crítica de artes    
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Objetos de la crítica n° 7
nov.2010
semestral
Secciones y artículos  [3. La contemporaneidad transversal de la crítica]
Discurso periodístico y discurso experto: relaciones de observación en la crítica de medios sobre Gran Hermano 4

Mariano Fernández
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Abstract

En este trabajo intentamos abordar un problema clásico del periodismo -su relación con el discurso de los especialistas- pero en un caso particular: el del discurso de la crítica de medios que convoca a especialistas para reflexionar sobre el impacto de los propios medios (puntualmente, a partir de los efectos de reconocimiento que generó la cuarta versión de Gran Hermano en el año 2007). La pregunta sobre la que queremos reflexionar es la siguiente: ¿qué tipo de relación de observación se produce cuando, de manera recursiva en un mismo período de tiempo, el mismo fenómeno mediático genera, como efectos de lectura hacia el interior del sistema de medios, discursos que cuestionan el modo de inserción social, y aparentes consecuencias de ese fenómeno, pero también del sistema de medios o de una de sus partes?

Palabras clavetop

Sistema de medios- discurso experto – crítica de medios

Abstract en ingléstop

Journalism Discourse and expert discourse: relations of observation in media criticism about Gran Hermano 4 

 

In this work we attempt to raise a classic problem in journalism -its relation with the experts discourse-, but in a punctual case: the one of the criticism discourse about media which calls experts to reflect about the impact of the media itself (punctually, since the effects of recognition generated by the fourth version of Gran Hermano, in 2007). The question in which we want to focus is the following: what kind of relation of observations occurs when, recursively and in a same period of time, the same media phenomenon generates, as effects of interpretation toward the inside of the media system, discourses that question the manner of social insertion and its apparent consequences, of that phenomenon, but also of the media system or of one of its parts?


Palabras clave

Media System – Expert Discourse – Media Criticism

Texto integraltop

Discurso periodístico y discurso experto: relaciones de observación en la crítica de medios sobre Gran Hermano 4[1]

 
 
 
"Y lo más curioso es que pocos coinciden con la opinión de los especialistas –sociólogos o psicólogos- a la hora de explicar su atracción por este tipo de realities". "Gran Hermano, ¿qué hay detrás del fenómeno?" Diario El día, 13/05/2007
 
"Pero para los observadores más perspicaces, el verdadero misterio no está en esta maqueta de laboratorio: está en el público". "Cuando nada alcanza" Revista Viva, 08/04/07
 
 
 
 

1. Presentación

 

1 En este trabajo intentamos abordar un problema clásico del periodismo -su relación con el discurso de los especialistas-, pero en un caso particular: el del discurso de la crítica de medios que convoca a especialistas para reflexionar sobre el impacto de los propios medios (puntualmente, a partir de los efectos de reconocimiento que generó la cuarta versión de Gran Hermano en el año 2007).  La pregunta sobre la que queremos reflexionar es la siguiente: ¿qué tipo de relación de observación se produce cuando, de manera recursiva en un mismo período de tiempo, el mismo fenómeno mediático genera, como efectos de lectura hacia el interior del sistema de medios, discursos que cuestionan el modo de inserción social, y aparentes consecuencias de ese fenómeno, pero también del sistema de medios o de una de sus partes?

 

2 De entrada, entonces, estamos frente a dos campos problemáticos que, vinculados, tomarán para nosotros la forma de uno sólo. Ambos están señalados en el título: por un lado, el modo de ser de esos textos mediáticos que denominamos "crítica de medios"; por el otro, el o los vínculos entre el discurso periodístico (DP) y lo que aquí denominaremos el "discurso experto" (DE). En rigor, lo que nos interesa es entender un caso particular en que la tematización de un programa de TV (que en ese gesto deja de ser objeto de comentario y se convierte en objeto de interrogación) habilita, y reclama, la emergencia del DE, ya sea porque se convoca efectivamente a "especialistas" o porque se genera un estado de interrogación que el periodismo no puede resolver por sí mismo, y el modo en que la emergencia del discurso experto incide (informa, condiciona, define) en la constitución de un tipo de crítica mediática en la prensa gráfica: una crítica que contiene dos órdenes de observación, una crítica mediática metadiscursiva.

 

3 Hablamos de un "caso particular" por dos razones. En primer lugar, porque cada práctica social institucionalizada que produce especialistas (la literatura y la crítica literaria, la física, la economía, la religión, la ciencia política, la agronomía, etc.) produce, también, relaciones específicas con el sistema de medios de comunicación colectiva, pues en general el vínculo se realiza a partir del modo en que los medios (el periodismo, en particular) construye su relación con la realidad de la sociedad: tematizando el mundo (Luhmann 2000: 101). En segundo lugar, porque el tema a propósito del cual el DP y el DE interaccionan en el conjunto de artículos que forman nuestro corpus son los propios medios (podemos, por esto mismo, sugerir que la mediatización es, también, un tema periodístico).

