crítica de artes    
figuraciones
figuraciones
Estéticas de la vida cotidiana n° 6
dic.2009
semestral
Secciones y artículos  [1. La construcción de lo cotidiano en los medios]
La vida cotidiana del acontecimiento: denominación y memoria en la prensa escrita

Laura Calabrese
abstract
texto integral
notas al pie
autor
bibliografía
comentarios
aAimprimir

Abstract

Este artículo intenta mostrar cómo el acontecimiento mediático puebla nuestras representaciones cotidianas de la actualidad, describiendo, en términos lingüísticos, el funcionamiento de las denominaciones lanzadas por los medios. En el marco del Análisis del discurso, se describe la manera como esos objetos discursivos transmiten -y construyen- la memoria de la historia inmediata.

Palabras clavetop

Denominaciones de acontecimiento-memoria discursiva-historia inmediata

Abstract en ingléstop

The every day life of media events: naming and memory in the written press

 

This paper intends to show how media events shape our daily representation of current affairs. To do so, we describe the linguistic behaviour of event names launched by the media. Within the framework of Discourse analysis, we describe how those discursive objects transmit -and build- everyday memory.



Palabras clave

Event names-discursive memory- immediate history

Texto integraltop

1 La vida cotidiana está hecha, entre otras cosas, de discursos, ente los cuales el mediático es sin duda uno de los más importantes. El discurso de la información, más específicamente, está poblado de expresiones, fórmulas[1] y denominaciones de actores, lugares, acontecimientos, que nombran y construyen día a día la actualidad, y muestran una gran capacidad para trasladarse a otro tipo de discursos y géneros: conversación cotidiana, discurso escolar, universitario, político… Si nos interesan las denominaciones de acontecimientos en relación con la vida cotidiana de la sociedad de la información es por dos motivos: en primer lugar, la manifestación lingüística del acontecimiento es no sólo su condición de circulación sino que modela nuestra percepción de la fenomenalidad pública; en segundo lugar, las expresiones que sirven para nombrarlo se van cargando progresivamente de historia y son uno de los soportes de la memoria colectiva.

 

2 En otras palabras, las denominaciones de acontecimientos contienen la memoria de la actualidad y a su vez contribuyen a su construcción. Así, cuando abrimos el diario del día nos enfrentamos, en la lectura transversal de los títulos y copetes (que Peytard 1975 denomina barrido), a una serie de denominaciones que organizan nuestra percepción de la actualidad y crean dominios comunes de saber. Si se abre el sitio del diario La Nación del 2 de octubre de 2009 y se lee "Kraft: otra jornada de cortes por el conflicto", incluso un lector no familiarizado con la actualidad argentina (como el que escribe) no puede más que asumir que tal conflicto existe, o más bien que algo sucede que entra en la categoría de conflicto. Ahora bien, si en el mismo diario leemos "¿Quién se acuerda de Tiananmen?" (31.5.09), podemos recurrir a una memoria histórica común contenida en el nombre para identificar el acontecimiento, memoria que a su vez se activa con la circulación del término. El postulado de realidad, la categorización y la memoria son funciones habituales del discurso de la información, y se encuentran en la base del mecanismo que le permite crear marcos cognitivos comunes.

 

3 El Análisis del discurso francés, tradicionalmente preocupado por las materialidades lingüísticas, es decir por manifestaciones concretas de la lengua articuladas con situaciones de comunicación determinadas, se ocupa de la relación entre representaciones sociales y segmentos de discurso observables. En los últimos años, varias investigaciones convergen en el estudio de la relación entre nominación y memoria. Los estudios de M.-A. Paveau (2008), por ejemplo, muestran cómo los topónimos, y más específicamente los nombres de batallas formados a partir de un nombre propio (i. e. Stalingrado), transmiten la memoria histórica a mediano y largo plazo. Su investigación se inscribe en la tendencia a considerar el nombre propio como un elemento polirreferencial en discurso, capaz de referir a realidades diferentes. S. Moirand, por su parte, propone la noción de palabra-acontecimiento (2004) para ciertas expresiones que puede desencadenar la memoria histórica: Tchernobyl, 11 de septiembre, etc. Lo que nos interesa, en este trabajo, es el proceso por el cual esa memoria puede constituirse en el espacio público, no de manera unilateral sino en un esquema dinámico en el que el metaenunciador mediático asume el papel de nominación, en un consenso implícito con el coenunciador-lector.

