crítica de artes    
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Memoria del arte / memoria de los medios n° 1 / 2
dic.2003
semestral
Secciones y artículos  [3. Objetos de memoria]
Memorias del cuerpo
Sergio Moyinedo
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Abstract

La memoria de los medios consiste en la posibilidad de convertir los mensajes en documentos de su propia historia textual. Una historia de los cuerpos es inseparable de los dispositivos de representación en los que la corporalidad se hace presente. El espacio abierto a la memoria por una mirada analítica sobre los medios, está relacionado con la recuperación de una corporalidad que va más allá de la mera representación figurativa de los cuerpos. Se trata aquí de considerar cómo, en los mensajes gráficos de las diferentes épocas, aparece inscripta una corporalidad como previsión de uso del mensaje. Los libros escolares, construyen un cuerpo de la lectura cuyo gesto convocado es la confianza como postura cognitiva frente a los aspectos del mundo representado. Estamos en presencia de tres dimensiones de la corporalidad: el cuerpo representado, el cuerpo de la representación y el cuerpo del análisis.

Palabras clavetop

memoria, historia, cuerpo, representación, medios

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Memory of the body

The memory of media consists in the possibility to take turning the messages into documents of their own textual history. A history about bodies, is inseparable from the representation devices where the corporality makes itself present. The space opened to the memory by an analytic sight about media, is related to the recovery of a corporality beyond the pure figurative representation of bodies. It deals with considering how in the graphic messages from different eras, there appears a corporality inscribed as a prevision of using the message. The scholar books, make up a reading body whose acclaimed gesture is the confidence like a cognitive posture facing the aspects from the represented world. Here we are in the presence of three dimensions of the corporality: the represented body, the body of the representation and the body of the analysis.


Palabras clave

memory, history, body, representation, media

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 1. Recuperación

1 Abordamos aquí la memoria de los medios no en relación con su referencia al pasado, en una estrategia de lectura que busque restaurarlo, sino en la medida en que se nos presentan como representando otra cosa que los sucesos históricos, siendo esa otra cosa la situación de lectura que les es contemporánea. Una pieza de gráfica publicitaria, por ejemplo, cuya pragmática de lectura no comporta la restitución del pasado, comparte con un documental histórico la posibilidad de ofrecerse al análisis como un "documento" de la época en que apareció al consumo colectivo; la memoria de los medios, más allá o más acá de la representación explícita de un pasado restaurado en clave de semejanza,  conserva para la mirada analítica las trazas de una contemporaneidad. Entonces, ¿qué nos dicen los medios acerca del pasado al que ellos mismos pertenecen? Pensamos que un texto de circulación mediática es susceptible de convertirse en documento histórico. Pero, ¿qué es lo que ese texto documenta?

2 En el desplazamiento representativo, la cosa aparece restaurada al costo de su conversión en objeto. Se empobrece ausentándose frente al lenguaje que la torna disponible[1] y huye definitivamente de las palabras que buscan recubrirla para restituir un origen. Con la llegada de la cultura, vemos al mundo desaparecer para siempre en sus sucedáneos[2]. La empresa del conocimiento se funda en la persecución de ese mundo como un vano intento de alumbrarlo en su plenitud; la cosa se resiste, a la vez que se ofrece, a la actividad cognitiva que se afana en restaurarla como verdad en la historia de los signos. Una restauración precaria que se definirá imperfectamente en medio de la lucha histórica que pone en juego la imagen de un mundo que busca desplazarla continuamente en el esfuerzo de mostrarse como pura existencia, no como versión sino como origen.

3 En la observación de estados locales, aquel mundo se nos presenta en medio de un movimiento paradojal entre la transitividad y la reflexividad que hace que el signo lo revele a la vez que lo oculta (Recanati 1979 [1981]: 15); no hay observación –incluso la observación "a simple vista"–, que no se encuentre regulada por las limitaciones de la interfaz puesta en juego. Sabemos que la percepción actual de un fenómeno no se restringe al arribo de estímulos externos "luego" procesados en el interior del organismo, no hay externo ni interno, hay la codeterminación, ni recuperación de "un mundo exterior pre-dado (realismo)" ni "proyección de un mundo interno pre-dado (idealismo)" (Varela et al. [1997]: 202). El mundo, al igual que su pasado, nace en el mismo momento en que nace el lenguaje que lo realiza.