 

4 Conviene que circunscribamos, desde el principio, los alcances de esta indagación. Nos ocuparemos aquí de una serie de artículos publicados por la prensa gráfica (de circulación nacional y local, de tirada diaria y semanal) durante el mes de abril y los primeros días de mayo de 2007. Por entonces, uno de los programas de televisión de mayor rating era la cuarta edición de Gran Hermano. La masividad, probablemente la composición policlasista[2] de su audiencia, y un fenómeno entonces bautizado como "programas satélites" (que, montados en el éxito de GH, utilizaban sus vaivenes como materia de sus emisiones) generaron, como efectos en reconocimiento (Verón, 2004a) discursos que atravesaron al conjunto del sistema mediático. Este complejo fenómeno se manifestó como una producción textual (televisiva, radial, gráfica, digital) que, desde el punto de vista de su aparición fue irregular. No estamos frente a un conjunto de tapas de diarios o revistas, ni tampoco analizaremos notas editoriales. Nuestro corpus es un conjunto múltiple y multiforme: hay notas clásicas publicadas en secciones previsibles (Espectáculos, por ejemplo), hay notas de tapa publicadas en suplementos dominicales, hay notas publicadas en la sección Política, hay artículos insertos en el cuerpo del diario, no anunciados en ningún lugar, también hay pequeños recuadros. Algunas son notas acompañadas de fotografías, otras no. Podemos decir que se trata de una presencia sincopada, a veces protagónica y deliberada, a veces capilar e incidental: aparece en notas de tapa y se le dedican programas enteros, pero también emerge casualmente en una entrevista televisiva, aparece referida, de manera imprevisible, en un intercambio radial o se cuela subrepticiamente en una nota de análisis político.[3]

 

5 Lo que nos ha permitido proceder por comparación, además, claro, de la invariante referencial (se trata de artículos que hablan de Gran Hermano), es que en todos ellos se presenta una operación enunciativa que, o demanda la intervención del DE aunque éste no se produzca (bajo la forma de una interrogación que permanece sin responder), o que culmina con la efectiva intervención de un especialista.

 

6 De manera recurrente, Gran Hermano 4 generó, como efecto de reconocimiento, una serie de interrogantes centrados en su misterioso éxito y, como derivaciones casi obvias, interrogantes sobre su efecto sobre los televidentes, sobre las razones de los televidentes, sobre el rol de la televisión en general, y más. Algunos ejemplos: "¿qué les ven?", "¿qué seduce de un reality dónde nunca pasa nada?", "¿qué se esconde detrás del fenómeno televisivo que atrae multitudes?" "Aún hoy cabe la pregunta de cómo pudieron dieciocho chicos de escaso atractivo convertirse en centro de todos los comentarios"," Gran Hermano se ha convertido en el fenómeno que sorprende a todos y al que pocos pueden explicar". "¿Qué tiene Gran Hermano que atrae masivamente a los televidentes en nuestro país y en todo el mundo?" "¿Por qué hay millones de argentinos que pasan el día hablando de un grupo de chicos que viven encerrados sin hacer nada?" "¿Cuál es el secreto encanto de Gran Hermano?" Las cifras de audiencia no dejan de producir asombro. Y más de una consideración sobre el gusto promedio del espectador televisivo.

 

7 Interesa menos evaluar la calidad de los interrogantes que el hecho –significativo para el problema que nos convoca- de que ellos son la condición de posibilidad de la intervención del DE, porque lo convierten en una necesidad: al especialista se le asigna cierta potestad interpretativa de un "fenómeno" que, así planteado, resulta un misterio (es decir, cuya razón de ser, por invisible, necesita ser develada). Se necesita, pues, una respuesta racional a un problema que, a simple vista, no la tiene.

 

8 Desde ya, el periodismo es una gran máquina de administración colectiva de discursos sociales en general, y del discurso experto, en particular.[4] Por lo mismo, se nos podrá señalar –en el mejor de los casos- todo lo que este problema tiene de inveterado, y tal vez por eso, de a-problemático, en tanto el periodismo –ya volveremos sobre esto- está condenado a recurrir a la voz de los especialistas (economistas, médicos, abogados, físicos, ingenieros, etc.) dada su posición en la circulación de discursos sociales (es una actividad que debe hablar de todo).[5] En el peor de los casos, se nos podría apuntar que, muchas veces, el gesto de acudir al discurso experto es apenas una pose, una maniobra mecánica, que sólo se justifica porque, también desde siempre, el periodismo –así, en general- debe producir misterios, interrogantes (casi como efecto retórico, para justificar su propia existencia), y por tanto, debe convocar a aquellos consagrados en posición de resolverlos.

 

9 Se trata, precisamente, de dos posibles reparos que alegaremos como motivación para este análisis, pero teniendo en cuenta la particularidad del corpus con el que tratamos. Por un lado, esos discursos expertos son convocados para desvelar el funcionamiento social de los propios medios; desde este punto de vista (y ésta es, finalmente, nuestra hipótesis) son una instancia, situada en el límite de la heterorreferencia, de autoobservación del sistema bajo el modo de una observación de segundo orden (Luhmann 2000, 2005). Por otro lado, el hecho de que el DEemerge, en nuestro corpus, como una operatoria inscripta en el seno de una de las maneras de ser de la crítica de medios.

 

10 En lo que sigue, ordenaremos la exposición en tres apartados y una conclusión. Primero, volveré sobre la definición de un discurso como "crítica de medios", y asociado a ello, sobre su estatus metadiscursivo (porque en relación a ese estatus podemos pensar las relaciones de observación que se producen en su seno). En segundo lugar, intentaré plantear algunas definiciones genéricas sobre el vínculo del discurso periodístico y el discurso experto. En el siguiente apartado, presentaré algunos ejemplos extraídos de nuestro corpus para describir cómo aparecen allí las dos cuestiones anteriores. Intentaré, finalmente, ofrecer algunas líneas de síntesis a modo de conclusión.