 

 

 

1. La construcción social del acontecimiento

 

4Que el acontecimiento es una construcción no necesita ya ser demostrado. Al trabajo pionero de Verón (1981) se suman otros que describen las prácticas mediáticas concretas que transforman la fenomenalidad pública en un objeto plurisemiótico significante para una sociedad dada (Charaudeau 2005, Neveu & Quéré 1996). Por otra parte, la idea ha hecho un largo camino en historiografía, como lo demuestra esta cita del historiador Paul Veyne:

 

Los acontecimientos no son cosas, objetos consistentes, sustancias; son un recorte que hacemos libremente en la realidad, un conglomerado de procesos en el que actúan y sufren sustancias en interacción, hombres y cosas. Los acontecimientos no tienen unidad natural, es imposible cortarlos por sus verdaderas articulaciones, como el buen cocinero de Fedra, porque no existen (Veyne 1996 : 57, la traducción es nuestra).

 

5 Lo que nos importa aquí, más particularmente, no son tanto las restricciones y las reglas internas del discurso mediático como la manera en que éste participa de la construcción social del acontecimiento, proceso en el cual ocupa el lugar de vector privilegiado de las representaciones colectivas[2]. En ese sentido, el acontecimiento no puede ser visto como un hecho bruto sino, siguiendo a Searle (1998), un hecho institucional. Si los primeros existen por fuera de las instituciones humanas (un huracán, el hecho de que la luna gira alrededor de la tierra), los segundos son interdependientes de éstas y por eso mismo no pueden ser separados de las formas lingüísticas que sirven para enunciarlos:

 

Cuando el presidente o un gobernador de Estado califica de « catástrofe natural » un terremoto o un incendio, se podría decir que los hechos brutos relacionados con el terremoto o el incendio alcanzan para calificarlos de catástrofes por sus características físicas. No hay nada de convencional en el hecho de que algo sea un terremoto o un holocausto. Pero visto con atención, esos casos también ilustran nuestra idea. La función de una catástrofe natural declarada es que las víctimas locales están autorizadas a pedir una asistencia financiera, por ejemplo o préstamos de bajo interés, mientras que los incendios y los terremotos en sí mismos no producen dinero en virtud de sus características y consecuencias físicas brutas (Searle 1998: 72).

 

6 Si, como explica Searle, la denominación de un hecho institucional implica la atribución de una función que tiene como objetivo actuar sobre el espacio público (un atentado o una catástrofe exigen medidas diferentes), esa atribución se hace según protocolos de interpretación que siguen un patrón colectivo. Dicho de otro modo, en un momento, una sociedad se pone de acuerdo, por medio del discurso mediático –cuya legitimidad descansa en un contrato de confianza-, para darle a un acontecimiento el nombre X, que permite atribuirle una función de acuerdo con los valores dominantes en una sociedad.

 

7 Ese proceso de atribución, consubstancial a la práctica periodística, pasa en general desapercibido, a menos que la denominación sea objeto de conflicto, como sucedió recientemente con la llamada gripe A, anteriormente gripe porcina, mexicana o incluso norteamericana. Esto demuestra que la nominación de acontecimientos no es un acto único y espontáneo sino un proceso (por más corto que sea) colectivo producto de un acuerdo tácito entre actores sociales y metaenunciadores. Por otra parte, las rutinas redaccionales y los protocolos de enunciación en la prensa escrita le imprimen al nombre de acontecimiento una serie de restricciones, principalmente de economía lingüística, que afectan la forma final de estos cotidianos objetos del discurso mediático.

 

 

 

 1.1 La construcción del nombre y la memoria léxica

 

8 Como el discurso literario, el mediático hace sentido tanto por lo que dice como por lo que no dice. Las alusiones y otras figuras de estilo basadas en sobrentendidos son legión en la prensa. Los nombres de acontecimiento no sólo no son excepción sino que ilustran perfectamente el proceso de formación de alusiones que descansan en discursos anteriores, es decir no sólo en una suerte de distribución inmaterial del conocimiento sino en secuencias lingüísticas observables. En el discurso de la información globalizado, denominaciones como Hiroshima o el 11 de septiembre pierden gran parte de su valor toponímico y temporal para cargarse de un valor, digamos, evenemencial[3]. En el ámbito argentino, por ejemplo, la expresión la hiperinflación, y más aún la híper, remite a un fenómeno económico general pero sobre todo a un acontecimiento situado en el tiempo y en el espacio.

