crítica de artes    
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Memoria del arte / memoria de los medios n° 1 / 2
dic.2003
semestral
Bibliográficas
Efectos de agenda
Eliseo Verón, (Gedisa, 1999, Barcelona)
Domin Choi
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Texto integral

El arte de la transición

Como se sabe, la relación entre la escritura literaria y los semiólogos no sólo genera problemas teóricos; ya que ha ocurrido que habiendo algunos de ellos cruzado la línea del género que naturalmente no les corresponde (en un sentido amoroso de la infracción), su tentación los vistiera con los signos de la consagración, tanto desde el punto de vista de la producción como desde el del reconocimiento. Junto al caso más resonante de Umberto Eco está también el de Los samurais de Kristeva, el de El hombre desplazado de Todorov y el póstumo Incidentes de Barthes, entre otros. Y hasta podría incluirse el narrativo e iniciático Tristes trópicos de Lévi-Strauss. Por supuesto la lista de los viajeros de género es más larga y podría extenderse a filósofos, psicoanalistas, incluso a sociólogos...

Efectos de agenda es el primer tomo de una serie, dado que ya ha salido su continuación: Espacios mentales (Efectos de agenda 2); y por el momento nada indica con certeza algo que podría detener su curso. Ante una primera mirada, en estos libros parecen mezclarse, con criterio aleatorio, relatos de viajes, confesiones de gustos literarios -por ejemplo por Stephen King-, diversos encuentros personales -por ejemplo con Perón-, la experiencia mediática de la muerte de Lady Di, una invitación de Mauro Viale a su programa, análisis de fotografías de una zona del Tigre publicadas en la revista Viva, los mundos paralelos de Harry Potter, la música de Jewel Kilcher, una tontería de Pierre Bourdieu, los teóricos de la mente Jerome Bruner y Nelson Goodman, unas expresiones de ternura de Jean-François Lyotard, la relación con su hijo Daniel, el sesgado y a la vez directo "homenaje" a Roland Barthes... Hemos extendido la lista para dar cuenta de la diversidad de temáticas -¿deberíamos decir de espacios mentales?- por las que discurren los libros de Verón. Pero el resultado, lejos de constituir un monstruoso collage "posmoderno", testimonia la firmeza de una creación teórica.

Estos volúmenes no sólo insisten de un modo más literario en los temas de los trabajos anteriores de Eliseo Verón; también exhiben la impronta de una necesidad de ruptura y a la vez de continuidad de su recorrido teórico. Y una de las problemáticas iniciales de Efectos de agenda podríamos designarla como la del orden de los acontecimientos. Se trata de que un cierto ordenamiento haga saltar las normas discursivas previsibles para plantear así nuevas opciones de escritura, que implican a su vez problemas y planteamientos teóricos nuevos. En este caso, el particular orden que propone la lógica de la agenda debería hacer entrar el azar produciendo saltos, desvíos y rupturas en las trayectorias temáticas y enunciativas. Pero con la introducción del azar no se trata de abandonarse al "placer del texto" dejando de lado la "tecnología estructuralista", sino de buscar un entramado de reglas (nuevas) para hacer converger, de una forma transversal, los distintos mundos, con sus espacios mentales, que nos toca atravesar. Se trata, puede decirse, de buscar reglas de deslizamiento, reglas tal vez no enunciables de modo referencial; de ahí la elección –vacilante...- de nuestro título: "El arte de la transición".

Tal vez la norma que se intenta hacer saltar aquí sea, nuevamente, "la norma científica de la argumentación", que en sus textos anteriores Verón puso en duda desde el punto de vista del enunciado -sobre todo en La semiosis social- pero no desde el de la enunciación. Y es por esta senda que vuelven la problemática del observador, la práctica de la enunciación y la subjetividad. El mismo Verón dice que si se ha tornado hacia la lógica de la agenda es porque la ruptura que abren las puertas de la ficción (subjetividad estetizada), o la subjetividad personal (subjetividad autobiográfica) le parece "demasiado pobre". Sin discutir el estatuto de esta pobreza, podemos sumergirnos en la lógica de la agenda que nos propone Verón y divisar allí una escritura que problematiza la práctica de la enunciación y un ordenamiento de los "acontecimientos" que alinean trayectorias con operaciones aleatorias y direccionales.

La primera "anotación" de la agenda se abre con una remembranza sobre Barthes, y reproduce un artículo publicado en 1982 que tiene finalmente un tono de homenaje, pero que presenta ya en forma lateral la problemática que inunda el libro: Verón, en vez de sumergirse en los contenidos y restringirse al género "artículo de homenaje" -es decir, al establecimiento de una relación metalingüística con los temas barthesianos convirtiéndolos en contenidos- vuelve una y otra vez sobre su propia práctica de  enunciación, retomando la de Barthes. Porque "escribir sobre alguien porque está muerto, porque se ha muerto, implica una posición de enunciación que tiene algo de intolerable", y sería un escamoteo de la situación incurrir en eso que se llama "rendir homenaje al autor desaparecido".

¿Cómo escapar, entonces, de la trampa de la legitimación? "No se puede evitar la doxa, la única manera de jugar contra ella es mostrándola (...)" Sin embargo, agrega Verón que no es tonto hasta ese punto: "sé que la puesta en discurso hace aparecer el conjunto como un artificio, tanto más deshonesto cuanto más se muestra." En última instancia, después de todo, podemos preguntarnos si señalar esta deshonestidad no hace a su vez volver sobre ella. Sea como fuere, este juego enunciativo, que consiste, entre otros, en reemplazar "su" primera persona por una tercera, le permite a Verón interrogarse sobre el estatuto social de la enunciación: ¿Quién es uno para escribir un artículo-homenaje sobre Barthes?, ¿Qué estatuto -social u otros- tiene esta posición enunciativa que permite sostener un discurso específico? Y fundamentalmente: ¿Qué consecuencias teóricas están implicadas cuando se hace entrar en juego las posiciones enunciativas? En fin, ¿Quién sabe?

Aquí Verón practica una división entre el contrato de referenciación -que produce una ilusión de objetividad científica-  y el saber. Si la objetividad de la denotación funda un tipo de conocimiento estableciendo una relación de metalenguaje con respecto a su objeto, el saber pone en perpetuo desplazamiento la enunciación. Además, como el soporte del saber no está en ninguna parte -ni subjetivo ni objetivo: es un entre-dos- así el trabajo permanente sobre la enunciación lleva a retomar otros discursos en lo que comporta una constante reficcionalización. De este modo, parece constituirse la oposición entre la reficcionalización de los desplazamientos enunciativos con respecto a la reificación del contrato referencial. Es este constante desplazamiento de la enunciación lo que determina la organización de Efectos de agenda, ylo que desembocará, en el segundo tomo de la serie, en el despliegue de otra problemática, la de los deslizamientos de unos espacios mentales a otros.

Autor/estop

Domin Choi es Licenciado en Artes. Actualmente dicta clases en Teoría y Medios de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. En el marco del IUNA es profesor de las carreras de Artes multimediales y Crítica de artes. También se desempeña en la Fundación Universidad del cine en la carrera de Historia, Teoría y Crítica cinematográfica. Recientemente ha publicado Transiciones del cine, de lo moderno a lo contemporáneo.

dominchoi@yahoo.com

 

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