 

 

2.Crítica de medios y metadiscursividad: el lugar de los observadores

           

11 No voy a proceder enjuiciando la pertinencia de la noción de "crítica de medios".  En realidad, no me interesa alcanzar aquí una definición genérica. Podríamos hablar de "crítica de textos mediáticos" (o, más específicamente, de "crítica de textos gráficos", "crítica de textos radiales", "crítica de textos audiovisuales", etc.). Del mismo modo, podríamos hablar de "crítica de textos plásticos" o de "crítica de textos cinematográficos", "crítica de textos corporales" en lugar de "crítica de arte" o "crítica de cine", "crítica de danza", respectivamente. Sin dudas, una afinación terminológica no deja de ser necesaria (más temprano que tarde, la investigación diferenciada de estos textos terminará por realizarla), pero también es cierto que es posible avanzar sin ella, tal vez porque, por ahora, basta con la distinción de "áreas de desempeño social" intuitivamente reconocibles: el ejercicio que podemos identificar como "crítica de medios" no es un formato textual diferenciado, pero existe como discurso que, producido en los medios, toma, en principio, como referente y objeto de valoración a los medios (y no sólo a productos mediáticos).

 

12 En cambio, sí quiero retomar algunas cuestiones que oportunamente se formuló Gastón Cingolani en un artículo titulado "Apuntes sobre lo metadiscursivo de la crítica" (2007). Allí, la pregunta que se intentaba responder era si toda crítica era un metadiscurso (sobre todo, para calibrar el uso expansivo del prefijo meta como solución para fenómenos de circulación de sentido que implican un tipo de relación particular entre dos discursos)[6], sosteniendo la idea de que una relación meta-discursiva es una relación de observación.

 

13 En primer lugar, entonces, la pregunta por el modo de ser de la crítica. A una distinción primera (la crítica como género, caracterizada por una serie de operaciones textuales; y la crítica como institución, sometida a regulaciones extra-textuales), Cingolani ofrece una distinción entre observación y evaluación. A su entender, lo constitutivo de la crítica (lo que, en rigor, se le exige para ser tal) es la exposición de un juicio evaluativo.

 

14 ¿Cómo se articula con esta distinción la pregunta por la metatextualidad de la crítica? En principio, de manera negativa: no toda crítica es metatextual. Entonces, ¿qué propiedades deben detectarse en un discurso para asignarle tal condición? Aquí, Cingolani ofrece una comparación con el modo de producción textual que se denomina "interdiscursivo"[7] : "la referencialidad es sólo interdiscursiva, si se está en un mismo nivel de observación". Esta propiedad es la que caracteriza a los artículos que he desechado. Agrega Cingolani: "(la referencialidad) es además, metadiscursiva cuando el dispositivo de observación que implica, cambia la escala de observación ordinaria y habitual".[8]

 

15 Luego, el problema del carácter "metadiscursivo" de una crítica. De algún modo, la respuesta de Cingolani era doble: por un lado, decía, "la relación metadiscursiva podría también caracterizarse como una observación, en la que el discurso es un observable que se produce bajo condiciones específicas de observación y el metadiscurso ocupa la posición de observador". Por otro lado, la crítica es metadiscursiva cuando "el dispositivo de observación que implica, cambia la escala de observación ordinaria y habitual[9]", ya que la intervención misma del analista supone modos específicos de tratamiento del observable que no se realizan en lo que Cingolani llama "el modo de observación ordinario y habitual".

 

16 Sin embargo, concluía Cingolani, a propósito de la relación entre la crítica y el análisis semiótico: "puede ser que a la crítica no se le exija que exponga sus dispositivos de observación, ni que se muestre como el resultado de una observación en otra escala, pero no se le perdona tan fácil la falta de toma de posición valorativa. Institucionalmente, el componente evaluativo es determinante de la crítica".

 

17 En un trabajo anterior al citado, el propio Cingolani había dado cuenta de las operaciones metadiscursivas en el caso de los programas de televisión que denominó "metatelevisivos" (2006). A mí, su análisis me había generado el interrogante de cómo funcionaba esa operación en la prensa gráfica. Intenté emular su rastreo en un trabajo (2007), y, en ese momento, me pareció que en la crítica de medios gráfica, era la palabra del especialista lo que conformaba el cambio de escala. Me cito: "ese acto de ceder la palabra al "especialista" constituye una de las operaciones predominantes que producen el cambio de escala de observación, aquella que Cingolani destaca como constitutiva de un metadiscurso. En efecto, es la mirada del especialista la que pone el acento en el dispositivo de observación: allí aparece la pregunta por cuáles son los efectos de un programa, y se ofrece una serie de hipótesis referidas al funcionamiento social de los medios". Como ya lo subrayamos, esa ruptura (es decir, la constitución del metadiscurso) ya estaba presente en la pregunta por el lugar del televidente, y se efectúa plenamente con la aparición de la figura de autoridad.

 

18 La verdad es que ya no estoy tan seguro de que esa observación mía sea acertada. Al menos en un sentido: si la cesión de la palabra al especialista implica algún cambio de nivel, al mismo tiempo no es tan evidente que la palabra del especialista sea el producto de un análisis, en el sentido en que lo planteaba Cingolani: "una observación que se realiza bajo condiciones especiales de tratamiento del observable": manipulación, sistematización, puesta en relación con lo que no está allí, factibilidad de repetir el ejercicio, etc. Es decir, no es tan claro, al menos en nuestro corpus, que la relación metadiscursiva suponga la puesta en evidencia de los dispositivos de observación. Pero entonces, ¿hay cambio de nivel? Creo que sí, posiblemente en este punto: cada vez que intervienen "expertos" es para responder una pregunta propia de un observador de segundo orden (Luhmann 2000, 2005): ya no, "¿de qué se trata/de qué se trató ese programa?" (y, consecuentemente, produciendo un tipo de acoplamiento del orden del comentario, con o sin la introducción de juicios axiológicos), sino: "¿por qué los espectadores miran ese programa? ¿qué efectos tiene sobre ellos?", o también: "¿por qué la televisión se termina organizando a este tipo de propuestas?"