4 Consideremos a la memoria como una recuperación de sucesos del pasado del mundo. Pensar ese pasado es pretender restaurar algo de lo que se predica que ha sucedido, un hecho inactual que la discursividad histórica clásica se empeña en clausurar como si el presente sucediera sobre los cimientos de lo ya acontecido de una vez y para siempre. Rememorar los sucesos del mundo consistiría en restituirlos a un orden de aparición y someterlos a las reglas de la descripción y la explicación;  pero en este sometimiento al lenguaje el pasado desaparece como presencia absoluta para ser re-emplazado en la red de las determinaciones semióticas. A partir de Peirce, podemos decir que el conocimiento del Objeto se realiza en la procesión de las descripciones que de él  se hacen en la historicidad de los reenvíos semióticos, pudiendo aparecer siempre nuevas palabras que lo nombren; frente a la cosa inamovible, la apariencia del Objeto es trabajada interminablemente por la historia de los lenguajes. Nombrar el pasado es aprehenderlo en la contingencia de su continua e interminable mutación, entenderlo en la suma de sus incontables posibles apariencias. La afirmación de Croce de que toda historia es historia contemporánea (Le Goff 1977: 27) coincide aquí con la idea de que el pasado no es abordable sino en su actualización en la escritura de la Historia. El problema de "hablar del pasado se centra justamente en el presente de "hablar". La memoria es la palabra actual, la firme ilusión de poseer lo sucedido.

5 Una palabra puede tener por función referir el pasado; a su vez esa palabra tiene las trazas de su propio pasado; el pasado de la palabra y el pasado del mundo al que refiere son inseparables en la copresencia de su doble naturaleza reflexiva y transitiva. La palabra es la referencia y su instrucción, regula a la vez que instituye su relación con el pasado. Entonces, la memoria es, en tanto escritura, a la vez una recuperación y una pérdida, un empobrecimiento de la cosa en-sí delegada en un aspecto. De aquí en más se franquea la clausura a la que el pasado fue condenado por la Historia en su versión clásica: el pasado no sucedió, sucede. Hace siglos que Cristóbal Colón atraviesa el Atlántico, pero nada garantiza que lo siga haciendo en los siglos que vienen La Historia no puede segregar el pasado del mundo del pasado de la palabra que lo nombra y, por lo tanto, el análisis histórico no puede ser sino discursivo.

6 Un objeto discursivo conserva, para quien las busque, las instrucciones para la reconstrucción de su propio pasado, mas allá que se presente o no como representando algún aspecto del pasado del mundo. Por ejemplo, la historia ilustrada en un manual escolar demanda una lectura que aborda el pasado a partir de la mención de los sucesos que presenta, y el análisis del modo en que ese pasado es referido podría ser un camino posible para considerar cómo los dispositivos gráficos habilitan la institución de una memoria colectiva. Pero no es ese tipo de relación con el pasado la que nos interesa, nuestra pretensión está más acá de aquello referido por la discursividad histórica.

 

2. Cuerpo

7 La idea de memoria aparece como dimensión insoslayable de una corporalidad que, como veremos, se constituye en diferentes instancias. Abordemos en principio el conocido problema de la figuración del cuerpo en los medios: ¿de qué naturaleza es ese emplazamiento representativo?

8 Pensemos en el dispositivo gráfico. Tenemos el cuerpo que se da a la mirada en las imágenes y tenemos el cuerpo legible que nos ofrecen las palabras que lo aluden, cuerpos explícitos en sus innumerables aspectos y comportamientos. Las historias de los cuerpos parecen a menudo limitarse a esta  percepción "plana" de la corporalidad, percepción que se presenta como eximida de las determinaciones del dispositivo de observación. Sin embargo, el acceso a la corporalidad se presenta como un encastramiento complejo de instancias de realización. La imagen "plana" del cuerpo se complejiza; según Eliseo Verón,9 "toda imagen es, a la vez, icono, figura aislable que obedece a la similaridad, a la sustitución, y espacio de deslizamientos metonímicos. El enlace de la figura al tejido del cuerpo significante (...) jamás desaparece por completo (...). Sobre esta estructura compleja, compuesta de un tejido metonímico de contactos intercorpóreos empobrecido por obra de los "puntos de fijación" icónicos, llega finalmente a injertarse la matriz del lenguaje" (Verón 1987: 147-148);esta múltiple representación de la corporalidad va a poder ser recuperada  a partir del trabajo de análisis.

