último permitiría pensar que la escisión que caracterizó el pasaje del rito al espectáculo en los albores de Occidente, se fractura o, al menos, no queda en pie como solución exclusiva para el procesamiento de la conflictividad social.

No son pocas las consideraciones que se han formulado en esta dirección: desde el advenimiento de nuevas formas de la democracia hasta su opuesto como limitante (un reciente trabajo de Evgenij Morozov se sitúa entre quienes piensan esto último de Facebook y Twitter). Podría señalarse, a través de estos síntomas de tan acusada polarización, que dicho debate se encuentra aun en sus inicios.

El restricto sector que abarcan los estudios que presentamos nos da una muestra de nuevas prácticas discursivas, y se busca, dentro de esos límites estrechos, habilitar un campo de hipótesis que permita adentrarse en ese nuevo espacio problemático, con un instrumental que aporte a esa discusión un conjunto de indicios sobre las relaciones efectivas que cumplen quienes participan para dar lugar a los fenómenos en cuestión.

 

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