 

 

3. Discurso periodístico y discurso experto

           

19 En términos institucionales e históricos, el problema que estamos tratando aquí en su manifestación discursiva remite a una de las consecuencias de la mediatización en el uso consagrado de la palabra pública. En particular, sobre la figura clásica del intelectual, una institución opuesta al "experto", un rol social que se atribuía, y al que le era atribuida, la posesión de valores universales,[10] razón por la cual podía hablar sobre temas universales, y podía hacerlo con autoridad. Ya en la década del setenta, Foucault (1979:183-189) hablaba de la "muerte del gran escritor", y la emergencia de un tipo de "intelectual" con funciones específicas. En cualquier caso, la mediatización coloca a los periodistas (en tanto "funcionarios" de los medios) en un lugar privilegiado de acceso a la palabra colectiva. Según Wolton, "el creciente poder del papel de los periodistas en el espacio público lleva a una degradación de sus relaciones con los otros sacerdotes de ese espacio que son los intelectuales" y, en consecuencia, se resiente el lugar "de experto exterior al juego social" que "el intelectual" supo tener, o pretendió tener, o se pretendió que tuviera.

 

20 Vamos a trabajar sobre la siguiente idea: el periodismo ocupa un lugar (podríamos decir: un rol social o una función) específico en la circulación de discursos sociales, pero no detenta un saber específico. Al menos no puede ofrecer, frente a los agentes tradicionalmente especializados, más que su credencial de mediador. No se trata de una situación vivida como carencia: el propio periodismo (como institución) se vanagloria de ese rol, es perfectamente consciente de su necesidad, y también de sus beneficios: puede asumirse como representante, sin por eso estar sujeto a las responsabilidades que emergen de un contrato de representación.

 

21 En este sentido, puede decirse que el periodismo, en las prácticas cotidianas de utilización de la "palabra consagrada" y de su legitimación en el espacio público, ejerce un rol condicionado: si, por un lado, es el administrador de la palabra ajena en la vida colectiva de los medios, por otro lado está obligado a ceder, siempre, la palabra. Estamos entonces frente a un problema "estructural", al menos en el sentido de que se refiere al lugar que el periodismo, como discurso específico, ocupa en la vida social, a la red de relaciones institucionales que teje con otras instituciones. En este caso, a las relaciones que teje con la institución del "especialista".

 

22 Sin dudas, este planteo es esquemático, quizás anacrónico: es probable que tarde o temprano el periodismo se convierta en experto de sí mismo. Tarde o temprano, la mediatización[11] será –podríamos decir que ya lo está siendo- tema de agenda, tanto como lo es la economía o la política o el espectáculo o el deporte, y entonces el periodismo –como institución- ganará un espacio como portador de un saber específico.

 

23 Pero aún así, el periodismo se sabe "no-especialista", y por tanto, está obligado a recurrir a la palabra de aquellos que socialmente, están reconocidos (consagrados) para hablar con autoridad, con legitimidad. Como contraparte, "los especialistas" se juegan, todos los días, una porción de su prestigio social y de la necesidad social de su palabra (digamos: actualizan su valor social en la vida pública) en cada intervención que los medios les demandan. Sin dudas, bajo las condiciones sociales de la mediatización, este vínculo, entonces, debe pensarse también como una negociación: el periodismo debe valorizar la rigurosidad de su mirada; el experto, debe sostener el monopolio de la palabra especializada.

 

24 Pero volvamos al planteo de Cingolani, o mejor dicho, a nuestra interpretación de sus afirmaciones: ¿si la relación meta-discursiva es una relación de observación, qué tipo de relación de observación se produce cuando, de manera recursiva en un mismo período de tiempo, el mismo fenómeno mediático (en este caso, un programa más sus condiciones de reconocimiento) genera, como efectos de lectura hacia el interior del sistema de medios, discursos que cuestionan el modo de inserción social, y sus aparentes consecuencias, de ese fenómeno, pero también del sistema de medios o de una de sus partes?

 

25 Encontramos una solución parcial a este interrogante en algunas proposiciones de la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann y, particularmente, en su teoría de los medios de comunicación de masas. Este reenvío a Luhmann no es caprichoso ni snob (por caso, traer un nombre "pesado" para valorizar lo que pretendemos decir); por el contrario, nos guía la intuición de que el "acoplamiento" entre discurso periodístico y discurso experto puede ser revisto no sólo como la tensión (ideológica) entre dos instituciones (tal y como la hemos descripto), sino como, precisamente, un fenómeno de autoobservación del sistema de medios en el modo de una observación de segundo orden.

 

26 Se sabe que para Luhmann los medios forman un sistema social diferenciado (así como lo son, también, el sistema jurídico, el sistema político o el sistema psíquico), cuya función principal es "dirigir la autoobservación del sistema de la sociedad", y por lo mismo, esa función consiste "en la permanente producción y procesamiento de las estimulaciones –y no en la difusión del conocimiento, ni su socialización, ni la educación orientada a producir conformidad con las normas" (2000: 139-140). Toda una tradición de fuerte raigambre positivista, preocupada por el modo en que los medios "representan" la "realidad" nos había advertido (sin quererlo, tal vez) que los medios constituían un lugar de observación de la sociedad (pero un lugar siempre dispuesto a "representar" mal, siempre acechado por la discordancia entre lo que representa y lo que lo representado "es").