9 Es en este punto de paso a un espacio analítico en el que el cuerpo se desdobla, a la vez reemplazado por otra cosa distinta de él y por una parte de él mismo, se aparece en este deslinde como objeto representado y como sujeto de la representación. El cuerpo representado y el cuerpo de la representación se superponen como el punto del mapa que se corresponde con  un punto del territorio mapeado. El cuerpo es arrastrado como presencia efectiva en el despliegue sustitutivo de las imágenes y de las palabras y ofrecido por el dispositivo gráfico a la vez como el sustituto y lo sustituido. En este momento la representación dobla su apuesta, fusión del cuerpo significante y el cuerpo significado y posibilidad de recuperación (analítica) de los "cuerpos actuantes"[3] en una combinatoria de rasgos habilitada por la superficie gráfica. Tenemos, entonces, dos niveles de referencia, el del objeto representado y el del sujeto de la representación, y este último naturalmente escindido y restituible en tanto sujeto de la autoría y sujeto de la lectura, como cuerpo invisible a la semejanza pero conjeturable en la dimensión del contacto (Verón 1987: 149). Recurrir a la memoria de los medios tal como la entendemos aquí implica la posibilidad de restablecer el contacto con el "cuerpo significante" (Verón 1987: 141).

10 Por otra parte, la presencia corporal en sus distintas instancias de realización no es abordable fuera de las determinaciones técnicas y semióticas de los dispositivos que se pongan en juego. Un aspecto de la historia del cuerpo es la historia de los dispositivos de representación en los que  aquél se ofrece como ente cognoscible. Según Monique Sicard, los dispositivos técnicos de observación y representación son a la vez "artefacto y materia trabajada (...) saber-hacer y fabricación (...). Antes de ser un rostro o un paisaje una fotografía es recibida como fotografía. Antes de ser un tumor óseo, una radiografía es reconocida como elemento del hecho radiográfico. (...) Interesarse en la imagen como objeto técnico invita a ubicarse resueltamente del lado de la recepción y de la lectura" (Sicard 1998: 11), no se trata, entonces, de indicar "aquello que del ave o del pez fue bien observado o mal reproducido. Sino de comprender como se fabrica una mirada colectiva, una cultura visual (...)" (Sicard 1998:11). En tanto lugar de constitución de la corporalidad, cada dispositivo de mediatización habilita una posición receptiva; todo mensaje, en tanto no se distingue del dispositivo en el que se constituye, propone un contacto modelado por las determinaciones técnicas y semióticas que ponen en juego la relación cognitiva; el mundo y su imagen nacen a la vez que el sujeto cognoscente en medio de las determinaciones tecnológicas de mediatización.

11 En el campo de la literatura, Barthes considera que el escritor moderno es alguien –también podríamos decir "algo"- que "nace a la vez que su texto; no está provisto en absoluto de un ser que preceda o exceda su escritura, (...) el escritor ya no tiene pasiones, humores, sentimientos, impresiones, sino un inmenso diccionario..." (Barthes 1984 [1987]: 69-70). No podemos pensar de manera diferente al lector, considerado ya no como una persona sino como la contraparte necesaria del autor en el sujeto escindido de la representación. La lectura es el trabajo sobre un lenguaje que resiste a la dispersión de los recorridos posibles del sentido, y también "leer es hacer trabajar a nuestro cuerpo" (Barthes 1984 [1987]: 38), "la lectura sería el gesto del cuerpo (pues, por supuesto, se lee con el cuerpo) que, con un solo movimiento establece su orden y también lo pervierte..." (Barthes 1984 [1987]: 42). Todo texto contiene una previsión de lectura, esta idea poco novedosa nos permite conjeturar la puesta en juego de una corporalidad con la que se cerrará la escena de la comunicación. Pero está claro que no se trata de una corporalidad del orden de lo meramente existente, de la Segundidad de Peirce, sino de su puesta en movimiento en el universo de la semiosis y a partir de sus reglas. El cuerpo de la lectura es de naturaleza teórica, "acontece en el texto" (Ricoeur 1978 [1999]: 64) y es, a la vez, producto del trabajo analítico que busca recuperar esa corporalidad. Aquí el cuerpo de la representación se vuelve lo representado, llegamos al último refugio de la ilusión representacionalista de la Historia, la frontera infranqueable más allá de la cual nos esperaría un mundo pre-dado anterior a lo pensable.