 

9 Lejos de revelar una carencia nominativa de la prensa, como proponen algunos observadores de los medios, ese tipo de denominaciones hipersintéticas son producto de un proceso de condensación típico de la enunciación periodística. En un artículo dedicado al acontecimiento de las torres gemelas, J. Frangon (2007: 89) afirma, por ejemplo, que « la identificación del acontecimiento únicamente por la fecha remite a una denominación mínima del hecho histórico y muestra la incapacidad de los enunciadores para encontrar otra denominación pertinente » (nuestra traducción). Muy por el contrario, el trabajo de archivo (pero cualquier observación cotidiana de la prensa puede confirmarlo) muestra que toda denominación de acontecimiento tiene un contenido léxico original, un sustantivo que denota acontecimiento[4] y que fue borrado por la enunciación periodística, pero que es sin duda memorizado por el elemento lingüístico restante.

 

10 El trabajo sobre el corpus puede revelar esos sustantivos de acontecimiento, que juegan un papel importante en la memorización cotidiana de denominaciones y por ende en la representación que tenemos del acontecimiento. Pongamos el ejemplo de Tiananmen, acontecimiento del que se cumplió el vigésimo aniversario en 2009. Como denominación, se trata de un topónimo, que carece de connotación evenemencial pero denota claramente acontecimiento. Veamos cómo se constituye la denominación en un corpus de prensa francesa; el objetivo es retrazar su origen y transformaciones[5]. Subrayemos primero que dadas las diferencias de estilo periodístico de una sociedad a otra y la importancia del material lingüístico de base, el corpus debe construirse en una sola lengua. La prensa francesa, por ejemplo, tiene una fuerte tendencia a producir títulos bisegmentales separados por dos puntos (el concepto fue propuesto por Bosredon & Tamba 1992):

 

URSS : agitación en las repúblicas

 

11 La primera parte es comparable a lo que en sintaxis se denomina el tema (aquello de lo que se habla, segmento conocido por el lector), mientras que la segunda se puede asimilar al rema (información nueva con respecto al tema). M. Mouillaud (1982), por su parte, muestra cómo se construyen progresivamente los títulos de la prensa informativa (también aquí, la comparación con otros diarios revela que se trata de estilos culturales):

 

Huelgas en la fábrica de Renault → La huelga se extiende → Huelgas

 

En el caso del acontecimiento Tiananmen, de lo que se trata es de explicitar la carga semántica borrada que permite interpretar el topónimo en función evenemencial. Si para un lector contemporáneo este valor de la denominación es transparente[6], como en el ejemplo 1, para nada enigmático, no era el caso en 1989:

 

1) Vingt ans après Tiananmen, la censure continue (Metro 4.6.09)[7]

 

12 Si vamos más lejos podemos encontrar los sustantivos de acontecimiento que "formatearon", por decirlo de alguna manera, nuestra percepción del acontecimiento. Si elegimos un término que proviene de la informática no es por azar. En Análisis del discurso, la escuela praxemática de Montpellier intenta mostrar, desde hace 30 años, que el sentido se construye según los trayectos que recorre el lexema (rebautizado praxema, ya que recoge en su circulación las prácticas lingüísticas y no lingüísticas a las que es sometido); es así como el lexema actualiza, según los contextos, programas de sentido diferentes (Détrie, Siblot & Verine 2001). Cuáles son entonces los elementos observables del discurso que actualizan el valor evenemencial del topónimo Tiananmen?