 

27 Para Luhmann, esa función, en formaciones sociales anteriores, la cumplían "sitios de observación privilegiados" (sabios, sacerdotes, el Estado). Como se ve, se trata de un cambio que no admite comparaciones en términos de "progreso o decadencia" (o sea, un proceso histórico que no puede ser comprendido por medio de una conceptualización moral o una simple valoración de suma y resta). Lo único que permanece es la necesidad social de una función de autoobservación: "la realidad de los medios de masas es la realidad de la observación de segundo orden" (2000:123).[12]  Estrictamente, el modo de ser de la realidad de los medios produce algo así como un "habituarse a la observación de segundo orden" (2000:122), a una constante puesta en cuestión no sólo de qué es lo que se observa (lo que se dice) sino cómo se observa (cómo se dice).[13]

 

28 En el caso que nos interesa, el del "acoplamiento estructural" entre discurso periodístico y discurso experto a propósito de Gran Hermano, sostenemos que la observación de segundo orden se produce por la introducción de un discurso que observa la observación de los medios. Para Luhmann, la observación es una operación del sistema que se sirve del "uso de una distinción con el fin de designar uno de los lados y no el otro"; mediante esa distinción, "separa lo que observa de lo que no". Para que haya observación es preciso que el señalamiento de uno de los lados de una distinción "haya sido motivado dentro de una urdimbre recursiva, resultado de observaciones anteriores (es decir, mediante la memoria del propio sistema)".

 

29 En dos trabajos anteriores (Fernández 2007a y 2007b, en los que no sospechábamos, todavía, las opciones heurísticas que nos ofrecía Luhmann) habíamos notado cómo Gran Hermano había sido convertido, por algunos textos críticos, en un problema de orden cultural, y, ya ubicado en ese sitio, en uno de orden moral: primero, porque el "modo de vida" de los participantes, y el modo en que las reglas del programa los obligaban a resolver la convivencia, se proyectaban como modelo sobre los espectadores; segundo, porque ese modelo suponía una serie de principios axiológicamente negativos: holgazanería,  superficialidad, limitaciones intelectuales, una ética de la conspiración, etc.  

 

30 Esta "distinción", que ya es una observación de segundo orden, se hacía sobre la base de una observación de primer orden (que nosotros registramos en la mayoría de los artículos de la prensa gráfica que recolectamos) que consistió en "mantener la mirada sobre la cosa" (Luhmann, 1995), es decir, artículos que se limitaban a comentar los vaivenes del programa (del mismo modo en que se comenta, usualmente, el desarrollo de la trama de una novela) sin una valoración explícita.[14] Digamos, había "señalamiento" de una cosa (el programa) pero no, todavía, distinción. Esta se produce cuando interviene la observación de segundo orden: la conversión del fenómeno Gran Hermano en problema cultural es, desde nuestra perspectiva, un efecto de esta observación.

 

31 ¿Qué lugar le corresponde, en esta relación de observaciones, al DE? Desde el punto de vista fáctico, su intervención es simultánea (o sea, no es sucesiva) al DP que, cuestionando a Gran Hermano y sus consecuencias, instala una observación de segundo orden. Digamos, el contexto en que la palabra autorizada de los especialistas se vuelve necesaria es el de una autoobservación negativa de un sector del sistema de medios (antes de la intervención de un agente externo para confirmar esa observación). Tal vez la diferencia es que el DE interviene generalizando: así, Gran Hermano se convierte en un problema mediático. Doble operación simultánea, entonces: cesión de la palabra al especialista (gesto que significa reconocimiento de la autoridad ajena para pensar un tema) y objetivación (tematización) de Gran Hermano (como discurso televisivo) y de la televisión (como medio y como institución).

          

 

4. Gran Hermano, las preguntas y las respuestas

           

32 Hemos señalado, al momento de explicar el criterio, que más allá de la diversidad empírica de nuestro corpus y de la invariancia referencial, nos permitió establecer un nivel de comparación: la conversión de un fenómeno televisivo en un interrogante, lo cual abre camino, o a una potencial intervención de un discurso experto, o, directamente, lo hace intervenir efectivamente.

 

33 Puestos a revisar con más detalle cómo se produjo esa observación de segundo orden, encontramos que a propósito del impacto de Gran Hermano, la intervención del DE (o su potencial intervención) se produce en dos niveles problemáticos: el primero, definido por  el cuestionamiento del estatuto del televidente y algo que podríamos llamar la nada como problema narrativo. El segundo, por un cuestionamiento extendido, es decir, que "utiliza" el caso Gran Hermano como disparador, o excusa, para cuestionar los efectos de la televisión.

 

34 Algunos ejemplos del primer nivel problemático:[15]

 
 
"A propósito de Gran Hermano, el filósofo francés (…) sostenía: 'Allí donde todo se da a ver, nos persuadimos de que ya no queda nada por ver. Son el espejo de la banalidad y el grado cero’" (Clarín, 5/05/2007);
 
"La opinión de la psicóloga (…) para quien podría hablarse de "voyeurismo masivo o expectación compulsiva de un espectáculo por momentos perverso". (El Día, 13/10/2007);
 
"¿Queda para los estudiosos descifrar qué tiene que ver esta consagración de la exclusión (…) con un país que conoció y padeció el castigo de tener que dejar la casa de prepo". (El Día, 22/04/2007);
 
"Aun hoy cabe la pregunta de cómo pudieron 18 chicos de escaso atractivo (televisivo, cultural, sexual incluso), tan desabridos, convertirse en el centro de todos los comentarios". (Página/12, 09/05/07);
 
"La pregunta surge naturalmente y es sencilla de formular. Tal vez no de responder: ¿qué lleva a que millones de personas observen a otras personas que no hacen nada?" (El Día, 13/05/2007);
 
"Muchos críticos destrozan al programa, pero la gente lo ve y comenta lo que sucede en la casa más famosa. Viva estuvo allí buscando la respuesta a la pregunta del millón: ¿qué seduce de un reality donde nunca pasa nada?" (Revista Viva, 08/04/2007).
 
