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Sobre historia y teoría de la crítica II n° 11
nov.2014
semestral
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La semiótica argentina y la publicación de Semióticas y La semiosis social 2. El trabajo de Eliseo Verón y Oscar Steimberg


Rolando Carlos Martínez Mendoza //José Luis Petris //
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Abstract

Existe la semiótica argentina. Una construcción teórica sólida y original que aprovechó la libertad de la que suelen gozar los márgenes, descuidados u olvidados por los centros de producción del conocimiento global. Y que se hizo fuerte en el debate local, no dentro de la disciplina, sino afuera, en el campo de los estudios comunicacionales, ante los ataques motivados por la desconfianza que genera(ba). Esta semiótica tiene sus nombres propios, y 2013 no fue un año más. En forma casual y de manera natural mostró tanto su madurez como su vigencia con la publicación de Semióticas de Oscar Steimberg y de La semiosis social 2 de Eliseo Verón. La coincidencia nos interpela.

Palabras clavetop

Semiótica – medios – géneros – semiosis

Abstract en ingléstop

There is an Argentinian semiotics. A solid and original theoretical construction that took advantage of the liberty which the margins usually enjoy, neglected or forgotten by the production centers of global knowledge. And that became strong in the local debate, not within the discipline, but outside, in the communication studies field, facing the attacks caused by the mistrust that it (used to) generate. This semiotics has its names, and 2013 wasn't just another year. In a casual way and in a natural manner it showed its maturity as well as its validity with the publication of Semiotics by Oscar Steimberg and The Social Semiosis 2, by Eliseo Verón. The coincidence questions us.


Palabras clave

Semiotics - media – gender - semiosis

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1 Existe la semiótica argentina. Una construcción teórica sólida y original que aprovechó la libertad de la que suelen gozar los márgenes, descuidados u olvidados por los centros de producción del conocimiento global. Y que se hizo fuerte en el debate local, no dentro de la disciplina, sino afuera, en el campo de los estudios comunicacionales, ante los ataques motivados por la desconfianza que genera(ba). Esta semiótica tiene sus nombres propios, y 2013 no fue un año más. En forma casual y de manera natural mostró tanto su madurez como su vigencia con la publicación de Semióticas de Oscar Steimberg y de La semiosis social 2 de Eliseo Verón. La coincidencia nos interpela.

 

2 Esta semiótica argentina, distinta y personal, tiene un doble origen: La semiosis social (1987) y Semiótica de los medios masivos (1991), antecedentes conceptuales directos de las obras del 2013. Verón y Steimberg marcaron con aquellas obras, y con el diálogo establecido entre ambas, un territorio de trabajo que no recorrieron solos pero donde siempre fueron sus cartógrafos. El resultado los excede, porque el cuerpo teórico que conjuntamente construyeron no sólo fue y es potente sino también provocador, empujando así una rica producción que se mantiene abierta.

 

3 Creemos que los que siguen son los aspectos que deben subrayarse de esta semiótica argentina. Y aunque toda operatoria de síntesis se vuelva injusta, y esta no escape a ello, nos permite presentar un primer bosquejo de cuál es su potencialidad distintiva.

 

1. El interés por los procesos de significación social-comunicacional

 

4 Tal vez la semiótica desarrollada en la Argentina tenga dos nacimientos. El primero empujado por la iniciativa de algunos pocos nombres propios (Verón, también Massota, rapidamente Steimberg y Traversa), en espacios febriles, polémicos ex profeso, de búsqueda y experimentación como lo fue el Di Tella, por ejemplo, y un segundo nacimiento, de fuerte impronta institucional, cuando la recuperación democrática de 1983, en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires. Entonces la UBA creó su Ciclo Básico Común y fue allí donde nació la primera cátedra universitaria de semiología[1] en la Argentina; sólo un año después, al fundar la Carrera de Ciencias de la Comunicación (1985), se abrió la cátedra de Semiótica I a cargo de Steimberg. Semiótica II, materia abierta para su segundo año curricular, tuvo la dirección de Verón, pero sólo durante su primer dictado, porque radicado por aquellos años en Francia no había concretado aún su retorno estable al país.