 

2) Manifestations étudiantes en Chine (Le Monde 20.4.89)[8]
3) Les manifestations s’amplifient à Pékin en faveur de la libéralisation (Le Monde 21.4.89)[9]
4) La contestation étudiante à Pékin (Le Monde 22.4.89)[10]
5) Quinze jours après le massacre de la place Tiananmen (Le Monde 20.6.89)[11]

 

Tratándose de un acontecimiento que se construye progresivamente, los hechos sufren una serie de recalificaciones: manifestaciones, protestas (contestation) y por último masacre. La tematización del topónimo es por lo tanto bastante lenta, y sólo la encontramos diez años después. Para el décimo aniversario del acontecimiento, todos esos sentidos han sido capitalizados por el topónimo, que en un principio tenía una función situativa en el complemento del sustantivo:

 

6) Il y a dix ans, Tiananmen (Le Monde 4.6.99)[12]
7) Tiananmen : vingt ans de silence (courrierinternational.com 4.6.09)[13]
Le vingtième anniversaire de l'écrasement par les chars des manifestations étudiantes de la place Tiananmen n’ont donné lieu à Pékin à aucune manifestation

 

13 El borramiento de los sustantivos de acontecimiento es revelador no sólo de las rutinas de nominación mediáticas sino de la distribución colectiva de la información; en efecto, los designadores de acontecimiento no representan ninguna dificultad pragmática en la lectura cotidiana de la prensa, lo que no hace sino acentuarse cuando leemos un diario extranjero (salvo, como en el caso de Tiananmen, en lo que respecta a acontecimientos globalizados). Lo que haremos ahora es mostrar cómo los mecanismos cognitivos que permiten ese reconocimiento pueden ser descriptos en términos discursivos.

 

 

 

2. Memoria léxica y memoria discursiva

 

14 Dijimos entonces que en el proceso de condensación, un elemento del sintagma original (topónimo, fecha, sustantivo) memoriza el sustantivo de acontecimiento. Puede tratarse de un topónimo (Tiananmen), de una fecha (el 11 de septiembre) o de un sustantivo común (la vaca loca). Otro tipo de sintagmas, que podemos describir como expresiones definidas incompletas, generan el mismo efecto de reconocimiento a pesar de la ausencia de complementos del nombre: en Argentina en el 2001, por ejemplo, la crisis hacía referencia a la situación del país desencadenada por la caída del gobierno y la debacle económica, mientras que a partir del 2008, el mismo sintagma refiere a la situación económica mundial provocada por la llamada crisis de las subprimes. El valor indexical de ese tipo de expresiones tiene una duración determinada, como en el caso de la primera crisis, actualmente conocida con el nombre de la crisis del 2001. Si las expresiones definidas incompletas (la guerra, la ola de calor, etc.) no pueden ser utilizadas fuera de ese momento discursivo[14](Moirand 2004b), la palabras-acontecimiento lo superan, al punto de establecer un vínculo privilegiado con el acontecimiento que las asimila, cuando no lo son ya, al nombre propio (el tsunami, la intifada, el 25 de mayo[15]).

 

15 El fenómeno, de consecuencias pragmáticas incalculables, puede ser descrito en términos de memoria discursiva. Este concepto, introducido en Análisis del discurso en un artículo inaugural de Courtine (1981), propone desplazar el soporte de la memoria del sujeto al discurso. De esa manera, como lo explicamos antes en el marco de la praxemática, los lexemas y expresiones de la lengua se van cargando de sentido en función de los contextos que transitan. Un ejemplo de actualidad es el sintagma el campo, que en el espacio público argentino ha pasado de ser un topónimo a designar una corporación y, más ampliamente, un conflicto. La memoria discursiva intenta explicar ese fenómeno por el cual ese segmento de discurso es capaz de almacenar la memoria de algo que es ajeno a todo contenido semántico transportado por el lexema campo. Moirand (2004) reformula el concepto en memoria interdiscursiva, ya que es en el hilo vertical del interdiscurso que las expresiones memorizan nuevos sentidos. Dicho de otro modo, la circulación de la denominación naturaliza un nuevo programa de sentido, que a su vez es alimentado por el uso fuera del discurso mediático, lo cual sirve para legitimarlo, y así siguiendo.

