crítica de artes    
figuraciones
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Memoria del arte / memoria de los medios n° 1 / 2
dic.2003
semestral
Secciones y artículos  [3. Objetos de memoria]
Los temas no polí­ticos en la vieja prensa de facción
Sergio Ramos
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Abstract

Antes de los grandes diarios modernos había prensa de facción. Y la historia de los medios, en general, recorta para referirse a ellos la zona temática que los mismos diarios jerarquizaban: los artículos políticos; también, a veces, la vida de los folletines. Pero la prensa de facción no contenía solamente artículos políticos.
En este trabajo se centra el análisis en los textos no políticos de la prensa de facción, considerando su articulación con los artículos propiamente políticos, y avanzando en la reconstrucción del funcionamiento de esos diarios como un todo, como un sistema.

Palabras clavetop

prensa, identidades políticas

Abstract en ingléstop

Non political subjects in the old political press

This paper analyzes the political press that predominated in Argentina during the XIX century, before the rise of the modern press, focusing on the non-political texts of those newspapers “of faction” (periódicos “de facción”). After describing the non-political texts, tackles the relation between those texts and the real political articles, so to advance into the understanding of the way those newspapers operated as a whole –in other words, considering them as a “system”-, and exploring its role in the construction of political identities and collectives.


Palabras clave

press, political identities

Texto integraltop

1. Introducción

Golpe mortal- Ayer un italiano se cayó de una vereda alta quedando sin sentido á causa de tal golpe.
Cuando la policía lo recojió tenía el cráneo destrozado y estaba bañado en sangre.
Baste decir que el comisario que lo mandó al departamento decía en la órden que se recibiera el cadaver del individuo Pedro Coral, que así es el nombre de esa víctima de los licores. ("Golpe mortal", en La Nación, 28 de mayo de 1872, p. 2)

1 Una obviedad: antes de los grandes diarios modernos había prensa de facción; es decir, periódicos y diarios ligados a los grupos políticos vigentes en ese momento. Y la historia de los medios, en general, recorta para referirse a ellos ese tema, ese actuar político que los mismos diarios jerarquizaban.

Sin embargo, la prensa de facción no contenía solamente artículos políticos, y, consecuentemente, esa periodización, que selecciona lo mismo que el diario jerarquiza, puede aparecer como problema.

Porque partimos de un primer supuesto: el diario es, en su entramado de base, un sistema de géneros, es decir, una serie de casilleros[2]. Y, desde ese supuesto, aquel recorte deja la descripción incompleta, no agota la postulación de hipótesis sobre el funcionamiento del diario como tal, sobre su vida social.

 

2. Las zonas "bajas" de La Nación Argentina – La Nación

2 Así partimos de una ausencia: la vida de algunos géneros menores, como el de los faits divers, de los diarios del siglo pasado carece de historiadores. Ausencia notable: las crónicas policiales de 1880 se parecen demasiado a las que después definirán socialmente a la prensa amarilla[3].

Surge entonces como un primer trabajo relevar el sistema de géneros propio de La Nación en ese momento estilístico. Primero, la lista: folletines, editoriales, crónicas parlamentarias, documentos y comunicados –transcriptos–, telegramas, informes de movimiento marítimo y comercial, faits divers, crónicas, artículos de costumbres. En todos ellos aparece una continuidad: la puesta en escena -la transposición- de conversaciones que atraviesa todo el diario.

3 Y en estos últimos géneros encontramos una figura repetida, un tipo de enunciador que llamaremos cronista local. Un autor que se muestra, y muestra su trabajo de escritura[4]; que usa un lenguaje altamente figurado, y que recurre a la cita de expresiones coloquiales: "(estas fiestas) han estado fiambres". La escritura en primera persona irrumpe en repetidas oportunidades, los subjetivemas son frecuentes y hasta se hace uso del nosotros inclusivo: "… no vimos un solo rayo de ese sol de mayo…" (las dos citas corresponden a "Fiestas mayas", en La Nación, 28 de mayo de 1878).