 

5 Este segundo nacimiento, el institucional, de alguna manera lo que hizo fue potenciar lo que en la primera etapa ya elegía hacer aunque de manera tal vez incipiente: el análisis de los discursos como máquinas comunicacionales, y en particular de los discursos culturales y sociales. Semiótica en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA defendió como objetos de estudio, por ejemplo, a la historieta, producto de los medios de reproductividad técnica y por lo tanto sospechado, y a la telenovela, género de consumo masivo popular y por ello despreciado. Y lo hizo exigiendo rigor y especificidad, diferenciándose de las denuncias políticas bienintencionadas pero débiles cuando no poseen una teoría debatible sobre el alcance de los efectos de sentido que generan los medios masivos de comunicación.

 

6 A diferencia de semióticas (y semiologías) que privilegiaron el estudio de los discursos literarios o artísticos, también de los culturales, publicitarios, políticos y hasta mediáticos, pero a todos ellos como máquinas de sentido deslocalizadas, es decir, retiradas de la semiosis social (el entramado discursivo de una época en el cual, y sólo en el cual, se producen los sentidos), la semiótica argentina constituyó como su objeto de estudio la dimensión significante de los procesos sociales de comunicación (alimentados con discursos literarios, artísticos, publicitarios, culturales, etc.). En lugar de la sola descripción de operatorias textuales, se exigió también el análisis de las relaciones interdiscursivas significantes, considerándose a la comunicación no como un instrumento de la política o de la ideología, sino reconociendo a la comunicación como una de las dimensiones constitutivas de lo social, de su política y de su ideología. Pensando a lo social como lo común, lo más extendido, como las condiciones productivas compartidas (por sobre la caracterización de social utilizada para cualquier producción intervenida por la sociedad, sin diferenciar si es extendida o circunscripta). Los medios masivos de comunicación y sus productos (políticos, periodísticos, artísticos, educativos, culturales, comerciales, etc.) constituyen el objeto de estudio dominante de la escena semiótica argentina.

 

7 Exagerando, seguro, pero permitiéndonos hacerlo, la semiótica argentina tomó para sí objetos del primer Barthes, el que nacía con Mitologías, pero los abordó con una mirada más cercana al último Barthes, el de s/z, por ejemplo. Objetos social-comunicacionales, casi inevitablemente soportados/generados por los medios masivos de comunicación, analizados en su complejidad intertextual, aquella que limita las posibilidades de producción de sentido esperadas por las intenciones de sus productores y que en consecuencia devuelve su dimensión política al acto de consumo, recepción y/o reconocimiento.

 

2. La sutil elisión del signo

 

8 En El giro semiótico Paolo Fabbri acusa al signo de haber sido algo así como una trampa, o un callejón sin salida, hasta el cual llegó envalentonada y contra el cual se golpeó sin saber cómo continuar la semiótica. La búsqueda de unidades mínimas de significación, cerradas a la manera de Saussure, o aún abiertas como lo propone Peirce; el nacimiento de la disciplina (en su versión europea) dentro de la lingüística, su proyecto de trascenderla, pero su práctica concreta de búsqueda de casi códigos; el impulso clasificatorio, apenas disimulado por el más poético placer por las listas; la gloria estructuralista, y luego la melancolía pos-estructuralista, redujeron a la semiótica a una matemática al revés. Comparado con la construcción de todo un universo desde una unidad mínima axiomática, el matemático par ordenado por ejemplo, la semiótica trató de reducir el mundo social a unidades mínimas modélicas universales, empujada por una utopía no sólo estructuralista sino también positivista.

 

9 "Significativamente" la semiótica argentina, la de Verón y Steimberg, sin criticar abiertamente al signo, lo elidió. En su lugar trabajó con la idea de operaciones. Operaciones de significación que agrupándose, mutuamente alterándose, expulsándose, construyendo otras nuevas y transformándose, producen sentido en cada situación concreta bajo lógicas y/o "gramáticas" inestables. Estos casos de oximoron dan cuenta de la dialéctica siempre presente entre novedad y repetición que gobierna tanto lo individual como lo social. Dialéctica que explica a la comunicación: siempre distinta, siempre cambiante, pero con permanencias, así sean momentáneas, imprescindibles para permitir su realización. No hay comunicación sin repetición, no hay producción de sentido sin novedad, y no hay comunicación sin producción de sentido (aunque puede haber producción de sentido sin comunicación).