 

16 Lo que tratamos de demostrar aquí, como en trabajos anteriores (Calabrese 2009 y 2009b por ejemplo), es que en el caso de las denominaciones de acontecimiento, la memoria discursiva descansa en una memoria léxica -y no en representaciones abstractas-, la de un sustantivo de acontecimiento borrado por las rutinas redaccionales del discurso de la información, que produce un efecto de connivencia y favorece por ende la creación de ámbitos de conocimiento comunes, lo que habitualmente denominamos la actualidad. Ya que incluso ausente, el sustantivo de acontecimiento sigue jugando un papel de soporte cognitivo para el lector. Para explicar la enorme productividad de esos sustantivos hay que remontar entonces a la expresión definida gracias a la cual el discurso de la información categorizó el acontecimiento. La denominación juega así un papel central en nuestra representación del espacio público y en la memoria a mediano plazo de la actualidad, ya que moldea la percepción del acontecimiento (con su contenido léxico categorizante) y memoriza sus coordenadas, además de una serie de representaciones más o menos observables. Para cualquiera que hubiera alcanzado la adultez en los anios 90, la Amia remite no (sólo) a la mutual israelita sino a un acontecimiento. Si la denominación tiene un núcleo semántico duro que moldea nuestra aprehensión de la fenomenalidad pública (la Amia fue un atentado), las connotaciones no están fijadas de antemano y dependen de marcos cognitivos individuales y grupales[16].

 

17 El trabajo sobre la materialidad ligüística revela además que la capacidad de almacenamiento de la historia es más grande en cierto tipo de expresiones, lo cual confirma las conclusiones de lingüistas que trabajan sobre el nombre propio (Cf. Paveau 2008). Los topónimos y las fechas en función evenemencial, así como los préstamos lingüísticos (tsunami, intifada), transportan fácilmente la memoria del acontecimiento, lo cual está sin duda relacionado con el hecho de que se comportan como nombres propios.

 

18 Hasta ahora hemos descrito una primera configuración de la memoria discursiva de las denominaciones de acontecimiento en la prensa; pasemos ahora a un nivel superior, en el que la memoria reposa en una doble transferencia: léxica y retórica.

 

 

 

2.1 Figuras de la memoria

 

19 El 13 de septiembre de 2001, dos días después del atentado a las Torres gemelas, el diario Le Monde, que se caracteriza por un uso muy restrictivo de las imágenes, utilizó el siguiente título para tratar de expresar la amplitud de los hechos:

 

8) L’Amérique sous le choc d’un « Pearl Harbor » terroriste (lemonde.fr 13.9.01)[17]

 

Si hoy en día basta con decir 11-S para evocar imágenes apocalípticas (como alcanza con decir Tchernobyl para convocar imágenes del horror nuclear), los primeros días des post-11-S esas representaciones no estaban aún disponibles en el imaginario; Pearl Harbor aparece entonces como un vector de comparación posible.

 

20Ese tipo de comparaciones constituye lo que en retórica se denomina antonomasia del nombre propio, que puede describirse como un uso común de este último, como lo muestra su asociación con el artículo indefinido (un Pearl Harbor). Para que la figura sea eficaz es necesario que la denominación original pueda ser actualizada, es decir que el programa de sentido tiene que ser compartido colectivamente (Pearl Harbor como ataque sorpresa, bombardeo imprevisto, etc.) y el nombre lo suficientemente visible en el espacio público, como en los ejemplos siguientes:

 

9) Le « Watergate polonais » prend de l’ampleur [Titre] (Metro 31.8.07 : 6)[18]
Une affaire d’écoutes clandestines […] a pris une nouvelle dimension […]
10) ¿Otro Mayo del 68 o una Intifada europea? (cronica.com.mx 8.11.05)

 

21 Es por eso que la antonomasia de nombres de acontecimiento constituye un observatorio privilegiado del mecanismo de construcción de la memoria pública. Como puede verse en los ejemplos, la relevancia de la denominación es relativa al contexto situacional, y puede perder pertinencia fuera de él. Una vez más, es la memoria léxica la que se traslada a la nueva denominación para iluminar el nuevo acontecimiento. La consecuencia de esa transferencia es que se crea un acontecimiento prototípico de una clase (el Watergate como prototipo de escándalo de corrupción gubernamental, mayo del 68 como prototipo de revuelta popular, que en el ejemplo 10 alterna con la intifada, prototipo de revuelta en el mundo árabe ya se que el artículo hace referencia a los disturbios en el suburbio parisino en 2005).

 

22 Así, la principal función de la figura, que no tiene realmente valor retórico sino que forma parte del proceso de inteligibilización del acontecimiento, es crear acontecimientos prototípicos:

 

Solemos socializar la sorpresa que nos provoca dándole un lugar determinado en el mundo social y atribuyéndole « valores de normalidad » (Garfinkel), que lo ponen en continuidad con una dinámica en curso, o con un contexto y un pasado. Esta normalización pasa por la manifestación de su tipicidad, de su comparabilidad con acontecimientos pasados similares (Quéré 2006: 196).