Y dentro de esos géneros, el cronista local se repite, en principio, sobre dos ejes: espacio y tiempo.

4 Respecto del espacio, aparece en las crónicas dedicadas a los espacios públicos no oficiales –teatros, bailes, sociedades–. En el caso de los teatros, la clase de textos cristaliza con el tiempo en "Sección".

Respecto del tiempo, el cronista local aparece, por un lado, en el artículo de modas –la aparición y el auge de una moda es un problema temporal– y, por otro, puede irrumpir en el diario al ritmo de las festividades, y aquí el caso más extremo es el del carnaval de 1865:

Nuestro diario no se ocupa hoy sino de los asuntos del día, que son las intrigas del carnaval.
Hacemos notar una cosa de muy buen agüero. La cuestión Oriental, tratada hasta hoy en son de guerra, la és tratada en este momento en tono de broma.
En vez de terminar á balazos el órden de cosas allí existente, la Nación Argentina le entoue (sic) su responso al compaz de huevazos y con gritos de alegría!
Demos gracias á Dios por este feliz resultado! ("Política carnavalesca", en La Nación, 26 de febrero de 1865, p. 3)

5 El caso de los artículos de costumbres y los faits divers de La Nación - La Nación Argentina merece algunas consideraciones.
A la hora de precisar las diferencias entre prensa amarilla y seria, Steimberg y Traversa en Por donde el ojo llega al diario (1997: 85-86), señalan entre otras, la tematización del accidente, en el sentido estrecho del término –por ejemplo, el accidente automovilístico–, y, en un sentido más amplio, como lo singular –se entiende como opuesto a la norma–[5].

Ahora bien, los dos géneros mencionados tematizan el accidente. En el caso de los artículos de costumbres esto sucede con bastante frecuencia –cuando no describen un tipo o una costumbre–. Son las oportunidades en que se cuenta un caso de ruptura de la norma para mofarse de su protagonista; se señala con el dedo, burlonamente, al desubicado, al que está fuera de lugar. En el caso de los fait-divers siempre se tematiza lo extraordinario: un hombre que enviudó seis veces, una mujer que cumple más de cien años. La tematización del accidente establece en esta etapa una continuidad entre artículos de costumbres y fait divers.

6 Sin embargo, la norma que se quiebra o que se problematiza es diferente en cada caso, en el artículo de costumbres es una norma social, del orden de las costumbres, de los problemas de la sociedad; en el segundo caso, convoca a la especie, son los problemas del hombre –el intercambio de mujeres y la muerte, por ejemplo–.

Finalmente, la tematización del accidente se corresponde con un tratamiento similar: mirada cómplice y divertida, que los incluye en la zona baja del diario.

Seis mugeres y un hombre- Anuncia el Courier de la Gironde la muerte de un tal Vander Spyt a la edad de 78 años, viudo de cinco mujeres cuyos nombres cita, los que no reproducimos por importar poco á nuestros lectores. Este prójimo, ejemplo admirable de paciencia, puesto que no se requiere poca para lidiar sucesivamente con cinco mujeres y otras tantas suegras, ha dejado por fin viuda inconsolable á su legítima esposa que completa la media docena y se llama Serafina Claus.
Pedimos una lágrima para ese mártir seis veces del amor conyugal. ("Seis mugeres y un hombre", en La Nación Argentina, 24 de mayo de 1863)
 
Una liliputiense- Hállase en Montevideo y en breve será exhibida, una mujer cuyas pequeñísimas proporciones realizan la historia de Gulliver sobre la raza liliputiense.
Ese ser minúsculo, perfectamente desarrollado, es un producto de la fértil provincia de Corrientes. Cuenta 12 años de edad, llámase Marcelina Rivero, pesa doce libras y mide sesenta centímetros, cuya  estatura es aun menor que la del célebre enano Tom Puce. ("Una liliputiense", en La Nación, 25 de mayo de 1878, p. 1)
 