 12 El sujeto escindido de la representación deviene objeto bajo una nueva mirada, el cuerpo de la lectura surge del trabajo analítico que a la vez que lo muestra lo oculta tras las sucesivas ocurrencias en las que se presenta siempre como aspecto. No es el cuerpo de los realistas o de los idealistas que fulgura en su completud más acá o más allá del lenguaje, el cuerpo de la lectura se define espectralmente como figuración textual.

13 Habíamos caracterizado a la memoria como una recuperación. En la medida en que todo texto mediatizado puede convertirse en documento de su propia contemporaneidad, el trabajo analítico puede rescatarla haciéndola aparecer en la contingencia de su acontecer discursivo. El cuerpo acontece en el texto y sólo compulsando éste podemos restaurar aquél.

14 El cuerpo de la lectura es un cuerpo precario; convertido en objeto de análisis, sólo puede conocerse como formando parte de un mundo empobrecido por el lenguaje que lo aprisiona. Un cuerpo que se aparece como eídolon, "aspecto de la cosa, no ya de la verdadera esencia, sino su sustituto devaluado (...). Eso es la imagen, el eídolon, el espectro: la sombra que lo real lleva en su rostro, la duplicación del ser por su alegoría, su desdoblamiento en un sensible, fantasma o marioneta, del que se ha retirado la presencia (...). El eídolon es una ficción vacilante pero inalterable, encerrada en una forma plástica acabada." (Enaudeau 1998 [1999]: 40)

 

15 El cuerpo de la lectura, restituido como eídolon por el trabajo analítico, padece esa vacilación en la que se funda su apariencia mutable en la materialidad de los dispositivos de representación.

16 El dispositivo gráfico prevé la mirada como el gesto corporal que inaugura el contacto. Es la dimensión indicial de la representación la que nos franquea el paso a la espectralidad de los cuerpos del pasado abriendo las puertas al "retorno de lo muerto" (Barthes 1980 [1994]: 39). El cuerpo de la lectura es ese espectro vacilante del pasado, un pasado corporal condenado a vagar como aspecto en la historia interminable de los lenguajes que lo nombran.

 

3. Conocimiento

17 Las mujeres en la época de Rubens eran obesas y de carnes fláccidas. Esta afirmación es fácilmente cuestionable, sobre todo a la luz de lo que después le sucedió a la pintura. Menos sencillo es negar que las costumbres cosméticas aludidas en la publicidad gráfica de la década del 50 se correspondan con las prácticas corporales de los habitantes de esa época. Sin embargo, la recurrencia en una serie de imágenes en las que aparece un hombre afeitándose no nos habilita a afirmar ni la presencia ni a la ausencia de prácticas corporales análogas llevadas a cabo en una especie de realidad extra-discursiva. El cuerpo se confunde siempre con el "corpus" en un análisis que no puede dar cuenta de otra corporalidad que no sea la que se presenta en la serie analizada; en esa ilusión de poder separar el cuerpo del "corpus" y dar cuenta de las prácticas más allá de lo discursivo, reside la dificultad insalvable de los análisis "contextualistas" de los medios.