 

35 Algunos ejemplos del segundo nivel problemático:

           

"Un amigo sociólogo me desburra diciéndome que a la tele siempre se le otorga una relación fría con el espectador (…) el espectador establece una relación distante, de ir y venir, de baja intensidad", (Clarín, 15/04/2007);
 
"El sociólogo (…) explica que el poder de la imagen reemplaza el poder de la palabra y la pasión de un mundo encantado es sustituida por el éxtasis de las imágenes y la hipertrofia de la comunicación" (El Día, 13/05/2007);
 
"El cronista no vio la performance en vivo, sino merced del sinfín de repeticiones, sello de fábrica de la tevé autorreferencial. Muchas de esas repeticiones se acompañan con discurso crítico respecto del propio medio. ¿Qué prevalece en la convivencia del discurso con la repetición de las imágenes?" (Página/12, 22/04/2007);
 
-"Para el sociólogo (…) "el ideal de la televisión es la producción de un espectador universal encadenado a una cultura de la mediocridad, del consumo…" (El Día, 13/05/2007);
 
"¿Es factible evitar ser fagocitado por el clima de la oferta televisiva masiva?" (Página/12, 15/04/07).
 
 

36 Un aspecto fundamental, que no profundizaremos pero que no podemos dejar de mencionar, es la construcción de modelos de reconocimiento diferenciados (el de los especialistas y el de los espectadores, en principio como dos grandes grupos organizadores) que resultan del dispositivo de enunciación supuesto en este juego de interrogantes y respuestas. Se trata de una consecuencia de la observación de segundo orden en el sistema de medios: si, por un lado, esta supone que "todo lo que se comunica se descifra en dirección de aquél que lo comunica" (Luhmann 2000: 122), también, y particularmente en este caso, supone que mucho de lo que se comunica se interpreta y se valora por sus posibles efectos sobre aquellos que participan de la comunicación. Y, en esta dirección, la gran cuestión sigue siendo el vínculo ineluctable que los medios establecen con colectivos sociales.  

 

 

5. Conclusión

 

37 No vamos aofrecer una conclusión en su sentido clásico, como derivación lógica contenida en las reflexiones precedentes, ya que hemos deslizado conclusiones a lo largo de todo el trabajo; más bien, en este final, se trata de retomar el impulso inicial de este escrito: dar cuenta de uno de los modos de auto-observación del sistema de medios.

 

38 Lo primero que hay que destacar, al respecto, es que autoobservación no supone (no necesariamente, al menos) un acto de autoconciencia o autorreflexión que se manifieste en el nivel enunciativo. Los medios, que socialmente son identificados como un colectivo diferenciado, suelen hablar de sí mismos sin apelar a un discurso de autoreconocimiento (nosotros, los medios). Como señaló Cingolani (2008): "desde los medios se habla de ‘los medios’… como si se hablara desde fuera de ellos. Y es que en verdad, los medios son productores de colectivos, pero en la producción de una opinión no toman la palabra como el colectivo ‘medios’". Para poder hacerlo, deben proceder por una doble operación: "de identificación (con colectivos que no son medios)" y en nombre de los cuáles pueden hablar, y de "diferenciación (respecto de los otros, sean o no medios)" (2008).  La misma posibilidad de señalar esta elisión de lo que sería una tercera operación (de autoidentificación) marca, creemos, la posición de observación del análisis: un tercer orden de observación. Esto tal vez demuestre que un "sistema" (y en este caso el de los medios) no puede autoidentificarse como totalidad a pesar de que funciona como totalidad. Luhmann lo entiende de esta manera. Por un lado, admite que "sólo el observador puede distinguir entre sistema y entorno y que sólo a él incumbe decidir qué sistemas interesa observar en un momento de su existencia"; sin embargo, "para un observador, un sistema es sistema sólo si por medio de sus propias operaciones el sistema se vuelve a sí mismo sistema", por lo cual, dice Luhmann, "mi punto de partida es que los sistemas existen" (1998: 13).

 

39 En segundo lugar, cabe apuntar cómo aquella doble operación que describe Cingolani está en la base, también, de la administración o gestión que los medios realizan del vínculo entre los otros colectivos. En el único lugar en que los "especialistas" y los "espectadores" entran en relación es en el discurso de los medios, incluso allí donde esa relación se realiza a propósito de un fenómeno mediático.

 

40 Para terminar, volvamos sobre los epígrafes que encabezan este trabajo, sobre la manera en que ellos vinculan las tres entidades cuya interacción está, finalmente, en el centro de nuestra reflexión: los espectadores, los especialistas y los medios (como sujeto elidido y, gracias a eso, como gestores del vínculo entre los otros dos), puestos en una relación de observación: los espectadores, que si bien son convocados para hablar, son, también, el objeto de la interrogación; los periodistas (como funcionarios de los medios), que abren el espacio de la interrogación; y los especialistas intentando responder a esa pregunta.