 

10 Verón discutió en su momento el alcance del término fotografía como para poder referir con él a un lenguaje común. Lo reemplazó por tipos de fotografías como la publicitaria, la científica, la familiar, etc., cada una de ellas con procesos y operatorias de significación distintos. Steimberg identificó procesos sociales clasificatorios como los de género y estilo, pero con posibilidades de cambio en el tiempo, tanto de delimitación como también de cambio de estatuto. Steimberg negó en la práctica, con sus análisis, la posibilidad de aplicar un mismo herramental categorial, reconociendo la singularidad de cada discursividad. Verón identificó materias perceptuales (organizadas por reglas) capaces cada una de ellas de ser soporte de lenguajes materialmente distintos, y simultaneamente materias pre-perceptuales que según las reglas que las organicen se pueden transformar en soporte de distintos lenguajes, siendo en ambos casos los lenguajes el umbral de la significación, por lo tanto negando toda posibilidad de asociar materia con lenguaje y en el mismo movimiento censurando todo proyecto semiótico de búsqueda de signos estables.

 

11 Contra la dictadura del signo, contra los sentidos preformateados, la semiótica argentina defendió y trabajó con la idea de procesos de significación siempre abiertos y cambiantes, capaces de ser descriptos y explicados sólo por sus operaciones subyacentes, constelaciones medianamente estables, aunque nunca totalmente, para Verón, y destellos siempre imposibles de asir en forma plena, pero capaces de ser parcialmente reconstruidos, para Steimberg.

 

3. El desfase entre producción y reconocimiento

 

12 Eliseo Verón introdujo entre las instancias de producción y de reconocimiento de todo proceso discursivo un quiebre, y con él resolvió de una manera original, económica y muy potente una larga historia de aproximaciones, casi todas incompletas, al fenómeno constatable de la siempre existente producción de sentido y la siempre ausente réplica mecánica de ellos en reconocimiento. Explicitamente situado en una concepción ternaria peirceana, aunque ya no del signo sino de la significación, y duplicándola en las instancias de producción y reconocimiento, bosquejó una teoría comunicacional basada en la impureza o imperfección del acto, y en la imposibilidad de su repetición.

 

13 Ninguna producción discursiva es originaria, siempre proviene de producciones discursivas anteriores. Y es en sus relaciones con lo preexistente que encripta un juego de sentidos. Pero en la instancia de reconocimiento esa producción discursiva es espontaneamente relacionada con otros juegos de producciones discursivas previamente conocidas, generando sentidos nunca iguales a los encriptados, aunque nunca absolutamente distintos (si estamos ubicados en un mismo espacio cultural y los actores sociales comparten las mínimas operaciones necesarias para la sociabilidad). El fin principal de un acto comunicacional puede ser producir un determinado sentido, pero siempre generará en reconocimiento uno distinto al construido en producción. La comunicación es, poeticamente hablando, una trágica cadena de equívocos; para una mirada épica, un proyecto utópico que igualmente se encara, o dicho politicamente, la gestión de lo posible.

 

14 La imposibilidad de la repetición de todo proceso de significación tiene dos motivos. En cada espacio cultural y/o social son distintas las "condiciones de reconocimiento" existentes, luego los sentidos generados no pueden coincidir en forma plena (lo común entre ellos es sólo un subconjunto de las significaciones producidas o un sentido básico sostén de las distintas significaciones). El otro es la impronta de la experiencia: por ejemplo, un mismo actor expuesto reiteradamente a un mismo estímulo discursivo, las segundas veces lo enfrentará con "condiciones de reconocimiento" modificadas por las primeras experiencias; cambian las "condiciones de reconocimiento", cambia el sentido producido (aunque el estímulo, materialmente, sea el mismo). Podemos extender este razonamiento al ámbito de lo social.

 

15 Si toda producción de sentido no es efecto de un discurso sino de un juego de relaciones entre discursos cruzado por operaciones, el desfase entre producción y reconocimiento nos señala que estas relaciones discursivas no son plenamente compartidas ni estables, y que la semiosis social (el entramado discursivo) es una red conformada tanto de hilos como de vacíos, un entramado discontinuo. Esta semiosis social es el objeto de estudio, el desafío, de la semiótica argentina.