18 Por el contrario, en el estudio histórico de los medios, las prácticas sociales de lectura sólo pueden recuperarse como inscripción espectral de una corporalidad desplegada en forma de propiedades textuales. En el análisis histórico, el cuerpo de la lectura es arrastrado a la escena del pasado figurado en palabras y en imágenes; según Louis Marin,
 "más allá y más acá de las palabras y de las frases, la fuerza de (las) figuras del lenguaje traza en el cuerpo de la obra de pintura o del lenguaje la sintaxis opaca del deseo que anima al pintor o al orador y sus efectos patéticos a partir de los cuales el cuerpo del espectador y del auditor tienen a su vez lugar: ninguna descripción de lenguaje que no esté acoplada al mecanismo mimético de la imagen llegará a dar cuenta de esas fuerzas opacas de la presentación de la representación donde toman forma a título de sus efectos las identificaciones imaginarias del sujeto." (Marin 1994: 256).

 

19 ¿Cuáles son los operadores que nos permiten determinar el comportamiento del "mannequin-receptor" (Marin 1994: 325) previsto por el texto?
Tomemos como ejemplo aspectos de la discursividad pedagógica. Las lecturas escolares sobre la historia tienen por función la generación de un conocimiento  acerca de algún aspecto del pasado y demandan del cuerpo de la lectura un gesto de credulidad. Sin duda, frente a otras especies de la discursividad gráfica como la publicidad, la lectura escolar prevé una "postura de recepción" en relación con la situación pedagógica; el lector escolar, además de percibir las imágenes y palabras como representación realista del pasado las percibe como formando parte del hecho pedagógico. La postura cognitiva del lector escolar es asegurada por una situación en la que el texto es (institucionalmente) borrado como dispositivo a favor de una representación transparente del mundo;

20 "El atravesamiento de una imagen sin materia sería la condición necesaria de un conocimiento absoluto que penetraría su objeto sin dejar nada en la oscuridad o la confusión (...) las industrias del saber se encabalgan íntimamente con aquellas de la creencia y su corolario: las de hacer creer. Más se afirma –en primer lugar- el desconocimiento de los dispositivos de visión (y de representación, agregamos nosotros), mejor se ejerce –en segundo lugar- la función política de las imágenes." (Sicard 1998: 10-11)

 

21 Desdoblamiento de la presencia corporal, escena de cuerpos del pasado presentados transparentemente a una mirada que a la vez que la observa la constituye. Una primera instancia de la recuperación del pasado se funda en la función pedagógica de las lecturas escolares dedicadas a la Historia y que requieren el gesto de credulidad del cuerpo de la lectura. Es el trabajo analítico –nuevo desdoblamiento del cuerpo: una nueva mirada, un nuevo gesto, un nuevo cuerpo- el que habilita la recuperación de una corporalidad contemporánea al hecho gráfico. No podemos decir nada acerca los comportamientos cognitivos de los niños que utilizaron esos libros de lectura, sino en la medida en que aparecen previstos por los propios textos escolares y por la metadiscursividad pedagógica de cada época.

22 Lo que los medios nos dicen sobre el pasado se funda en la recuperación espectral de un mundo corporal devaluado por los lenguajes que lo señalan como acontecido. La mirada analítica pone en funcionamiento al cuerpo de la lectura –un mannequin, un Golem, un pobre sustituto–, lo "pone en representación" en el mismo momento en que instituye la relación indicial por la cual "lo muerto retorna". El trabajo de análisis se abre en una suerte de abismo, lectura sobre lectura, mirada que se constituye en la restitución de la frontera donde se define la ambigua relación entre la representación y lo representado, apertura de un nuevo espacio para la corporalidad. El momento analítico requiere de la suspensión de una historicidad en la que el cuerpo del análisis será él mismo arrastrado a la existencia espectral; así como el cuerpo representado se constituye constituyendo al cuerpo de la lectura, en el mismo movimiento el cuerpo del análisis arriba a una existencia textual en la que recupera su historicidad. No hay cuerpos fuera del corpus. Los libros escolares –las escuelas, los salones de clase, los mapas, los reglamentos y las disposiciones institucionales– de cada época esperaron, y aún esperan, la presencia de un cuerpo afectado por una credulidad en la que se juega la efectividad política de la discursividad pedagógica.