 

41 Sobre el primero, podemos decir que no importa que "la opinión de los especialistas" no "coincida" con la de los espectadores. Esto no quita mérito a nadie. Y tal vez lo contrario; según cómo se lo mire, quizás le agregue valor: una arraigada tradición en las ciencias sociales se ha consagrado y ha justificado su necesidad, precisamente, en esa discordancia: la ciencia social tendría por función explicar lo que los hombres por sí mismos no pueden. Para decirlo con palabras de Bourdieu (1988: 29-33[16]): no se le puede otorgar a los sujetos el privilegio gnoseológico sobre su propia experiencia. En ese caso, la divergencia entre lo que han dicho los especialistas y lo que los televidentes aducen como razones de su interés por Gran Hermano está en el orden de la normalidad. 

 

42 El segundo epígrafe contiene algo de revelador: se podrán explicar todas y cada una de las propiedades de un programa, pero el misterio permanece en otro lado, el misterio "está en el público". Lo que, en definitiva, no marca el fracaso de las explicaciones de un discurso experto, sino el horizonte de incertidumbre que, siempre, hay del otro lado de las pantallas: allí no están los colectivos (finalmente, entidades discursivas), sino los individuos, sistemas psíquicos concretos.

Notas al pietop

[1] El siguiente trabajo es la reescritura de una exposición presentada en el 3° Coloquio de Investigaciones en Crítica de Artes realizado el 14 de Noviembre de 2009, en el área Transdepartamental de Crítica de Artes del IUNA, convocado bajo la consigna Los poderes de la crítica. En cierta medida, este trabajo es producto de la interacción que se produjo entonces entre el texto original, mi exposición y las intervenciones de los participantes. A su vez, se trata de un trabajo realizado en el marco de un proyecto de investigación iniciado en 2007, Lenguajes y tecnologías de la crítica mediática, y renovado en 2009, esta vez como Crítica y discursividad: la interfaz mediática, en ambos casos bajo la dirección de Gastón Cingolani. Los dos proyectos han considerado como material de análisis discursos en reconocimiento de los dos programas que en ese entonces dominaban el rating televisivo: Gran Hermano y Show match. El hecho mismo de que hoy en día sea casi imposible recordar de qué se trataba cada uno, ni evocar su impacto en el sistema de medios, es una excelente chance para reflexionar sobre aquel “fenómeno” (los programas y sus condiciones de recepción en el sistema mediático) de manera distanciada. A esta altura, se trata –casi- de objetos de la arqueología televisiva.
[2] Según consigna la revista Viva (08/04/07) mediciones de Ibope mostraban, en ese entonces, que al programa lo miraban personas de todas las franjas sociales y con niveles de educación formal diversos.
[3] La modalidades discursivas y enunciativas que asume la crítica de medios al interior del sistema mediático, es, desde ya, más extensa, o mejor dicho, se actualiza conforme se van transformando las modalidades de producción periodística. Véase, para un análisis al respecto: Barreiros, Diéguez, Cingolani: “La televisión y los textos críticos”, en Anuario de Investigaciones 2005, 27-29,Fac. de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata, La Plata.
[4] A su modo –en este caso, pontificando- Bourdieu (1997:16)  había notado este aspecto en Sur la televisión, al subrayar las “condiciones excepcionales” en que había hecho la exposición televisiva luego convertida en libro. Esas condiciones le otorgaban “el dominio de los medios de producción”, por tanto, le permitían deshabilitar los encuadres, hablar el tiempo que quisiera y del tema que quisiera, ya que él era el único propietario de la palabra.
[5] Como contraparte, esas otras actividades (esos otros sistemas), necesitan acoplarse al sistema de medios para realizar una porción de su actividad, la que consiste en la comunicación colectiva de sus saberes específicos.
[6] Se trata, desde ya, de un debate con historia en la tradición semiótica. A mi entender, la solución que sugiere Cingolani se puede emparentar (más allá de la distancia conceptual y de la diferencia de los objetos) con la que propuso Greimas en su Semántica Estructural. Su tesis de la “presuposición lógica de niveles de lenguaje” sostiene que es necesario distinguir dos niveles diferentes: el nivel de la lengua-objeto (es decir, objeto de estudio) y “aquel otro en que se dispondrán los instrumentos lingüísticos de la investigación semántica”, denominado metalingüístico. Para Greimas, no había posibilidad de investigación científica (en rigor, de una semántica científica) sino a condición de dar cuenta, en el análisis de la lengua objeto, de tres lenguajes situados a tres niveles de exigencia lógica diferente. Esos lenguajes son metalenguajes (en tanto su objeto es la lengua natural), y Greimas (1976:23) los definió como: descriptivo, metodológico y epistemológico. La relación de presuposición lógica significa que la mera posibilidad de enunciar la existencia de uno de estos lenguajes supone la existencia del otro (situado en un nivel superior) del cual ese lenguaje es, ya, objeto.
[7] Este término, interdiscursividad, plantea un escollo –terminológico, en principio- para el análisis de los discursos sociales desde la teoría de la discursividad: en efecto, por definición, una vez sometido a análisis, todo discurso es interdiscursivo, y aún más: sólo hay objeto allí dónde puede construirse un sistema de relaciones interdiscursivas.
[8] La derivación de esto, para Cingolani, es que el conjunto de la crítica metadiscursiva se compone de tres modalidades discursivas: “críticas que son discursos en reconocimiento; textos mediáticos que hablan de otros textos mediáticos; metadiscursos que no son críticas”.
[9] Probablemente, esta idea de “escala de observación” podría reemplazarse por la de “nivel”, al menos porque el cambio que se pretende nombrar es analítico.
[10] Habría que recordar aquí una lúcida observación de Gramsci, quien escribió (1975:154): “El intelectual es un ‘profesional’ (skilled) que conoce el funcionamiento de las propias ‘máquinas’ especializadas; tiene su ‘tirocinio’ y su ‘sistema Taylor’. Es pueril e ilusorio atribuir a todos los hombres esta capacidad adquirida y no innata, así como sería pueril creer que cada obrero puede hacer de maquinista ferroviario. Es también pueril pensar que “un concepto claro” oportunamente difundido se inserta en las diversas conciencias con los mismo efectos “organizadores” de claridad con que fue propagado (…). La capacidad del intelectual de profesión (...) es una “especialidad”, una “cualidad” y no un dato del vulgar sentido común”.
[11] Hablo de mediatización en términos genéricos, sin desconocer que, como problema, se lo suele tratar en tanto una de sus dimensiones consiste en la consolidación de las instituciones mediáticas como actores sociopolíticos. Como agentes de interés.
[12] “Aquí solo permanece, como modo de reflexión, la observación de segundo orden; es decir, la observación de que la sociedad deja en manos del sistema de los mass media su observación: observación en el modo de observación de la observación” (2000:124).
[13] No es muy difícil vincular estas afirmaciones de Luhmann, con aquello que en su momento escribió Verón (2001: 78-79) las relaciones entre enunciación y enunciado en el marco de la mediatización: “La puesta en evidencia de la dimensión enunciativa, que resulta de la mediatización de los discursos sociales, está lejos de anunciar el “fin de los contenidos”. En cambio, y a propósito de éstos último, ella desemboca en una cuestión moral: la de la responsabilidad del decir”. Esa ética de la discursividad es consecuencia, creemos, del modo de ser de la realidad de los medios, esa realidad de la observación de segundo orden.
[14] Es decir, que pueda formalizarse como “X (el objeto) es Y (el atributo)” ó “X no es Y”. Cabe señalar, sin embargo, que la posibilidad de formalizar lógicamente un enunciado no es condición para que exista valoración. 
[15] Hemos decidido omitir los nombres propios de los portadores del DE, a pesar de que, obviamente, el nombre funciona como resguardo de la autoridad de lo dicho.
[16] Hay en Bourdieu un principio epistemológico que fundamenta su concepción sobre la producción de sentido en las prácticas sociales. Es el “principio de la no-conciencia” (1988:29-33) (3), que exige separar “a la experiencia inmediata de su privilegio gnoseológico”. Frente al “humanismo ingenuo que existe en todo hombre”, Bourdieu postula que “el sentido de las acciones más personales y más ‘transparentes’ no pertenecen al sujeto que las ejecuta sino al sistema total de relaciones en las cuales, y por las cuales, se realizan”.