 

4. La triléctica género/estilo/campo de desempeño semiótico

 

16 Oscar Steimberg en sus "Proposiciones sobre el género" identifica una serie de operaciones iniciales en toda producción de sentido. Si un discurso, por lo visto, no genera sentido si no es interdiscursivamente, los primeros sentidos provienen de su inclusión en dos series, la de género y la de estilo. Si según "La ley del género" enunciada por Derrida no se puede no entrar en género ni tampoco apartarse de él, un discurso incluido por algunas de sus características en un género determinado significa primero como perteneciente a la serie y sólo después por sus particularidades. Igual en tanto discurso de un estilo. Dicho de otra manera, muchos significados generados por un discurso provienen del género y del estilo en los cuales se inscribe o lo inscribe una sociedad, significados incapaces de producirse por fuera o con el discurso aislado de este tipo de referencias.

 

17 Pero estas inclusiones no son estables. En tanto clasificaciones sociales, los géneros tienen desarrollos en el tiempo expansivos, contractivos, de mutación, de partición o agregación, etc. Un discurso es una materialidad (texto) que a pesar de poder ser estable en tanto tal cambia como discurso, porque cambian, entre otras cosas, las delimitaciones y previsibilidades con que la sociedad va consensuando qué es cada género. Igual con el estilo, pero con la gran diferencia: en la contemporaneidad de los discursos el concepto de estilo es confrontación y debate dentro de esa sociedad, y si existe algún consenso no es social sino "comunal" (para llamarlo de alguna manera). Las clasificaciones de género y estilo sintetizan la dialéctica entre el reconocimiento social y el disenso entre las comunidades estilísticas que lo conforman. Consenso descriptivo y disenso valorativo que permite al mismo tiempo procesar comprensión y disputa, unidad y diferencia, permanencia y transformación.

 

18 Pero esta dialéctica está situada, en, como siempre, territorios en movimiento: los "campos de desempeño semiótico". Estas áreas de intercambio discursivo más o menos institucionalizadas, más o menos explícitas, más o menos demarcadas, a veces preexistentes al intercambio discursivo, otras construidas y/o modificadas por él, son el tercer término según el cual un discurso significa antes que pueda hacerlo por su singularidad. Un discurso no comienza a significar sólo en tanto integrante de un género y un estilo, sino también desde la pertinencia o no de la presencia de ese género en ese campo de desempeño semiótico, y desde la previsibilidad o no tanto, defensa o crítica (distintas para cada comunidad) de la irrupción de su estilo en él.

 

19 Todo discurso empieza a significar desde esta "triléctica" género/estilo/campo de desempeño semiótico. En un juego que muestra el carácter político del espacio receptor, que siempre es productivo. "Un" discurso, convendría entonces decir, no significa. Un discurso es un complejo de insumos para operaciones de significación que nunca concluyen y que nunca cierran un sentido (aunque en muchos casos lo intenten). O dicho de otra manera, lo que llamamos "discurso" por comodidad es siempre una colección compleja de reenvíos entre discursos. Reenvíos, además, diversos y cambiantes. Por ello los textos de las viejas semiologías devinieron en la semiosis social para nuestra semiótica, los signos en operaciones, y como plantea Nelson Goodman para el arte, la pregunta sobre el "qué es" devino en "cuándo hay". Allí se posiciona la semiótica argentina con instrumentos y proposiciones propias.

 

5. La enunciación de los dispositivos

 

20 Esta semiótica argentina le debe a Oscar Traversa la preocupación acerca de las consecuencias enunciativas de los dispositivos. Ya en el Nro. 2 de la revista Lenguajes[2] se manifiesta la voluntad por tener en cuenta la especificidad de cada dispositivo mediático con sus lenguajes y sus particulares formas de proponer y generar vínculos enunciativos diferenciados entre la emisión y la recepción. Es decir, el análisis de los fenómenos de la comunicación en tanto productores enunciativos de sentido, en contraposición con aquellos que realizaban una denuncia generalizada de los medios masivos de comunicación por su manipulación de los contenidos y "automática" manipulación de sus receptores, sin tener en cuenta la escisión entre producción y reconocimiento, la actividad política presente en toda recepción y (precisamente) la especificidad enunciativa propia de cada dispositivo mediático.