 

23 La antonomasia de nombres de acontecimiento es así una forma de reducir, por el discurso, la irreductibilidad y la discontinuidad del acontecimiento. Si éste ocupa en los medios un lugar de excepción porque sólo es igual a sí mismo, también puede constituir series y pasar así al nivel de la estructura. De esta manera, las palabras del acontecimiento se actualizan, se mantienen vivas y se difunden, perpetuando la memoria de la historia inmediata, tarea que el discurso historiográfico, por su débil difusión en el espacio público, no puede asumir.

 

24 Así, en la lectura cotidiana de la prensa se construyen sentidos, imágenes y más ampliamente representaciones del día día (no olvidemos que diario significa precisamente eso, así como periódico y, en francés, quotidien, que recoge también el sentido de la cotidianeidad), que construyen progresivamente la historia inmediata, dicho de otro modo, la actualidad. Uno de los vectores privilegiados de esa construcción son las denominaciones de acontecimiento, capaces de almacenar una enorme cantidad de informaciones, imágenes más o menos subjetivas, datos y lugares comunes sobre la actualidad.

 

 

 

 

Notas al pietop

 

[1] Para el concepto de fórmula ver Alice Krieg-Planque (2009), La notion de formule en Analyse du discours, Presses Universitaires de Franche Comté.

 

[2] Lejos de expulsar el acontecimiento del mundo real, la propuesta permite explicar las luchas simbólicas que genera la atribución de sentido al acontecimiento en términos de intencionalidad colectiva. Subrayar la naturaleza discursiva del acontecimiento no implica negar sus consecuencias concretas, sino que permite entender la denominación como un proceso que se orienta según el interés de una mayoría.

 

[3] Este neologismo no busca tener contenido conceptual alguno; calcado del francés événementiel, es simplemente un adjetivo de relación de gran utilidad y que guarda su raíz latina en la palabra evento, lexema que comparte en castellano un origen común con acontecimiento.
 
[4] En lingüística lexical, rama que deriva de la filosofía analítica (Cf. Davidson 1980), los sustantivos de acontecimiento pueden ser nominalizaciones (bombardeo) como sustantivos puros (guerra, conflicto). Algunos autores admiten incluso los sustantivos que por contexto adquieren connotaciones de acontecimiento; si decimos Juan se fue después de la película, este último connota acontecimiento.
 
[5] Las traducciones de los ejemplos son literales y pueden por eso presentar una baja naturalidad.
 
[6] Incluso si las representaciones asociadas al acontecimiento varían de una persona a otra, como hemos podido constatar en entrevistas informales con estudiantes de seminario. Esas conversaciones, que no tienen ningún valor estadístico, mostraron que las representaciones del acontecimiento son tanto iconográficas (la famosa foto de Jeff Widener del «Rebelde desconocido») como discursivas (se evocan sustantivos de acontecimiento como masacre o manifestaciones).
 
[7] Veinte años después de Tiananmen, la censura persiste.
 
[8] Manifestaciones de estudiantes en China.

[9] En Pekín, se intensifican las manifestaciones en favor de la liberalización.
 
[10] Protesta estudiantil en Pekín.
 
[11] Quince días después de la masacre de la plaza Tiananmen.
 
[12] Hace diez años, Tiananmen.
 
[13] Tiananmen: veinte años de silencio. El vigésimo aniversario del aplastamiento militar de las manifestaciones estudiantiles de la plaza Tiananmen no dieron lugar a ninguna manifestación.
 
[14] La expresión « designa el surgimiento en los medios de una producción discursiva intensa y diversa relativa a un mismo acontecimiento […] caracterizada por una heterogeneidad multiforme (semiótica, textual, enunciativa) » (Moirand 2004: 73).
 
[15] Las denominaciones de acontecimiento formadas a partir de fechas, que proponemos llamar hemerónimos en Calabrese 2009, refieren a menudo tanto al acontecimiento como a su conmemoración.
 