Un baño inesperado- Al zarpar ayer del Riachuelo el vapor italiano Napoli, con destino á Génova, hubo de producirse una desgracia.
Cuando uno de los pasajeros de tercera clase caminaba por la plancha tendida entre tierra y el vapor, para embarcarse, el vapor, movido por la corriente, se separó del muelle, cayendo la planchada al agua y con ella el pasajero.
Varios boteros que se encontraban cerca recogieron en el acto al pasajero, que no recibió mas que el baño consiguiente. ("Un baño inesperado", en La Nación, 26 de mayo de 1885, p. 2)
Crónica de policía- Ayer se empezó a proveer de vestuario nuevo de invierno al cuerpo de vigilantes. Para las próximas fiestas mayas los misifus se presentarán de gala, pues el traje que se les está repartiendo, llegado recientemente de Europa, es de muy bonita construcción, sobre todo los capotes y chacots. ("Crónica de policía", en La Nación Argentina, 21 de mayo de 1870, p. 2)

7 En resumen, el cronista local aparece en la crónica de festividades –en el entretenimiento–, en los artículos de costumbres y en los fait-divers. Por el contrario, los editoriales son, claramente, propios de la otra zona, la de la política, la de la enunciación racional y distante.

Habiendo esbozado ya algunos rasgos de la posición enunciativa del cronista local ¿cuáles son sus temas?. Éste es el lugar que el diario se reserva para que la realidad lo invada, para tratar lo imprevisible para los esquemas rígidos de las otras zonas del diario. La apertura temática es el rasgo diferencial de esta zona. La nota social, la noticia policial, la noticia del espectáculo, la noticia del deporte no tienen todavía reglas, saberes y previsibilidades propias; sus gérmenes entran, de manera bastante aleatoria, en esta misma zona.

8 Así, en esta etapa y en esta zona, ese cronista local se vuelve un articulador de espacios sociales –pero hay que tener en cuenta que el cronista local tiene atributos de ciudadano ejemplar–. Las fiestas mayas, las funciones teatrales, los sucesos callejeros, los acontecimientos deportivos son tratados por una misma figura de autor; son atribuibles, incluso, a un mismo autor.

En una historia de las figuras, o sujetos, que alberga el discurso informativo, que después comprenderá a los cronistas de deportes, de espectáculos, etc., el cronista local todavía no es un sujeto con especificidad periodística.

9 Retomando dos de los ejes propuestos por José Luis Fernández en Los lenguajes de la radio (1994:76): "sabiduría específica/sabiduría general, transparencia/opacidad",el cronista local en un discurso opaco exhibe su habilidad para el ejercicio de la palabra y pone en juego la sabiduría general que posee en tanto miembro de la comunidad.

Ese cronista local tiene una presencia dominante en la sección "Crónica local", pero este dominio no es excluyente. Porque estas zonas –baja vs política– no están marcadas, señaladas –ni por metadiscursos intratextuales, ni por operaciones de nominación, ni por marcas de orden gráfico–; y en una misma sección se pueden encontrar textos correspondientes a las dos zonas.

 

3. La disolución del cronista local

10 Más tarde los espacios sociales conformarán enunciadores específicos: el cronista de deportes, el cronista de espectáculos, el cronista de carreras de caballos, el cronista policial. Figuras específicamente periodísticas ligadas a esferas de prácticas singulares, lugares sociales que parecen requerir ahora saberes específicos y actividades particulares: evaluación, investigación, pronóstico –el caso paradigmático es hípicas–, y contigüidades: "experiencia", "familiaridad" –en el caso de las crónicas policiales, contacto con el bajo mundo–.

Así es a fines del siglo pasado cuando La Nación empieza a definirse claramente como una colección organizada de secciones y géneros. Esa zona de contornos difusos del cronista local se empieza a fragmentar en una serie de casilleros con nombres propios: un sistema de secciones. Cada casillero va a estar asociado a un o a unos espacios sociales y va a tener una figura de enunciador propia, con saberes específicos. Los rasgos del cronista local se pierden, y éste sobrevive localizado en un género: los artículos de costumbres.