 

21 En ese número de Lenguajes, Traversa fundamenta la necesidad de esa especificidad y critica al análisis político de las prácticas sociales que no la tiene en cuenta, como si se pudiera extrapolar cualquier herramienta de análisis y/o crítica a cualquier objeto, sea este de la naturaleza que fuere. Allí denuncia a esos trabajos que se sostienen en una "ideología de la no-especificidad", que sólo lleva a simplificaciones y errores como, entre otros, el reduccionismo tecnológico (la fascinación macluhaniana, según Steimberg) que tomó rápidamente alcances cuasi-filosóficos a partir de hipótesis sobre cambios absolutos en la interacción provocados mecánicamente por los nuevos dispositivos.

 

22 Con esta búsqueda y defensa de especificidad, a diferencia de otras posturas donde se reserva la noción de "dispositivo" a la tecnología o instrumento tecnológico y el consenso social de cómo utilizarlo forma parte del concepto "medio", Traversa definió con los años al dispositivo como una particular gestión del contacto, incluyendo en él tanto el aparataje técnico como las gestiones sociales de distribución y circulación de los textos producidos por esos instrumentos técnicos. Es decir, introdujo a la sociedad en la decisión de cuándo y cómo utilizar las posibilidades técnicas de cada tecnología, y no la redujo a sujetos expuestos a la utilización de ellas.

 

23 En "Aproximaciones a la noción de dispositivo" (2001) pone el acento en la naturaleza de la gestión del contacto, privilegiándola por sobre las características técnicas del aparataje, lo que permite establecer distinciones vinculares que, de otro modo, sólo teniendo en cuenta la consideración de la técnica puesta en juego, quedarían lateralizadas. La semiótica argentina alimentada con esta concepción antes social que técnica de los dispositivos y los medios, completa su esquema básico. De la misma manera que un discurso no significa sino que lo hace la interdiscursividad en la que actúa, que antes de intervenir en ese proceso significante por sus particularidades lo hace reconocido socialmente en la triléctica género/estilo/campo de desempeño semiótico, el dispositivo social con el cual es distribuido socialmente (que no es ni determinante ni neutro) le "adosa" una significación de propuesta enunciativa (caracterización de los roles de emisión y recepción, referenciación espacio-temporal y definición del estatuto de propiedad y/o autoría de los contenidos) que completa la descripción de los procesos de semiotización que todo acto de comunicación y/o de significación poseen.

 

6. Las especificidades (y las semióticas)

 

24 Semióticas es el título de la versión 2013 del trabajo iniciado por Steimberg con Semiótica de los medios masivos. El pasaje del singular al plural pone en evidencia una ambigüedad terminológica que a veces generó algunas interpretaciones incorrectas. Es la que contiene el término "semiótica", que puede leerse tanto como disciplina como en tanto sólo el objeto de la misma. "Semiótica" como proceso de significación o como quien lo estudia. Luego Semiótica de los medios masivos pudo ser leído como la referencia a un proceso singular común de significación presente en todos los medios masivos, cuando lo desarrollado por el libro era la mostración de distintos procesos de producción de sentido y una disciplina analizándolos en cada caso con un mismo marco teórico pero con metodologías específicas en relación con cada particularidad.

 

25 Por otra parte Semióticas resume dos plurales, el de los múltiples y diferentes procesos significantes presentes en toda sociedad, y el de las disciplinas semióticas específicas para el análisis de cada campo de desempeño semiótico, por ejemplo, o de un lenguaje, o de un estilo o género, si es que referimos el término disciplina al conjunto teorías/metodologías (específicas al caso), y no lo reservamos para el cuerpo teórico que, utilizado en cada caso particular, deberá discutir la pertinencia de qué herramientas metodológicas utilizar.

 

26 Estas discusiones entre una disciplina o varias, o entre procesos comunes (y estables) de significación o distintos (y mutantes), es la cuestión aquí tratada de la especificidad. De la obligada especificidad, cuando se intenta escapar del riesgo siempre latente de aplicar respuestas preexistentes a las siempre nuevas preguntas con que los objetos semióticos nos interpelan. La semiótica argentina, la de Steimberg y Verón, evitó y evita pensar a cada nuevo fenómeno significante como un nuevo caso confirmatorio de una construcción teórico y disciplinar previa. Por el contrario lo toma como un desafío a su saber anterior. Si hay un valor que define a la semiótica argentina es éste, el de la especificidad.