Bibliografíatop

Barreiros,R.; Diéguez, F.; Cingolani, G.(2005) “La televisión y los textos críticos”, en Anuario de Investigaciones 2005, 27-29,Fac. de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata, La Plata
Bourdieu, P. (1988) El oficio de sociólogo. Barcelona
_ (1997) Sobre la televisión. Barcelona. Anagrama.
Cingolani, G. (2006) “La televisión, objeto de la televisión: archivo, crítica y juicios de gusto en los programas meta-televisivos y de espectáculos”, en Oficios Terrestres, XII, 18. La Plata. 175-183. 
_ (2007) “Apuntes sobre lo metadiscursivo de la crítica”, en Revista Electrónica Crítica Nº 2, Octubre de 2007. Área de Crítica de Artes. IUNA
_ (2008) “Crítica de medios: agenda, memoria y opinión colectiva”, en Figuraciones, teoría y crítica de arte, 6, Área Transdepartamental de Crítica de Artes, IUNA, Buenos Aires.
Fernández, M (2007)Aproximación semiótica a una crítica de la crítica televisiva. El caso Gran Hermano 2007 en la prensa diaria argentina”. Trabajo Final del Seminario “Semiótica de los discursos”, dictado por la Profesora Sonia Sánchez. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. UNLP. Inédito.
_ (2007) “Temor y temblor. Análisis de la crítica mediática desde la teoría de la discursividad. Gran Hermano 4 y Showmatch en la prensa grafica nacional”. La Plata: Encuentro de Posgrado en Comunicación y Periodismo y II Encuentro de Becarios de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. 
Greimas, J. (1976): Semántica estructural. Madrid. Editorial Gredos.
Gramsci, A. (1975): Los intelectuales y la organización de la cultura. México. José Pablos Editor.
Foucault, M. (1979): Microfísica del poder. Madrid. Ediciones de la Piqueta.
Luhmann, N. (1996) La realidad de los medios de masas. Barcelona México: Anthropos - Universidad Iberoamericana. 2000.
_ (1995): El arte de la sociedad. México. Herder. 2005. 
_ (1984): Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general. México. Antrhopos. 1998
Verón, E. (2001): El cuerpo de las imágenes. Buenos Aires. Norma.
_ (2004): La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad. Barcelona. Gedisa.

Autor/estop

Mariano Fernández es Licenciado en Comunicación Social (UNLP), becario Doctoral del Conicet y docente de las cátedras de Comunicación y Cultura (Facultad de Periodismo, UNLP) y Medios y Políticas de la Comunicación (Área de Crítica de Artes, IUNA). Es también maestrando y doctorando por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP).

elcadri@yahoo.com.ar

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Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
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