[16] Si para una mayoría la Amia remite al atentado antisemita, a la impunidad, a las relaciones del gobierno con regímenes no democráticos, etc. etc., para otros será, por ejemplo, un golpe al sionismo. Este tipo de representaciones poco consensuales del acontecimiento aparecerá seguramente en circuitos clandestinos, como sitios Web de extrema derecha, y no en vectores mediáticos masivos.
 
[17] Estados Unidos bajo la conmoción de un « Pearl Harbor » terrorista.
 
[18] El « Watergate polaco » se amplifica. Un escándalo de escuchas clandestinas adquiere una nueva dimensión.
 
 
 
 

 

 

Bibliografíatop

Bosredon, B. & Tamba, I., (1992). « Thème et titre de presse : les formules bisegmentales articulées par un ‘deux points’ », en L’information grammaticale. N 54. 36-44.

Calabrese, L. (2009). « Les héméronymes. Ces événements qui font date, ces dates qui deviennent événements », en Mots. Les langages du politique. N 88. 115-12.

________ (2009b). « Nom propre et dénomination événementielle : quelles différences en langue et en discours ? », en Corela. Vol. 7, N 1, URL :

http://edel.univ-poitiers.fr/corela/document.php?id=2119

Charaudeau, P. (2005). Les médias et l’information. L’impossible transparence du discours, Bruselas: Duculot.

Courtine, J.-J. (éd) (1981). « Analyse du discours politique »,en Langages. N 62 : 9-128.

Davidson, D. (1980). Essays on Actions and Events, Oxford: Clarendon Press, (2001).

Détrie, C. ; Siblot, P. ; Verine, B. (2001). Termes et concepts pour l’analyse du discours. Une approche praxématique, París: Honoré Champion.

Frangon, J. (2007). « Quand le 11-Septembre s’approprie le onze septembre. Entre dérive métonymique et antonomase », en Mots. Les langages du politique, « Violence et démocratie en Amérique Latine ». N 85. 78-90.

Moirand, S. (2004). « La circulation interdiscursive comme lieu de construction de domaines de mémoire par les médias », en Le discours rapporté dans tous ses états, J. M. López Muñoz, S. Marnette & L. Rosier (eds), París: L’Harmattan. 373-385.

_______ (2004b). « L’impossible clôture des corpus médiatiques. La mise au jour des observables entre catégorisation et contextualisation », en Tranel. N 40, Neuchâtel: Université de Neuchâtel. 71-92.

Neveu E. & Quéré L. (eds) (1996). « Le temps de l’événement I », en Réseaux. N 75, www.enssib.fr/autres-sites/reseaux-cnet

Paveau, M.-A. (2008). « Le toponyme, désignateur souple et organisateur mémoriel. L’exemple du nom de bataille », en Mots. Les langages du politique. N 86. 23-35.

Peytard, J. (1975). « Lecture(s) d’une aire scripturale : la page de journal », en Langue française. N 28. 39-59.

Searle, J. (1995). La construction de la réalité sociale (trad. francesa de C. Tiercelin), Gallimard, (1998).

Verón, E. (1981). Construir el acontecimiento. Los medios de comunicación y el accidente en la central nuclear de Three Mile Island (trad. espagnole de B. Anastasi & H. Verbitsky), Barcelona: Gedisa.

Veyne, P. (1971). Comment on écrit l’histoire, París: Seuil, (1996).

Autor/estop

Laura Calabrese estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es investigadora en la Universidad Libre de Bruselas, donde hace un doctorado en Análisis del discurso sobre las denominaciones de acontecimiento y la manera en que éstas construyen la memoria histórica.

Principales publicaciones:

“Les héméronymes. Ces événements qui font date, ces dates qui deviennent événements”, Mots. Les langages du politique n° 88.

“Nom propre et dénomination événementielle : quelles différences en langue et en discours ? ”, Corela, Volume 7, n° 1.

“Conflit d’intérêt et crise discursive : la canicule de l’été 2003”, Réseaux n° 100.

lcalabre@ulb.ac.be

http://www.revistafiguraciones.com.ar
Instituto Universitario Nacional de Arte - IUNA Crítica de Artes
Yatay 843 (C1184ADO) Ciudad Autónoma de Buenos Aires 54 011 4861.0324

 

Realizar comentariotop

Comentario  
 
   
Nombre y apellido E-mail
Referencias personales (opcional)