 

27 En esta clave puede leerse el reconocimiento y respeto tanto de Verón como de Steimberg a Roland Barthes, a pesar de sus explícitas diferencias con algunos de sus planteos. Ambos destacan en Barthes: a) el tipo de preguntas que le realizaba a los objetos de la cultura que analizaba y b) la revisión permanente de las respuestas alcanzadas y de las concepciones teóricas adoptadas. Puede verse así, en ambos, antes un interés por la trayectoria intelectual de Barthes que por sus obras puntuales. Por eso siempre hicieron una lectura anafórica parcial de su producción, habilitada por el carácter abierto de la misma. Y disfrutaron, claro, de su escritura. En Barthes, en su devenir, hay una lectura crítica al estructuralismo, que reconoce su esfuerzo de cientificidad pero que se aparta de su gesto de uniformización. En esa senda, con su defensa de la especificidad, y la multiplicación de las semióticas, transitó y transita la semiótica argentina.

 

7. El tácito debate sobre la posición de análisis

 

28 Desde la fundante "pretensión del analista" de "salir" de la red (Verón, 1987) hasta el planteo de la necesidad de una epistemología de la observación (Verón, 2013), la problematización de la posición del analista no ocupa un lugar menor en esta semiótica argentina que se considera a sí misma como una "teoría del observador" (Verón, 2003 [1986]).

 

29 La exigencia de observar los eslabones adecuados con el nivel epistemológico que plantea Fabbri, donde se explicite desde qué lugar se observa y las consecuencias de la observación respecto a la construcción del objeto observado, fue respondida por Verón a veces mediante formulaciones más o menos poéticas, en otras con una escritura más dura donde parecen resonar sus primeras preocupaciones científicas. "Ponerse fuera del juego" para "jugar a otro juego" (2003 [1986]), el "informe intermediario 1 de la Misión Géminis Alfa" (2002) y la "plataforma del Enterprise donde se produce la desintegración molecular de la persona "[…] para ser absorbidos por algún agujero negro" (2004) son ejemplos de las primeras. Su "Epistemología de los observadores" (2013) con los múltiples e intrincados juegos entre observadores de primer, segundo y tercer nivel con sus posibilidades de observaciones de (de nuevo) primer, segundo y tercer nivel desarrollados desde el pensamiento de Niklas Luhmann, de lo segundo. En todas está presente, en alguna medida, la construcción de una posición con pretensión de exterioridad, que complejiza mostrando todas las instancias mediadoras con el objeto, pero que busca ocupar un lugar diferenciado en reconocimiento.

 

30 En Steimberg es distinto. Algunas veces describió al analista con la metáfora del "boxeador", quien arriba del ring, ya solo, dejado solo, impulsado a pelear, en esa instancia ahora él mismo observado, debe avanzar tirando golpes y/o esquivándolos tratando de ocupar el lugar en el ring que más le conviene; debe intentar pegar y no dejar que le peguen; debe estar listo para el cambio de posición, de defensa y/o de estrategia de combate; debe coordinar el movimiento de su torso, brazos y puños con un juego de piernas (eligiendo, entre sus posibilidades, bailar ágilmente, o moverse pesadamente, quedarse quieto y expectante, firme con sus pies bien apoyados, o avanzar, rápido o cuidadosamente), y siempre con los ojos bien abierto. Es decir, en el análisis interpelar al objeto de estudio, pero sabiéndose interpelado por él. Siempre en una escena cambiante donde, tal vez, deberá modificarse el plan, la táctica, el método y la estrategia.

 

31 El observador/analista para Steimberg está en esa faena, su "arma" es la escritura y es en esa escritura donde va encontrando al objeto, con métodos tal vez más débiles, a veces más lábiles, siempre más libres, y por eso mismo convocando a la mayor responsabilidad posible, terminando de conformar en ese acto, y recién ahí, el lugar del observador.

 

32 Las diferencias entre Verón y Steimberg sobre la posición del analista nunca se convirtieron en un debate explícito. Fue tácito y productivo. Porque en ellas se cifran dos concepciones que en lugar de negarse una a la otra, se interrogan, y se posicionan como límites para sus propios desarrollos. Si para Verón el analista se encuentra conceptualmente, o debe intentar situarse en la práctica, lo más posible, fuera de la red de la semiosis social, el "boxeador" de Steimberg le recuerda no sólo las restricciones concretas que enfrenta sino también los desafíos extras que la empiria le presenta. Y si para Steimberg el análisis no puede no desarrollarse sino en el seno de la propia interdiscursividad de lo social, el "fuera de juego" de Verón le señala los riesgos a atender provenientes de toda mezcla de discursos de distinto nivel, como lo son el del objeto de estudio y el de carácter meta del análisis.