11 Concretamente, hasta 1893, La Nación tiene unas pocas secciones estables fácilmente identificables: "La Plata", "Telegramas", "Campo Neutral", "Registro Civil", "Marítima", "Comercio", "Ganadería y Agricultura", "Notas Bursátiles y Financieras"; y otras de aparición más irregular y con nombres que se confunden con los titulares del resto de las noticias por su tipografía y su ubicación –en la misma línea que el comienzo del cuerpo de la nota–: "A pesca de noticias", "Sport", "Publicaciones", "Registro Civil", "Unión Cívica", "Noticias Militares", "Cámara de Diputados", "Ferrocarriles", "Instrucción Pública", "Vapores".

A partir de 1894, las secciones empiezan a ser más estables en su aparición y sus nombres se diferencian en todos los casos del cuerpo de las noticias al estar en otra tipografía de mayor tamaño y ubicados de manera centrada con amplios espacios superiores e inferiores. En esa misma dirección, en los primeros años del siglo empiezan a aparecer los suplementos, en 1930 se convertirá en revista semanal el suplemento "La Nación de los domingos", y a partir de 1927 La Nación publicará un sumario en tapa.

 

12 En resumen, a partir de los últimos años del siglo XIX el diario empieza a aparecer como un lugar social específico –como una institución particular–, definido en su singularidad por una serie de casilleros y voces, modelado por otros lugares sociales, con una serie de espacios y de operaciones de intermediación entre las otras instituciones y los lectores.

 

4. Dos intertextos

13 Llegados a este punto, vale considerar dos intertextos: las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma y las Tradiciones argentinas de Pastor S. Obligado. Porque, además de que los narradores de esas tradiciones se parecen al cronista local, las alusiones a la vida de los periódicos que se encuentran en los dos textos confirman la descripción realizada:

Dice Ricardo Palma en su tradición "Mujer de asta y rejón": "Todos se hicieron lenguas del arrojo de doña Feliciana, y en Lima no se hablaba de otra cosa. A haber habido periódicos, le habrían consagrado estrepitoso bombo en la crónica local". (Palma 1988: 190)

Pastor Servando Obligado en su tradición "El Café de la Amistad":
Acercaban con ruido sus sillas á la mesa del rincón el grave don Cayetano Grimau, marino en cesantía, poniéndose los anteojos para oir mejor, Larrosa cobrador de Pestalardo, (Teatro de Colón), los señores Amadeo, don Luis, don Vicente, de rematrimoniamiento reciente, á sus sesenta: padre, hijo y nieto, trinidad de Amadeos, tan religiosos como honrados; don Evaristo Pinedo, Lugones, Eastman, etc., siguiendo impertérrito, con su voz aguda y chillona, desde el artículo de fondo hasta el último hecho local, inalterable y sin pausa, sin tomar aliento, aunque sin alientos dejaba comentaristas a su alrededor, y grescas en que los más fosforescentes intrincábanse… (Obligado 19-: 223-224)
 

14 Pero en las tradiciones de Palma, el narrador también se parece al cronista local, la presencia constante del narrador –que a su vez menciona constantemente al lector–, el uso de la ironía –como metalogismo la ironía requiere para ser descifrada del conocimiento del referente, lo que, en estos casos, implica saberes locales–, y el trabajo sobre la oralidad. Palma empieza, en general, sus narraciones a partir de elementos de la oralidad que pueden ser leyendas, refranes o regionalismos y desarrolla sus narraciones, en general, a partir de testimonios orales. Se puede hablar entonces de una puesta en juego de la pertenencia a la comunidad –por el reconocimiento o no de esos saberes de la oralidad y de los referentes locales–, de un posible funcionamiento de las tradiciones como un reservorio de lugares comunes para la conversación, y, por último, de un ejercicio de la palabra legible como ejemplar.