 

4. Conclusión

23 Los medios abren un espacio de memoria que sólo puede ser activado por el trabajo analítico. Lo que en ese espacio aguarda es la posibilidad de recuperar los posibles diversos juegos textuales en los que la sociedad de cada momento se entreteje en el seno de los lenguajes. Podríamos pensar que un libro escolar en manos de un alumno cumple con la previsión de una lectura confiada al conocimiento; en manos de un gourmand de la visualidad gráfica compondría una lectura tan legítima como perversa; en la mesa del analista el libro llega desde el pasado para convertirse en documento de una historia textual y en nada más que eso. Y es al analista a quien corresponde activar las trazas que el mensaje retiene de su propio pasado, despertar su memoria de un mundo conjetural siempre ubicado más acá de la nada impensable que llena los intersticios de las conexiones semióticas. La historia de los libros es la historia del mundo, o parte de ella. La historia del cuerpo es la historia de sus múltiples apariciones en el abismo de un cuerpo representado, un cuerpo de la representación y un cuerpo del análisis; tres cuerpos y el mismo, el corpus, llave de acceso y  único camino por el que se abre paso la memoria del mundo.

 

Notas al pie

1. "En la re-presentación, el presente, la presentación de lo que se presenta vuelve a venir, retorna como doble, efigie, imagen, copia, idea, en cuanto cuadro de la cosa disponible en adelante, en ausencia de la cosa, disponible, dispuesta y predispuesta para, por  y en el sujeto." (Derrida 1987[1989]: 92). Limitaré aquí el uso del término ‘cosa’ a su referencia a lo existente –correspondiente con la Segundidad de Ch. Peirce- antes de devenir "objeto" de una realización semiótica –correspondiente con la Terceridad peirceana. (volver al texto)

2. "...el mundo no tiene otra presencia que el cuadro que se erige de él, representación por la cual en principio se divide y delega. Todo comienza con los sustitutos, es decir, no comienza. Lo único auténtico es el sucedáneo, imagen o palabra." (Enaudeau 1998 [1999]: 33). (volver al texto)

3. "La diferencia crucial entre la materia significante de los cuerpos actuantes  los sistemas llamados "icónicos" respecto de su relación respectiva con el lenguaje se expresa por la diferencia misma entre el principio de sustitución (propio de todo "icono") y el principio de contigüidad. En la medida en que según el principio de sustitución, ningún fenómeno de analogía comporta el riesgo de confundir el significante con el significado" (Verón 1987: 145) (volver al texto)

 

 

Bibliografíatop

Barthes, R. (1980 [1994]). La cámara lúcida. Barcelona: Paidós.
– (1984). El susurro del lenguaje. Barcelona: Paidós, 1987.
Derrida, J. (1987 [1989]). La deconstrucción en las fronteras de la filosofía. Barcelona: Paidós.
Enaudeau, C. (1998 [1999]). La paradoja de la representación. Buenos Aires: Paidós.
Le Goff, J. (1977 [1991]). Pensar la historia. Barcelona: Paidós.
Marin, L. (1994) De la représentation. Paris: Gallimard/Seuil.
Recanati, F. (1979 [1981]). La transparencia y la enunciación. Introducción a la Pragmática. Buenos Aires: Hachette.
Ricoeur, P. (1986 [1999]). Historia y narratividad. Barcelona: Paidós.
Sicard, M. (1998) La fabrique du regard. Paris: Odile Jacob.
Varela, F.; Thompson, E.; Rosch, E. (1997) De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana. Barcelona: Gedisa.
Verón, E. (1987) La semiosis social. Barcelona: Gedisa.

Autor/estop

Sergio Moyinedo Licenciado en Historia de las Artes Plásticas (Fac. de Bellas Artes /Universidad Nacional de La Plata). Desarrolla su actividad de investigación en el ámbito de la Historia y la Teoría del Arte. Es docente-investigador en la UNLP y en el IUNA.
E-mail: smoyined@yahoo.es

http://www.revistafiguraciones.com.ar
Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
Yatay 843 (C1184ADO) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 54 011 4861.0324

 

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