 

33 La síntesis de este debate tiene derivaciones políticas. Por su autoridad, ¿tiene el discurso del analista legitimidad para intervenir en la semiosis social como un actor político más? ¿Es ético para el discurso del analista inserto en la semiosis social no explicitar su posible efecto de poder sobre las discursividades sociales cotidianas?

 

Cierre

 

34 2013 es un hito para la historia de la semiótica en la Argentina, y mostración de la madurez y vigencia de lo que hemos llamado "la semiótica argentina", no como mero nombre para la manifestación vernácula de una supuesta semiótica general, sino para dar cuenta de una semiótica singular, rica, compleja y activa, con una identidad personal que no se reduce a su origen geográfico. Pero existe en el trayecto, entre La semiosis social y Semiótica de los medios masivos y los recienvenidos Semióticas y La semiosis social 2, otros dos mojones: Efectos de Agenda y El pretexto del sueño.

 

35 En Efectos de agenda Verón mutó del yo al él. Y con ese recurso hizo presente escrituras y recuerdos de Verones pretéritos. Por su parte Steimberg, en El pretexto del sueño, trató de conjurar la pérdida experimentada en ese pasaje diario que vivimos del sueño a la vigilia. Tal vez ellas sean sus obras más semióticas. La distancia entre el hoy y la escritura, siempre pasada, evocada por Verón en Efectos de agenda, y la conciencia de lo inasible, la experiencia de la pérdida, poetizada por Steimberg en El pretexto del sueño, nos recuerdan el desafío al que todo proyecto semiótico nos enfrenta: cómo sostener un reconocimiento si él mismo es una producción abierta de sentidos, cómo mantenerse en un mismo nivel de sentido si toda producción es también un comentario sobre sí misma, y sobre sus pérdidas.

 

36 Nadie puede sostener que la semiótica argentina haya podido responder estas preguntas. Pero sí que ha sabido formularlas sin concesiones y sin con ello inhibir el trabajo. Por el contrario, la semiótica argentina, Steimberg y Verón, invitaron e invitan al análisis que convive con la incertidumbre, que se interroga, que avanza, que muchas veces alcanza y propone hipótesis con las cuales continuar, y cuando no puede, describe, que es siempre el primer paso para comenzar a conocer.

 

 

 

Notas al pietop

[1] Con el nombre de Semiología y Análisis del Discurso esta cátedra tuvo como inauguradora a Elvira Arnoux, quien actuó en una primera etapa como coordinadora general de desarrollos de la materia con alguna autonomía por sede de dictado.

 

[2] Revista de la Asociación Argentina de Semiótica. Nacida de 1974 y con cuatro números, sus directores fueron Juan Carlos Indart, Oscar Steimberg, Oscar Traversa y Eliseo Verón.

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_ (2013) La semiosis social 2. Buenos Aires: Paidós.

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Rolando Carlos Martínez Mendoza es Licenciado en Ciencias de la Comunicación –UBA. Profesor de la UBA, el IUNA, la UNSAM y la Universidad de San Andrés. Participa como integrante en investigaciones en el marco de la programación científica de la UBA y del IUNA. Ha publicado “Algunas ciudades de Telenovela”, “Conversar en televisión. De la conversación a las conversaciones televisivas” y “Textos viejos/géneros nuevos”, entre otros artículos en el campo de la semiótica de los medios masivos. rolandomarmen@fibertel.com.ar

José Luis Petris es Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Semiólogo e investigador, integra las cátedras de las materias «Semiótica de los Géneros Contemporáneos» de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires y «Teoría de los Estilos» del Área de Crítica de Arte del Instituto Universitario Nacional del Arte. Es autor de crónicas y naciones. Estilos de diarios/Estilos en diarios (1998) y coautor de Telenovela/Telenovelas. Los relatos de una historia de amor (1996). joseluispetris@arnet.com.ar

http://www.revistafiguraciones.com.ar
Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
Yatay 843 (C1184ADO) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 54 011 4861.0324

 

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