15 En las Tradiciones argentinas de Obligado es menor: la recuperación explícita de la oralidad, la presencia de dichos y regionalismos –y su desarrollo–, la presencia de lo fantástico mediante leyendas, y el uso de la ironía. En general, la narración es más moralizante y aparece la descripción de tipos admirables: el fraile trabajador y sacrificado en "El capitán Pajarito", el educador en "La Escuela de don Juan Peña", el pionero en "El primer alambrado", y el fiscal probo en "Un fiscal catoniano".

 

5. El problema de las zonas como sistema

16 Entonces, una primera evidencia: el diario está, enunciativamente, partido.
De un lado, en lo político, un vínculo distante y figuras de ciudadano convocadas en su racionalidad[6]; del otro, un vínculo estrecho que afirma la pertenencia a un grupo en común y una mirada jocosa sobre lo que se dice –el cronista local propone una charla de parroquia–.

Los cables –entonces, aún, "telegramas"– y los informes de movimiento marítimo quedan en el medio, en una zona –que ocupa un espacio bastante reducido en comparación con las otras– que se podría llamar de la "objetividad". Se apartan de las otras dos zonas del diario porque en estos textos el enunciador se borra del enunciado –preanuncio de lo que después será programa en la prensa seria–. Este borramiento no se advierte en las otras dos zonas, que en eso sí son parecidas –la diferencia está en el vínculo entre las figuras del enunciación y en la actitud frente al enunciado–.

17 Conclusión sobre el sistema: el diario está constituido por 3 zonas excluyentes –no se incluyen, ni se intersectan–, pero jerarquizadas: primero lo político.
Pero, dentro de la primacía de la palabra política, lo político admite, para otros temas, una posición enunciativa que se muestra y se esfuerza en su trabajo de escritura, que juega, que propone una distendida charla de parroquia.

A su vez, el diario habilitaría su lectura como un medio para conversar mejor. Ese repertorio de lugares comunes, puesto en juego por ejemplo por el léxico, puede reconocerse o aprenderse; despliega las mismas posibilidades que la descripción, según las observaciones que sobre ésta realiza Philippe Hamon[7]. Así, en esos primeros años de La Nación se presupone un lugar social común, compartido por escritores y lectores, y el diario es un momento del diálogo ciudadano.

18 Entonces, pareciera dibujarse una tensión entre dos polos: una palabra política que es un medio para un fin –el acuerdo para la ley– y otra palabra que es un fin en sí misma: placer del contacto, de compartir cosas en común, del juego –ejercicio diestro de la palabra–, de la pertenencia.

Y, quizás, detrás de esa tensión haya otra. Porque ése es un momento de tensión

[8] entre la figura de ciudadano –por definición, abstracta– presupuesta en la legislación liberal, y la figura de vecino, proveniente de la legislación colonial, que liga la intervención política a la pertenencia a la comunidad y a una posición en un grupo primario: "jefe de familia".

19 En fin, queda la pregunta sobre si eso que parece un abismo entre el político –¿ciudadano?– y el cronista local –¿vecino?– es la experiencia textual de las contradicciones de la condición política del momento. Y la pregunta sobre si el doble juego entre el ejercicio de la palabra política y la confirmación del vínculo de pertenencia a la comunidad es justamente eso: un doble juego.

Queda también una certeza: vale la pena preguntarse por las zonas bajas y por los diarios de facción como sistema.

 

Notas al pie

1. Este trabajo tiene un antecedente directo en mi tesina de graduación "¿Qué hacen los diarios con las celebraciones cívicas" (tutor: Oscar Steimberg), donde se estudió el tratamiento que La Nación Argentina – La Nación y Crítica daban a estas celebraciones. Una de las sorpresas durante ese trabajo fue constatar que hasta la década de 1890, el tratamiento de estas celebraciones quedaba, en gran parte, fuera de la zona política del diario. Esto hizo necesaria la problematización del funcionamiento de las zonas no políticas de La Nación. Éste diario nace en 1863 con el nombre La Nación Argentina, que algunos años después cambia a La Nación. Crítica recién aparece en 1913, ya en la etapa de la prensa moderna.

2. "…si bien la sociedad consume al diario como género, éste está compuesto por una gran colección de géneros. Algunos de ellos son de carácter periodístico; mucho, no. Los primeros son imprescindibles, hacen a la previsibilidad del género diario. Los otros, su existencia o no, varían en cada diario particular." (Petris 1998:  37-38)

3."Muerte horrible- Ultimamente ha fallecido en Chivilcoy una preciosa jóven, que en un momento de descuido, al entrar á la cocina, se prendió fuego al vestido, sin que hubiese una sola persona que la favoreciese. Se quemó de tal modo el cuerpo, que momentos después era ya un cadáver." (La Nación, 25 de mayo de 1875, p. 1).
Hay textos todavía más "protoamarillos", por ejemplo, "Matrimonio y muerte" (en La Nación, del 1 de junio de 1875, p. 2).

4.Sin embargo, las notas, en general, no están firmadas

5.Una aclaración: se retoma la circunscripción de dos rasgos de la prensa "seria" y "amarilla" por su utilidad para describir los textos de un período anterior, pero entendiendo que, en todos los casos, un estilo se conforma por la articulación de una serie de rasgos, y no solamente por la presencia de algunos rasgos aislados. Además, su uso para la mejor descripción de un período anterior no afirma la utilidad de clasificar según categorías sociales posteriores (prensa blanca – prensa amarilla) estos textos de la primera etapa.

6.No nos detenemos en la descripción de la zona política del diario por considerar más evidentes sus rasgos principales.

7."Tal vez hay en esto a menudo un placer de aprender (más que dejarse sorprender), o también un placer de encontrar de nuevo (un léxico, ‘cosas’) y por lo tanto de recordar más que de descubrir cosas nuevas (lo ‘novel’)." (Hamon 1991: 83)

8.Para la consideración de los conceptos de ciudadano y vecino, y de su evolución, se retoman los señalamientos que realizan François-Xavier Guerra en "El soberano y su reino. Reflexiones sobre la génesis del ciudadano en América Latina" y José Carlos Chiaramonte en "Ciudadanía, soberanía y representación en la génesis del Estado argentino".

Bibliografíatop

Chiaramonte, J. C. (1999) “Ciudadanía, soberanía y representación en la génesis del Estado argentino (c. 1810-1852)”, en Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina Hilda Sábato (coord). México: Fondo de Cultura Económica.
Fernández, J. L. (1994) Los lenguajes de la radio. Buenos Aires: Atuel.
Fray Mocho (José S. Alvarez) (1995) Memorias de un vigilante. Buenos Aires: Nuevo Siglo.
Guerra, F. X. (1999) “El soberano y su reino. Reflexiones sobre la génesis del ciudadano en América Latina”, en Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina Hilda Sábato (coord). México, Fondo de Cultura Económica.
Hammon, P. (1991) Introducción al análisis de lo descriptivo. Buenos Aires, Edicial.
Obligado, P. (1955): Tradiciones argentinas. Buenos Aires: Juan L. Dasso, 1ra serie 3ra edición.
Palma, R. (1988) Tradiciones peruanas (Selección). Buenos Aires: Kapelusz.
Petris, J. L. (1998) Crónicas y naciones: Estilos de diarios/Estilos en diarios. Buenos Aires, Cantaro.
Steimberg, O. y Traversa, O. (1997) Estilo de época y comunicación mediática. Buenos Aires, Atuel.

Autor/estop

Sergio Ramos egresó como licenciado de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente dicta clases de Semiótica de los Géneros Contemporáneos. También es docente en la carrera de Crítica de Arte del IUNA en las materias Lenguajes Artísticos y Teoría de los Estilos. Ha participado en distintos proyectos de investigación y presentado ponencias sobre temas como historia de los medios, tratamiento mediático de la historia, archivos y géneros del despertar. E-mail: sergioramos@fibertel.com.ar

http://www.revistafiguraciones.com.ar
Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
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